TU DECIDES SI TE ENOJAS
vozyespiritu 19/07/2011 11:58:03
TU DECIDES SI TE ENOJASSi alguien quiere hacernos enojar y nos dice cosas, y nosotros nos enojamos, ya salió ganando el que nos quería hacer enojar. Ya consiguió su propósito. Incluso nos enojamos por cosas que nos dicen que no son ciertas. Si alguien nos dice: “eres un perro”, nos enojamos a pesar de saber que no somos perro. Incluso, viéndolo bien, deberíamos de reírnos en lugar de enojarnos, ya que no tenemos ni patas, ni cola ni orejas de perro. Muchas de las discusiones y peleas son precisamente porque sale ganando la persona que busca hacer enojar a la otra persona. Aquí está una pequeña historia de una persona que supo reaccionar de manera distinta y no salió perdiendo.
Los alumnos conocían bien a su profesor. Era un hombre justo y comprensivo, maestro por elección: esa era su auténtica vocación. Vivía entregado de lleno a su diaria faena, con un gran sentido de compromiso frente a sus alumnos: serio, pero amable, estricto pero acogedor.
En aquel final de año escolar, organizaba el maestro algunos papeles en su escritorio. Se le acercó uno de sus alumnos y desafíantemente le dijo: "Me alegro haber terminado esta clase para no tener que continuar escuchando sus tonterías ni seguirle viendo esa cara tan aburrida."
Así nada más. Con semblante arrogante, erguido, el joven esperaba que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado.
Tranquilamente, sin embargo, el profesor miró al alumno por apenas un instante, y con gran paz le preguntó: "Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes?"
La pregunta cogió al alumno totalmente desprevenido, y desconcertado, contestó rápidamente, en un tono claramente despectivo: "¡Por supuesto que no!".
"Bueno, prosiguió el profesor, cuando alguien intenta ofenderme, o me dice algo desagradable, realmente lo que está haciendo es ofreciéndome algo, en este caso, un sentimiento de rabia y rencor, que yo puedo decidir no aceptar."
"No entiendo", contestó el alumno completamente confundido.
"Muy sencillo" dijo el maestro. "Tú me estás ofreciendo lo que llevas dentro de ti, rabia y desprecio. Si yo reaccionara ofendido o me pongo furioso, estaría aceptando tu regalo y yo, mi querido amigo, te diré que prefiero regalarme mi propia serenidad." Y añadió en tono gentil y cariñoso: "Tu rabia pasará, estoy seguro de eso, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa."
Y así caemos en la gran conclusión que tantas veces se nos escapa: uno no puede controlar lo que el otro lleva en el corazón, pero de cada quien depende lo que cargue en su propio corazón.
Cada día tú puedes escoger las emociones, los sentimientos que quieras albergar en tu corazón, y lo que elijas permanecerá ahí hasta que decidas cambiarlo. Dios, al regalarnos el libre albedrío, nos otorga la libertad de escoger si amargarnos o ser felices.
Maestros sabios, lecciones sabias. Ojalá nosotros los alumnos las pusiéramos en práctica.























