POR LOS CAMINOS DE DIOS - 2
vozyespiritu 20/07/2011 14:04:26
POR LOS CAMINOS DE DIOS - 2 Por: Miguel ÁngelYa en varias ocasiones hemos dicho que somos hijos de Dios. Que somos príncipes y princesas, etc. Esto no es ninguna mentira. El mismo Pablo a los Gálatas 4,4-7, dice:
“Pero cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos.
Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo" ¡Abba!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios(o por la gracia de Cristo).”
Y en Juan 1,12 vemos: “Pero a todos los que la recibieron(La Palabra), a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios”.
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Claro que es necesario aceptar esa condición de hijos de Dios. Dejar que se infunda en nuestro corazón el Espíritu de Jesús.
Pero si tu corazón lo tienes negro, lo tienes manchado, si solamente has guardado ahí basura, oscuridad, vicios, delitos… Si ahora quieres cambiar, quieres convertirte y piensas que ya es tarde, que es inútil. ¡estás equivocado¡ Precisamente Jesús vino al mundo para redimir a todos. Incluso Él mismo dijo que no vino a salvar a justos sino a pecadores, ya que los justos van ya por el camino de la salvación. . Si en verdad quieres que Jesús entre en tu corazón y lo transforme, visualízalo como niño acostado en el pesebre y dile con humildad: “Niño digno de amor, te veo en esta gruta acostado sobre la paja, bien pobre y despreciado; pero la fe me enseña que tú eres mi Dios bajado del cielo para mi salvación. Te reconozco como mi soberano Señor y mi Salvador; te proclamo como a tal pero no tengo nada para ofrecerte. No tengo el oro del amor puesto que amo las cosas de este mundo; sólo amo mis caprichos en lugar de amarte a ti, infinitamente digno de amor. Tampoco tengo el incienso de la oración porque, por desgracia, he vivido sin pensar en ti. Tampoco tengo la mirra de la mortificación, puesto que, por no haberme abstenido de placeres miserables, he entristecido numerosas veces a tu bondad infinita. ¿Qué puedo ofrecerte, pues? Jesús mío, te ofrezco mi corazón, muy sucio, completamente desprovisto como está: acéptalo y cámbialo, puesto que has venido hasta nosotros para lavar con tu sangre nuestros corazones culpables, y así transformarnos de pecadores en justos. Dame, pues, de este oro, de este incienso, de esta mirra que me falta. Dame el oro de tu santo amor; dame el incienso, el espíritu de oración; dame la mirra, el deseo y las fuerzas para mortificarme en todo lo que no te complace...”
Ese es un primer paso. De ahí en adelante cambia tus hábitos, busca ayuda profesional si es preciso para erradicar algún vicio o situación. Comienza a tener la costumbre de hacer oración, por lo menos al levantarte por la mañana, al comenzar a trabajar y al acostarte en la noche. Doblega tu carácter y trata de ser más tolerante con los demás. Poco a poco verás que la Paz, la Luz y el Amor entran en tu corazón. Ese corazón sucio comenzará a limpiarse hasta brillar. Tendrás un corazón nuevo donde habitará para siempre Jesús. En ese momento ya habrás aceptado verdaderamente tu condición de hijo de Dios y heredero del Reino y estarás actuando de acuerdo a eso.










