EL PERDON
vozyespiritu 27/07/2011 13:44:42
EL PERDON
Por: Miguel Angel
El perdón es una de las más grandes manifestaciones del Amor de Dios en nuestros corazones.
El perdón y la reconciliación nos acercan a Dios, nos hacen sentir a Dios; dejamos que Dios se manifieste a través de nosotros. Entonces, ¿por qué nos resulta tan difícil perdonar? ¿por qué guardamos resentimiento a las personas? ¿Acaso Dios no nos perdona siempre?
Dios no se cansa de perdonarnos. ¿Acaso un Padre amoroso no perdona siempre a sus hijos? Dios es nuestro Padre Celestial, un Padre lleno de Amor y de Bondad; un Padre rebosante de paciencia y Humildad; un Padre que nos pone constantemente el ejemplo, pero nosotros no lo seguimos, no lo imitamos; preferimos guardar rencor, odio, resentimiento y coraje en nuestros corazones. Incluso llegamos a pensar que no existe, que no se encuentra entre nosotros, que no se haya instalado en nuestro corazón. ¡Nos engañamos a nosotros mismos! ¡Dios está siempre con nosotros! ¡Nuestro Padre nunca nos abandona! ¡Nuestro Padre está siempre con nosotros!
Nos mandó como ejemplo a su Hijo Jesús; nuestro Hermano Mayor. Jesús vino a mostrarnos, como ser humano y como Dios, las cualidades de nuestro Padre Celestial. ¿Y qué hicimos nosotros? No le creímos; lo acusamos injustamente, lo golpeamos, lo escupimos, lo abofeteamos, le encajamos una corona de espina en la cabeza y nos burlamos de Él, le rasgamos la espalda con latigazos haciéndole brotar su sangre divina, ¡sangre redentora! Le hicimos cargar el pesado madero después de perdonar a Barrabás. ¡Perdonamos a un asaltante, a un asesino, a un ladrón y no pudimos dejar en libertad a Jesús, a quién nada teníamos que perdonar! ¡Al Hijo de Dios, nuestro Hermano Mayor, el representante de nuestro Padre!
Lo clavamos en la cruz y lo seguimos insultando y burlándonos de Él. Pero Él... Él nos miraba desde arriba, desde su cruz, con ojos tristes y cansados, pero llenos de amor, llenos de bondad, ¡llenos de perdón!
Sus propios hermanos lo crucificábamos, lo matábamos, lo asesinábamos, pero Él no nos guardaba rencor, no nos guardaba resentimiento, ¡Todo lo contrario! Pedía perdón por nosotros a nuestro Padre; nos justificaba ante Él diciendo que no sabíamos lo que hacíamos, y Jesús mismo nos perdonaba, nos amaba y nos sigue amando, con el mismo amor del Padre, ¡con un inmenso amor!
Y nosotros... ¿Ya aprendimos la lección? ¿Ya seguimos su ejemplo? ¿Acaso perdonamos de la misma manera? ¿Acaso esperamos que en su segunda venida se vuelva a crucificar para poder imitarlo? ¿No merece de nosotros un pequeño sacrificio?
Todos somos hijos de la Luz, hijos del Amor, hijos del mismo Padre. Ya es tiempo de que nos demos cuenta de eso; ya es tiempo de que actuemos de acuerdo a esa verdad, perdonando siempre, amando siempre, no guardando rencor ni resentimiento a nadie; dando ejemplo de vida, dando muestras de la Luz y el Amor que hay en nuestro corazón. No encerremos a Jesús y a nuestro Padre Celestial en nuestro corazón. Abrámosles la puerta, dejémoslos actuar a través de nosotros, implantemos un Reino de Luz, de Amor y de Paz en la Tierra. ¿Acaso no se merece Jesús eso y mucho más por el enorme sacrificio que hizo por nosotros?
Hasta el último aliento derrocho Amor y Perdón.
¿No merece que lo recibamos con todos los honores?
Pero Él no quiere honores mundanos.
Él no quiere honores materiales.
¡Todo lo que Él quiere es que le abras tu corazón y lo dejes actuar a través de ti!
¡Todo lo que Él quiere es que perdones siempre a tu prójimo, a tu hermano!
¡Todo lo que Él quiere... es tu Amor!
Por: Miguel Angel
El perdón es una de las más grandes manifestaciones del Amor de Dios en nuestros corazones.
El perdón y la reconciliación nos acercan a Dios, nos hacen sentir a Dios; dejamos que Dios se manifieste a través de nosotros. Entonces, ¿por qué nos resulta tan difícil perdonar? ¿por qué guardamos resentimiento a las personas? ¿Acaso Dios no nos perdona siempre?
Dios no se cansa de perdonarnos. ¿Acaso un Padre amoroso no perdona siempre a sus hijos? Dios es nuestro Padre Celestial, un Padre lleno de Amor y de Bondad; un Padre rebosante de paciencia y Humildad; un Padre que nos pone constantemente el ejemplo, pero nosotros no lo seguimos, no lo imitamos; preferimos guardar rencor, odio, resentimiento y coraje en nuestros corazones. Incluso llegamos a pensar que no existe, que no se encuentra entre nosotros, que no se haya instalado en nuestro corazón. ¡Nos engañamos a nosotros mismos! ¡Dios está siempre con nosotros! ¡Nuestro Padre nunca nos abandona! ¡Nuestro Padre está siempre con nosotros!
Nos mandó como ejemplo a su Hijo Jesús; nuestro Hermano Mayor. Jesús vino a mostrarnos, como ser humano y como Dios, las cualidades de nuestro Padre Celestial. ¿Y qué hicimos nosotros? No le creímos; lo acusamos injustamente, lo golpeamos, lo escupimos, lo abofeteamos, le encajamos una corona de espina en la cabeza y nos burlamos de Él, le rasgamos la espalda con latigazos haciéndole brotar su sangre divina, ¡sangre redentora! Le hicimos cargar el pesado madero después de perdonar a Barrabás. ¡Perdonamos a un asaltante, a un asesino, a un ladrón y no pudimos dejar en libertad a Jesús, a quién nada teníamos que perdonar! ¡Al Hijo de Dios, nuestro Hermano Mayor, el representante de nuestro Padre!
Lo clavamos en la cruz y lo seguimos insultando y burlándonos de Él. Pero Él... Él nos miraba desde arriba, desde su cruz, con ojos tristes y cansados, pero llenos de amor, llenos de bondad, ¡llenos de perdón!
Sus propios hermanos lo crucificábamos, lo matábamos, lo asesinábamos, pero Él no nos guardaba rencor, no nos guardaba resentimiento, ¡Todo lo contrario! Pedía perdón por nosotros a nuestro Padre; nos justificaba ante Él diciendo que no sabíamos lo que hacíamos, y Jesús mismo nos perdonaba, nos amaba y nos sigue amando, con el mismo amor del Padre, ¡con un inmenso amor!
Y nosotros... ¿Ya aprendimos la lección? ¿Ya seguimos su ejemplo? ¿Acaso perdonamos de la misma manera? ¿Acaso esperamos que en su segunda venida se vuelva a crucificar para poder imitarlo? ¿No merece de nosotros un pequeño sacrificio?
Todos somos hijos de la Luz, hijos del Amor, hijos del mismo Padre. Ya es tiempo de que nos demos cuenta de eso; ya es tiempo de que actuemos de acuerdo a esa verdad, perdonando siempre, amando siempre, no guardando rencor ni resentimiento a nadie; dando ejemplo de vida, dando muestras de la Luz y el Amor que hay en nuestro corazón. No encerremos a Jesús y a nuestro Padre Celestial en nuestro corazón. Abrámosles la puerta, dejémoslos actuar a través de nosotros, implantemos un Reino de Luz, de Amor y de Paz en la Tierra. ¿Acaso no se merece Jesús eso y mucho más por el enorme sacrificio que hizo por nosotros?
Hasta el último aliento derrocho Amor y Perdón.
¿No merece que lo recibamos con todos los honores?
Pero Él no quiere honores mundanos.
Él no quiere honores materiales.
¡Todo lo que Él quiere es que le abras tu corazón y lo dejes actuar a través de ti!
¡Todo lo que Él quiere es que perdones siempre a tu prójimo, a tu hermano!
¡Todo lo que Él quiere... es tu Amor!

