PLATICANDO CON DIOS
vozyespiritu 03/11/2011 12:36:43
Hola, Dios, ¿Cómo estás?... Perdón, ¿No hice mal en llamarte así, simplemente Dios?
No, ya sé que no lo haces con mala intención ni por faltarme al respeto. Yo siempre estoy bien, ¿y tú?
No, yo no estoy siempre bien.
¿Por qué lo dices?
Pues, a veces mi salud es buena, a veces no tan buena.
¿Te refieres nada más a la salud física?
No, en realidad parece que nunca las cosas marchan bien en este planeta. Si leo un libro de historia o la misma Biblia, veo con horror que desde Caín y Abel siempre hemos peleado, envidiado, matado y parece que seguimos igual, siempre en guerra, con otras naciones, con otros seres humanos; incluso siempre en conflicto dentro de cada país, en la escuela, en el trabajo, en nuestro mismo hogar. Siempre queriendo ser mejor que los demás, superiores a otros, tener más bienes, más logros, más dinero, más fama. Y ¿a qué nos lleva eso? Muchas veces a un vacío, a una infelicidad, si no sabemos aprovecharlo para bien. Más tenemos, más queremos y, al final de nuestra vida, sólo queda un vago recuerdo de nosotros, y eso si fuimos algo conocidos, porque de otra manera al corto tiempo quedamos en el olvido, como si nunca hubiéramos existido. Veo todo eso y me da tristeza, una inmensa tristeza y melancolía. ¿Por qué tanto desorden? Tanto conflicto, tanta guerra? ¿Por qué tanta división? ¿Acaso no nos has creado Tú mismo a todos y por lo tanto todos somos hermanos?
Así es. Tú lo has dicho. A todos los he creado con el mismo amor.
¿Con el mismo amor? Entonces: ¿por qué todos nacemos en distintas circunstancias, a veces en situaciones muy difíciles en comparación de otros? ¿Por qué no nacemos todos bajo las mismas condiciones y con las mismas oportunidades si todos somos tus hijos?
Hijo Mío. Si todos fueran iguales y bajo las mismas circunstancias, en este momento me estarías diciendo que por qué los hice a todos iguales, que todo es muy aburrido porque todo y todos son lo mismo. Mira a tu alrededor. Ni siquiera en tu misma casa todos son iguales aunque tengan el mismo padre y la misma madre. Todos prácticamente reciben la misma educación y los mismos ejemplos, pero cada quién comienza a mostrar diferencias, no solamente en su aspecto físico, sino en sus gustos, inquietudes, aspiraciones, habilidades, incluso por lo regular deciden estudiar distintas carreras, aprender diferentes oficios y, por supuesto que no todos ni todas se van a casar con el mismo hombre o con la misma mujer. Cada quien elige de manera distinta. Luego, a lo largo de la vida, cada quien llega a tener distintos grados de lo que ustedes llaman “cualidades y defectos”, aunque Yo a todos los amo por igual.
Pero, si Tú eres perfecto, ¿por qué entonces parece que la humanidad tiene tantos defectos, tantas imperfecciones? ¿Por qué nunca nos ponemos de acuerdo y parece tan lejos esa armonía y paz que todos deseamos en el fondo?
Lo que tú no sabes y la mayoría no sabe, es que, aunque Yo soy perfecto, todavía me sigo perfeccionando dentro de esa perfección, o sea que Soy perfecto, pero todavía perfectible.
¿Cómo es eso?
Sí. Cuando tú escuchas una hermosa melodía y te gusta mucho, dices: “!Que pieza musical tan hermosa, tan perfecta, tan inigualable¡” Sin embargo, si la llegas a escuchar de nuevo con otra orquesta que tiene más músicos, más variedad de instrumentos, más espectacularidad, te puede parecer que todavía es más perfecta que la vez anterior. O sea que sigue siendo perfecta, pero dentro de esa perfección se ha perfeccionado aún más. Pues así también, dentro de mi misma perfección, Yo sigo tratando de mejorar esa perfección, dándole otra tonalidad, agregándole algo, complementándola con algo y por eso precisamente los he creado a ustedes, para que ustedes me ayuden. Pero ustedes también son parte de Mí, no están realmente separados como muchas veces piensan, y sin embargo cada quién actúa según su criterio personal, según su libre albedrío. ¡Eso es lo maravilloso¡ cada uno de ustedes con su distinta tonalidad, con su distinta vibración, con su diferente entonación, diferente matiz. Yo solo ya no podía mejorar en mi perfección, pero ustedes, que son extensiones de mí, están realizando un trabajo enorme, cada uno con su granito de arena, contribuyendo todos a lograr avanzar en la perfección y tarde o temprano también ustedes se darán cuenta de que la Melodía que ustedes me están ayudando a perfeccionar, será su propia melodía, será su Obra Maestra. En estos momentos sufren porque todavía están desafinados, todavía no logran dominan bien su instrumento y, cuando alguien ya lo tiene bien afinado, cuando ya logra estar listo, resulta que los otros todavía no lo están y entonces comienza la impaciencia, el reclamo, la desesperación, el decirle al otro que es menos inteligente, menos hábil, que “yo soy mejor o superior porque te gané, porque lo hice en menos tiempo, que por tu culpa no comenzamos…” Surge la soberbia. Pero el que hace eso no se da cuenta que cada uno tiene un instrumento distinto, que necesita diferente forma de afinación y mayor o menor tiempo para afinarse. Incluso si tuvieran el mismo instrumento, cada persona puede tener distinta técnica de afinación, puede tener diferente oído musical y si para uno ya está bien afinado su instrumento, para el otro todavía no lo está. Todavía no está satisfecho de cómo suena. Surgen los conflictos. Y si una persona ve que la otra tiene un mejor instrumento o que ya está listo para tocar, surge la envidia, de ser igual a ese otro, de tener ese instrumento que parece mejor, de superar al otro y después desquitarse diciéndole que ahora él es mejor… surge el desquite, la venganza. Pero si no puede nunca lograr superar al otro, entonces surge el odio que puede llegar al crimen. En cambio, si alguien ya pudo afinar bien su instrumento, pero no se jacta de ello y ve que el otro está teniendo dificultades en hacerlo y se acerca para ayudarlo, surge la humildad, la solidaridad, la caridad, la amistad, el agradecimiento. Pero ustedes son tantos músicos, con tantos instrumentos, que les parece una eternidad tratar de afinar, ponerse de acuerdo, conjuntar sus instrumentos, ser una sola orquesta.
Pero si Tú eres el Director de la orquesta, ¿por qué no nos diriges bien?..... perdón por decir eso……
No te preocupes. Entiendo tu sentir y tu pensar. La verdad de las cosas es que sí los estoy dirigiendo, pero tú ves las cosas a corto plazo y yo las veo a largo plazo. A ti te parece una eternidad, a mí me parece un suspiro. Todo el tiempo les marco la pauta a seguir, pero ustedes se distraen, no ponen atención a mis señales, a mis indicaciones, y por eso siguen desafinados, por eso no logran formar un verdadero grupo. No llegan a tocar todos en el mismo tono, a vibrar en la misma frecuencia, la frecuencia del Amor.
¿Cuál es la frecuencia del amor?
La frecuencia del Amor es una vibración única. Una vibración que está por encima de todas las otras vibraciones. Es un ritmo, que si es seguido por todos, los llevará a interpretar la Melodía más grandiosa de todos los tiempos. Es una vibración que parece tranquila, calmada, pero lleva dentro de sí la explosión más fuerte, la energía más elevada, la realización más profunda, el empuje más enérgico, es la misma vibración de la creación. El empuje que los lleva a cambiar todo, transformar todo, pero no es una transformación sólo a nivel físico, sino a nivel interno, a nivel de su misma esencia, su interior más profundo, en sus mismas células, átomos, electrones y todas las partículas más imperceptibles. Es una energía que les hará olvidar sus deseos de seguir distraídos en el mundo físico. Les hará seguir por fin al Director de la Orquesta, que lo único que quiere es dirigirlos a la consecución, al logro de esa armonía necesaria para al fin poder todos tocar la Melodía, la Pieza Musical, la Obra Maestra a la que todos están invitados a ejecutar, a escuchar, a gozar, a participar. Cada uno con sus distintos instrumentos. Unos participarán más, otros menos, porque así está escrita la partitura, pero todos igualmente importantes para el Director, porque un solo instrumento que falte, un solo instrumento que esté desafinado, es suficiente para que no se logre la perfección, o para que la perfección no se perfeccione aún más. Se sufre, se batalla, porque, como dije anteriormente, son muchos participantes y se requiere que todos estén atentos y siguiendo las instrucciones y la batuta del Director.
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