Liturgia Eucarística: presentación de los dones. Evolución histórica y significado teológico …
jamacor 13/01/2012 05:07:01
La presentación de dones conforma una de las cuatro acciones de la estructura fundamental del rito de la liturgia eucarística. En efecto, según el testimonio de la sagrada Escritura, durante la institución del sacramento, Cristo tomó en sus manos el pan y el cáliz, recitó la plegaria de acción de gracias, partió el pan y dio a sus discípulos el pan y el vino, diciendo: «tomad, comed, bebed; esto es mi Cuerpo; éste es el cáliz de mi Sangre. Haced esto en conmemoración mía»; acciones rituales que la Iglesia ha contemplado siempre como los gestos esenciales de la celebración eucarística.
La presentación de dones significa la participación de todos los fieles en el sacrificio sacramental que se ofrecerá mediante la plegaria sobre las ofrendas del pan y del vino. En los primeros siglos de la Iglesia, los fieles llevaban de sus casas los dones que debían ser ofrecidos, que eran presentados al sacerdote por un diácono. De aquí que ahora, en este momento de la celebración, los fieles hagan sus donaciones para el sostenimiento del culto. El rito concluye con la oración sobre las ofrendas, que prepara a la asamblea para su participación en la gran oración eucarística. La Iglesia ruega para que, unidos a la oblación de Cristo, los fieles ofrezcan su existencia al Padre.
La secuencia ritual de este apartado de la liturgia eucarística comienza con la denominada preparación de los dones: «Initio Liturgiæ eucharisticæ dona, quæ Corpus et Sanguis Christiefficientur, ad altare afferuntur» (IGMR 73/1). Estos dones no son otros que el pan y el vino que se convertirán en el Cuerpo y Sangre del Señor.
Las fuentes litúrgicas muestran como en la tradición de la Iglesia este momento viene denominado bajo el término ofertorio(Sacramentario Gregoriano, Amalario de Metz, Ordo Romanus V…). La IGMR del Misal promulgado a tenor de las disposiciones del Concilio Vaticano II, sin desconocer dicho vocablo, se inclina por el uso de la expresión preparación de los dones, para subrayar el hecho de que la oblación del pan y del vino acontece esencialmente durante la plegaria eucarística.
El rito comienza con la preparación del altar: «Imprimis altare, seu mensa dominica, quæ centrum est totius liturgiæ eucharisticæ, præparatur, cum corporale, purificatorium, missale et calix, nisi ad abacum paratur, in eo collocantur» (IGMR 73/2). Se aconseja que algunos fieles presenten el pan y el vino, como queda documentado en la Iglesia de Occidente desde los primeros siglos. Más aún, en aquellos tiempos así lo hacían todos los que tenían intención de comulgar. Más adelante con la disminución de la frecuencia de la comunión eucarística, el gesto quedó asumido en la colecta de las ofrendas para la manutención del ministro, el culto y las obras de caridad. Estas ofrendas distintas del pan y del vino deben dejarse en un lugar distinto del altar. Las ofrendas del pan y del vino serán entregadas a un ministro, que será quien las acerque al altar. «Oblationes deinde afferuntur: panis et vinum laudabiliter a fidelibus præsentantur, a sacerdote autem vel a diacono loco opportuno accipiuntur ad altare deferenda. Quamvis fideles panem et vinum ad liturgiam destinata non iam de suis proferant sicut olim, ritus tamen illa deferendi vim et significationem spiritualem servat» (IGMR 73/3).
El significado del rito ha quedado bien explicado por Juan Pablo II en la carta Dominicæ Cenæ: los fieles que participan en la Eucaristía «offrono con lui [sacerdote], in virtù del sacerdozio comune, i loro propri sacrifici spirituali, rappresentati dal pane e dal vino, sin dal momento della loro presentazione all’altare. […] Il pane e il vino diventano, in certo senso, simbolo di tutto ciò che l’assemblea eucaristica porta, da sé, in offerta a Dio, e offre in spirito» (Dominicae Cenae 9/2).
La procesión y todo el rito de presentación puede ser acompañada por un canto adecuado, que la tradición por esta razón conoce con el nombre de canto del ofertorio. «Processionem, qua dona afferuntur, cantus ad offertorium comitatur (cf. n. 37, b), qui protrahitur saltem usquedum dona super altare deposita sunt. Normæ de modo cantandi eædem sunt ac pro cantu ad introitum (cf. n.48). Cantus potest semper ritus ad offertorium sociare, etiam sine processione cum donis» (IGMR 74). A diferencias de los ritos iniciales, si no hay canto, este no se sustituye con la recitación de antífona alguna. El sacerdote recibe la patena con el pan y el cáliz ya preparado de manos del diácono. Si no hubiera diácono, el acólito puede acercar la patena y el cáliz al altar.
La IGMR describe el modo de llevar a cabo la presentación de dones del siguiente modo: «Sacerdos, ad altare, accipit patenam cum pane, eamque ambabus manibus aliquantulum elevatam super altare tenet, dicens secreto: Benedictus es, Domine. Deinde patenam cum pane super corporale deponit» (IGMR 141). Un gesto similar es prescrito para el cáliz con el vino.
En el alto medievo, el gesto de presentar los dones fue interpretado con un claro sentido oblativo, manifiesto en la oración que lo acompañaba. Así, por ejemplo se muestra en el siguiente texto, procedente del Sacramentario de Amiens: «Hanc oblationem, quæsumus, omnipotens Deus, placatus accipe, et omnium offerentium et eorum pro quibus tibi offertur peccata indulge. […]Suscipe sancta Trinitas, hanc oblationem quam tibi offero in memoriam incarnationis, nativitatis, passionis, resurrectionis, ascensionisque Domini nostri Ihesu Christi, et in honore omnium sanctorum tuorum…». Del mismo modo, en el Ordo Missae de Minden se prescribe: «Tunc puro corde offerat Domino oblatam ita dicens: Suscipe, sancte, Pater omnipotens, æterne Deus, hanc immaculatam hostiam, quam ego indignus famulus tuus tibi offero Deo meo vivo, et vero, quia te pro æterna salute cunctæ Ecclesiæ tuæ suppliciter exoro. Per, etc.»
Esta fórmula, con algunas variantes y desarrollos, es la que fue incorporada en el Misal de 1570. Tras la reforma del Concilio Vaticano II se introdujeron fórmulas de nueva composición. La intención era evitar el peligro de interpretar el sentido oblativo de la presentación como si la oblación sacrficial propia de la plegaria eucarística estuviera ya completamente anticipada. La nueva fómula dice: «Benedictus es, Domine, Deus universi, quia de tua largitate accepimus panem, quem tibi offerimus, fructum terrae et operis manuum hominum: ex quo nobis fiet panis vitae» y «Benedictus es, Domine, Deus universi, quia de tua largitate accepimus vinum, quod tibi offerimus, fructum vitis et operis manuum hominum, ex quo nobis fiet potus spiritalis».
Ambas fórmulas están redactadas según el modelo de lasberakot u oraciones de bendición procedentes del Antiguo Testamento. Dios es proclamado Señor del Universo y es bendecido por los dones que de El se reciben. Se subraya que los dones llamados a a ser consagrados son, al mismo tiempo, frutos de la naturaleza creada (fructum terrae, fructum vitis), y de la cultura del hombre (et operis manuum hominum); y se constata su significado oblativo: quem/quod tibi offerimus y su posterior transformación en el Cuerpo y Sangre del Señor: panis vitæ ypotus spiritalis.
El gesto de infundir unas gotas de agua en el vino, procedente de los usos comunes del periodo del nacimiento de la Iglesia y ya reseñado por san Justino, recibió muy pronto un hondo significado teológico y espiritual. Así, San Cipriano explica que «la divina Scrittura nell’Apocalisse dichiara che le acque simboleggiano i popolo, quando dice. Le acque che hai visto, presso le quali siede la prostituta, simboleggiano popoli, moltitudini, genti e lingue. Chiaramente capiamo que questo significato è contenuto anche nel simbolo (in sacramento) del calice. Infatti, poiché portava tutti quanti noi Cristo, che portava anche i nostri peccati, vediamo che l’acqua simboleggia il popoli, il vino invece simboleggia il sangue di Cristo. Quando dunque nel calice si mescolano acqua e vino, il popolo si unisce a Cristo e la folla dei credenti si accoppia e si coniunge a colui cui ha creduto» (Lettera 63); mientras que san Ambrosio ve en esa unión la sangre y el agua del costado abierto de Cristo en la cruz. Y el concilio de Trento repropone ambos significados: «Il santo Sinodo ricorda anche che la Chiesa ha comandato ai sacerdoti di mescolare dell’acqua col vino nel calice dell’offerta, sia perché si crede che Cristo abbia fatto così, sia anche perché dal suo fianco uscì insieme acqua e sangue, mistero che si richiama con questa mescolanza. E poiché le “acque” nell’Apocalisse del beato Giovanni rappresentano i popoli, con ciò viene rappresentata l’unione dello stesso popolo fedele col Cristo che ne è il capo» (Sesión 22).
La fórmula que acompaña el gesto: «Per huius aquae et vini mysterium eius efficiamur divinitatis consortes, qui humanitatis nostrae fieri dignatus est particeps», ya se encontraba formando parte de la oración propuesta por el Misal de 1570 y hunde sus raíces en los usos medievales. El texto procede de una oración de la fiesta de Navidad procedente de los grandes sacramentarios romanos del periodo de la antigüedad tardía.
Del mismo modo, la oración de apología In spiritu humilitatis ya se encontraba en textos medievales para ser dicha después delHanc oblationem, para ser después incorporada en el momento de dejar el cáliz sobre el altar durante las presentación de los dones. Y así quedó recogido en el Misal de 1570.
En este momento de la celebración puede procederse a la incensación de los dones, la cruz, el altar, el sacerdote, los ministros y la asamblea. Con este gesto, de veneración y sentido oracional, la Iglesia se reconoce a así misma como una comunidad sacerdotal, unida a Cristo su cabeza, representado por el sacerdote celebrante.
El rito del Lavabo no posee en la liturgia romana una tradición unánime hasta que recibido por el Misal de 1570,en el cual se prescribe que el sacerdote, mientras se lava las manos, diga el Salmo 25, del cual toma nombre el gesto. El rito es testimoniado en ámbito franco a partir del siglo IX, pero su extensión hasta el Misal de 1570 no fue universal.
Con la oración sobre las ofrendas concluyen los ritos de presentación de dones. La oración viene precedida por una invitación del sacerdote a la oración: «Ad medium altaris deinde reversus, sacerdos, stans versus populum, extendens et iungens manus, populum ad orandum invitat, dicens: Orate, fratres. Populus surgit et responsionem dat Suscipiat Dominus» (IGMR 146). La fórmula se encuentra ya en algunos documentos medievales del área franco-germánica. El texto subraya el valor sacrificial del rito eucarístico. Según Pío XII la fórmula manifiesta cómo en el sacrificio eucarístico la oblación de la víctima es llevada a cabo por el sacerdote en unción como todo el pueblo santo (Mediator Dei).
La expresión oratio super oblata si en encuentra ya presente en el Sacramentario gregoriano, mientras que en los textos procedentes del sacramentarios gelasiano la oración era denominada secreta por el uso de pronunciarla “en secreto”. Este último nombre se impuso en el Misal de 1570. El Misal actual ha preferido volver al uso gregoriano.
La estructura literaria de la oración es paralela a la colecta, pero su contenido es oblativo y sacrificial.
José Luis Gutiérrez Marín
Bibliografía
— Missale Romanum, Institutio Generalis Missalis Romani, nn. 73-77; 139-146.
— Missale Romanum, Ordo Missae, pp. 438-439.
— Benedicto XVI, Exh. apost. Sacramentum caritatis, 22-II-2007, n. 47.
— J.A. Abad Ibáñez, La celebración del Misterio cristiano, Eunsa, Pamplona 1996, 291-292 (§ Los ritos de presentación-ofrenda de los dones).
— J. Ratzinger, Il Dio vicino, Ed. San Paolo, Cinisello-Balsamo 2005, pp. 66-69 (parte dedicada al ofertorio dentro de la sección § Pasto dei riconciliati festa della Risurrezione).
— El sacerdote en el ofertorio de la Santa Misa en www.vatican.va(sección Estudios de la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice).

