EL SEÑOR ME HA SONREÍDO
jamacor 04/02/2012 10:33:54
... yo mismo he sido alcanzado por Cristo Jesús(Flp 3)
Teresa es cantante de ópera. Un día interpretaba en «Turandot» el personaje de Liu, una esclava que defendía con tesón a su rey. El pueblo le pregunta por qué lo defiende con tanto calor, y la esclava contesta:
«Perchè un di nella reggia mi hai sorriso...; porque un día, en el palacio, me ha sonreído».
«Haciendo este papel –decía la cantante–, yo pensaba que así me había sucedido en mi vida, y que también el Señor me había sonreído»1. Fue el comienzo de su entrega a Dios en medio del mundo, del mundo de la ópera. Bastó una sonrisa.
Una sonrisa, una mirada del Señor, un gesto son suficientes para que podamos decidirnos a seguirle más de cerca, en nuestro propio camino, a tratarle con más intimidad en la oración, a llevarle a nuestros amigos... No necesita el Señor muchas palabras para conquistarnos. Si quieres..., nos dice. Jesús no agobia. Los agobios son nuestros, y nacen de falta de confianza en Él, de poco desprendimiento de nosotros mismos.
«Dios –escribe un literato francés– nos sigue paso a paso. A veces, tenemos que decirle que se marche, como a un mendigo. Pero siempre vuelve». Es la humildad de Dios, que no nos deja. Vuelve calladamente y nos sigue en el camino, como hizo con aquellos dos discípulos que se dirigían a una aldea llamada Emaús. Y mientras comentaban y discutían, el propio Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos, aunque sus ojos eran incapaces de reconocerle (Lc 24). ¿No nos ha ocurrido en alguna ocasión algo similar? ¿No nos estará sucediendo algo parecido?
Otras veces el Señor se presenta lleno de fuerza y de luz. Así llamó a san Pablo en el camino de Damasco. Cerca ya de la ciudad, de repente lo envolvió de resplandor una luz del cielo. Y cayendo a tierra oyó una voz que decía: Saulo, Saulo... (Hch 9). Esta voz fuerte transformará radicalmente su vida. Sé muy bien en quien he creído, dirá lleno de gozo.
La llamada a una mayor entrega, a una cercanía mayor a Cristo es como un itinerario con señales, como en los caminos de montaña. Una señal lleva a la siguiente. La llamada del Señor no es tanto un conocimiento completo del futuro como una correspondencia amorosa a las gracias que nos va concediendo. Es, de alguna manera, querer perder el control y dejar que Él dirija poco a poco nuestra barca, nuestra vida.
Para decidirnos a seguir más de cerca al Señor no necesitamos ver todo lo que nos espera; nos basta vislumbrar el paso siguiente que hemos de dar; después, daremos otro; al final está la cima, el Cielo.
Al Cardenal Newman debemos esta oración, que, en alguna ocasión, podemos hacer nuestra:
Guíame, luz bondadosa,
la niebla me rodea,
guíame hacia adelante.
La noche es densa,
me encuentro lejos del hogar,
guíame hacia adelante.
Protege mi caminar,
no te pido ver claro todo el futuro,
solo un paso aquí y ahora.
Un paso aquí y ahora. Es lo único que necesitamos: ver la señal, el paso siguiente. Cuando lo hayamos dado veremos el que hemos de dar a continuación.
Y así hasta el final. No necesitamos ver mucho más. Solo tener confianza en el Señor y avanzar. Siempre tendremos a nuestro alcance su mano amiga: alguien que, en su Nombre, nos guíe y nos dé una palabra de aliento y de seguridad. Como en la montaña.
1.- A. SASTRE, Tiempo de caminar, Ed. Rialp, Madrid 1989.
Cfr. El día que cambié mi vida
Para poder hablar de Dios, lo primero es Hablar con Dios y querer escucharle : Nueva Evangelización


























