ALMA CONDENADA:
Estamos aquí no por nuestra voluntad (1), sino por la voluntad de Dios. Si no, nosotros por nuestra voluntad no haríamos nada más que maldecir, pero Dios es el que quiere que venga a deciros que estamos condenadas. ¡Yo, que decía que nadie había venido a decir que había Infierno, que nadie me lo había dicho, que no lo creía y me reía junto con mis compañeras!; no creía en la existencia del Infierno y me reí de todo, de la Iglesia, de los componentes de la Iglesia, …
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