May love triumph!





El Sufrimiento:
Misterio de amor y fecundidad en la vida de los santos
Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM
© Solo para uso privado

“Suplo en mi carne -dice el apóstol S. Pablo en su carta a los Colosenses- lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia". Con estas palabras, pareciera que S. Pablo ha querido revelarnos un misterio poderoso, un tesoro de gran valor que él ha descubierto: el sentido y el valor salvífico del sufrimiento. Aunque ha sido un descubrimiento personal, S. Pablo nos invita a descubrir este tesoro escondido. Descubrirlo, es abrirnos a una potencia de gracia, de amor, de fecundidad y de participación inimaginable en los designios redentores de Dios sobre los hombres y sobre el mundo.

El sufrimiento, nos dice el Siervo de Dios Juan Pablo II, en su Carta Apostólica, Salvificis Doloris, “parece ser, y lo es, casi inseparable de la existencia terrena del hombre”. El dolor es un misterio, una realidad inherente a la propia condición humana. Éste ocurre en diversos momentos de la vida; se realiza de maneras diferentes, asume dimensiones diversas; sin embargo, de una forma o de otra, acompaña la vida del hombre aquí en la tierra en su doble dimensión: corporal y espiritual.

El Papa nos ha recordado en esta carta que la redención realizada por Cristo, al precio de la pasión y muerte de cruz, es un acontecimiento decisivo y determinante en la historia de la humanidad, no solo por que cumple el designio divino de justicia y misericordia, asumiendo nuestros pecados y pagando por ellos, alcanzándonos así, la salvación. Sino que también, porque el sufrimiento del Dios-hecho hombre, revela al hombre un nuevo significado del sufrimiento. Significado que el corazón humano ha buscado incesantemente entender porque éste le ha acompañado a lo largo y a lo ancho de la historia y a través de toda la geografía, y que solo en la Cruz de Cristo encuentra su mas elocuente explicación: Dios es amor y por lo tanto, la cruz es signo y manifestación misteriosa de su amor!!!.

El sufrimiento es un misterio
Oh, que misterio es el sufrimiento, que misterio se encierra en el poder de la Cruz!! Misterio que es accesible solo a aquellos que abren su corazón a contemplar el poder y la fuerza del amor manifestado en el dolor. Como nos dice S. Pablo: “Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles, más para los llamados, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. La predicación de la Cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios.” (1 Cor 1; 17..)

¡Que misterio! para algunos la cruz es escándalo, o sea, piedra de tropiezo, para otros necedad, o sea una tontería, para muchos debilidad, para otros un mal que hay que evitar a toda costa....... para algunos caída y para otros elevación, cumpliendo así la profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús al Templo: “Este está puesto como signo de contradicción, puesto para caída y para elevación de muchos” (Luc 2, 33).

Para los sencillos de corazón, para los que elevan su corazón más allá de sus expectaciones y añoranzas terrenas, para los que permiten al Espíritu Santo iluminar su limitado entendimiento con la luz de la inteligencia espiritual, la cruz, el sufrimiento, es fuerza de Dios, es sabiduría de Dios, es manifestación poderosa de la potencia del amor, y del amor hasta el extremo.

Ante el anuncio del sufrimiento que Simeón profetiza que sería para algunos caída y para otros elevación, para la Virgen Santísima, quien comprendió que la misión salvadora de su Hijo se daría en el contexto del dolor y la oposición, ese anuncio es oportunidad de elevación, para dar “otro fiat” con el que acoge el destino de su Hijo en plena comunión con El: “a ti misma una espada traspasará tu corazón”. Ese es el misterio que Nuestra Madre y en imitación y comunión con su Corazón, muchos santos y santas han comprendido.. Que el amor, si es verdadero, estará siempre dispuesto a sufrir con el amado. Santa Clara de Asís, como fruto de su experiencia de vida, nos dice: "El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre".

El amor es, por lo tanto, la fuente más rica para entender el sentido del sufrimiento, que siempre es y será un misterio. Para descubrir este misterio, a la medida posible, debemos contemplar la Cruz de Cristo: el amor salvífico de Cristo que se entregó por nosotros hasta el extremo y sufriendo, nos alcanzó la vida: “Por sus llagas hemos sido sanados”. “La cruz de Cristo --la pasión-- arroja una luz completamente nueva sobre este misterio, dando otro sentido al sufrimiento humano en general.” (JPII, 1988) Para leer el sentido mas profundo del sufrimiento, debemos hacerlo desde la Cruz de Cristo, leerlo desde el lenguaje del amor oblativo y del amor salvífico. “Desde la Cruz se contempla mejor el cielo”.

“Por que tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en El no perezca sino que tenga vida eterna”. En estas palabras de Cristo del Evangelios de San Juan capítulo 3 versículo 16, podemos reconocer que la acción salvífica de Dios está en la liberación del mal, pero no solo del temporal sino ante todo del mal y sufrimiento definitivo, o sea, de la pérdida de la vida eterna, de la felicidad eterna. El Redentor conquista el mal con el bien: conquista el pecado por su obediencia hasta la muerte y una muerte de cruz. Conquista la muerte, resucitando, y volviendo a la vida. Conquista el mal amando hasta el extremo, dando la vida por la humanidad en la cruz, conquista sufriendo por amor... “No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.(Jn 15).

No hay amor mas grande que dar la vida: El sufrimiento, por el poder de la Cruz de Cristo, se ha convertido en revelación del amor divino: amor que es salvífico. Como nos dice el profeta Isaías 53: 2-6 : “No tenía apariencia ni presencia.. Varón de dolores y sabedor del sufrimiento.. Soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros dolores...traspasado por nuestras iniquidades.. Molido por nuestros pecados... soportó el castigo que nos trae la paz... y por sus llagas hemos sido sanados”. Según nos describe este profeta: el sufrimiento del Mesías nos revela la anchura, la altura del amor divino, que siempre salva, siempre libera y redime. Es el amor que se da hasta el extremo “sin escatimar en nada” (palabras del Corazón de Jesús a Santa Margarita María Alacoque). Amor que conquista el mal haciendo el bien, aunque ese bien conlleve la cruz.

Por eso la Beata Madre Teresa de Calcuta decía: “Ama hasta que te duela; si te duele es la mejor señal”. El amor que es capaz del dolor, es autentico y poderosamente fecundo. ¡Qué misterio éste que tan pocos logran comprender! Por ello me uno a las palabras de Jesús diciendo: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los sencillos” (Luc 10:21). Gracias a estos corazones sencillos y puros, podemos nosotros comprender la fuerza redentora del amor que es capaz de abrazar generosa, libre y voluntariamente, los mayores sufrimientos para el bien de muchos, como lo hizo Nuestro Señor: "Éste es mi Cuerpo, ésta es mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, entregada por vosotros." (Mt. 26).

Que misterio de amor se puede descubrir en el dolor! “El amor, el verdadero amor, es el que está dispuesto a dar la vida, a sufrir por el amado..... a morir para que otros tengan vida”.

El dolor, abrazado por amor y en amor, es poderosamente fecundo
“Los testigos de la cruz y de la resurrección de Cristo han transmitido a la Iglesia y a la humanidad un específico Evangelio del sufrimiento. El mismo Redentor ha escrito este Evangelio ante todo con el propio sufrimiento asumido por amor, para que el hombre «tenga la vida eterna» Este sufrimiento, junto con la palabra viva de su enseñanza, se ha convertido en un rico manantial de vida para cuantos han participado en los sufrimientos de Jesús en la primera generación de sus discípulos y confesores y luego en las que se han ido sucediendo a lo largo de los siglos” (Salvificis Doloris # 25)

Solo el dolor, que es abrazado y ofrecido por amor y en amor, es fecundo. Hay una intrínseca relación entre la muerte y la vida, entre el dolor y la fecundidad. En San Juan 12, 24, nos dice Jesús: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto”. El Siervo de Dios, Juan Pablo II, nos dice en la Encíclica  Evangelium Vitae # 49: “la plenitud del evangelio de la vida esta en el árbol de la vida: la cruz”. El sufrimiento, entonces, es un misterio de amor y vida que se convierte en una invitación de Cristo a seguirle y a colaborar con El en la salvación del mundo y en el triunfo final de las fuerzas del Bien sobre las fuerzas del mal. Solo el amor crea, solo el amor es fecundo, la esterilidad de una alma está en su egoísmo, pues dar vida requiere la generosa entrega de si mismo. Requiere dejarse traspasar para que otros tengan vida. Ensanchar el corazón, abrirlo y dejarlo para siempre, abierto como Cristo, se dejó traspasar el Corazón y ha quedado eternamente abierto para que muchos puedan morar en él. El amor dispuesto al dolor es el que es fecundo. “Ensancha el espacio de tu tienda, las cortinas extiende, no te detengas, porque a derecha a izquierda te expandirás, tu prole heredarás” (Is 54). El amor que es capaz de dejarse traspasar es el que da vida.

Es en esta dimensión del amor fecundo, que el sufrimiento vivido en comunión con Cristo y ofrecido por el bien de la humanidad, se convierte en manantial de vida. Es el sufrimiento abrazado y asumido con amor, el que es capaz de dar vida: por ello el evangelio del sufrimiento está plenamente unido al evangelio de la vida, y estos dos evangelios fluyen del evangelio del amor.

Hay una fuerza misteriosa de fecundidad espiritual en el dolor que es abrazado y ofrecido por amor. Este es precisamente el gran testimonio de los santos, que han sabido descubrir este gran tesoro escondido. Algunos de ellos, han sido llamados a grandes alturas de ofrecimiento oblativo, se les llama “almas victimas”.

Almas victimas: el sufrimiento como vocación
“El Evangelio del sufrimiento, a través de la experiencia y la palabra de los Apóstoles, se convierte en fuente inagotable para las generaciones siempre nuevas que se suceden en la historia de la Iglesia. El Evangelio del sufrimiento significa no sólo la presencia del sufrimiento en el Evangelio, como uno de los temas de la Buena Nueva, sino además la revelación de la fuerza salvadora y del significado salvífico del sufrimiento en la misión mesiánica de Cristo y luego en la misión y en la vocación de la Iglesia.” (Salvificis Doloris # 25).

El Evangelio del sufrimiento es parte esencial de la Buena Nueva proclamada por Cristo, o sea, el dolor ha sido incluido en la Buena Noticia del Reino de los Cielos. Tiene un valor poderosísimo, aunque escondido, que es necesario descubrir: 1 Cor 3: “la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden, pero para los llamados es fuerza de Dios”. ¿Fuerza? Vigor y capacidad, poder, para mover algo o a alguien, que tenga peso o haga resistencia. Esa es la fuerza de la cruz. En la conclusión de la Carta Apostólica nos dice el Santo Padre: “A vosotros que sufrís, os pido que nos ayudéis. Pido seáis una fuente de fuerza para la Iglesia y para la humanidad. En la terrible batalla entre las fuerzas del bien y del mal que nos presenta el mundo contemporáneo, venza vuestro sufrimiento en unión a la Cruz de Cristo”

Muchos hombres y mujeres en la historia de la Iglesia han sido llamados a abrazar esta fuerza del Evangelio del sufrimiento en grados altísimos de oblación y ofrecimiento. Estos, llamados almas víctimas, cooperan de manera particular con la obra redentora de Cristo en cada generación. La cruz es reproducida en sus vidas formándolos en víctimas de amor. Ellos abrazan la cruz por amor a Cristo, en plena comunión con El y en imitación plena al Maestro, ofreciéndose como el, con El y en El, por la salvación de la humanidad y para el bien de toda la Iglesia.

Si, para estas almas, el dolor no solo ha sido una experiencia inevitable de la vida humana, y de la vida terrena, para ellos, el dolor ha sido una vocación, un llamado de Dios, una misión. Como se lo diría la Virgen en Lourdes a Santa Bernardita: “no te prometo felicidad aquí en la tierra, sino en el cielo”. O, como invitaría la Virgen a los pastorcitos en Fátima: :-"Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviaros como reparación de los pecados con que El es ofendido y de suplica por la conversión de los pecadores?" -Si queremos. -"Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios os fortalecerá".

Estos santos y santas, encarnan de manera particular lo profetizado por Isaías sobre el Mesías:, “Varón de dolores, conocedor del sufrimiento”; y aunque todos somos llamados a esta dimensión heroica del amor, unos son llamados a grandes y excelsas alturas de amor oblativo: El Padre Pío, el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia, conocedor de dolores del alma y del cuerpo, : “Ten por cierto que si a Dios un alma le es grata, más la pondrá a prueba. Por tanto, ¡Coraje! y adelante siempre, sin detenerse en el camino al Calvario”. El Ángel de Fátima exhortaba a los pequeños pastorcitos: “Aceptad y soportad con sumisión los sufrimientos que el Señor os envíe”, para que cumplan los designios de misericordia que los Corazones de Jesús y María, tienen sobre ustedes.

Las almas víctimas, son llamados por vocación a la completa donación a Dios para vivir plenamente en ofrecimiento de reparación, de expiación, como inmolación total a Dios por el bien, protección, conversión, de la humanidad y de la Iglesia. Se disponen a vivir y abrazar por completo la voluntad de Dios, para ser canales eficaces de su gracia y misericordia en su momento histórico y desde el cielo, después de su muerte. Se dejan consumir en Dios y por Dios, en el poder fecundo de la Cruz por el bien de las almas. Como se nos diría en la reciente beatificación de Ana Catalina Emmerick: «vivía en perfecta sintonía con el misterio de la vida, pasión y muerte de Jesús –. Sus estigmas son el testimonio clarísimo de su unión existencial con Jesús». «Su disponibilidad al sufrimiento no tenía otro fundamento que su amor hacia el Crucifijo y su preocupación por el prójimo.”

Estas almas, no solo se resignan a los sufrimientos sino que activamente los abrazan, los acogen, y sin resistencia alguna, permiten la acción de Dios, purificadora y santificadora, y le dejan que actúe hasta lo mas profundo para eliminar toda imperfección del alma que impide la perfecta conformidad con la voluntad divina. Abandonan todo por completo a Dios: su inteligencia, su voluntad, su sentir y su obrar. Se convierten en ofrenda, en sacrificio vivo. “Ofrezcanse hermanos, como hostias vivas, santas y agradables a Dios”. (Rm 12). Este llamado no es de iniciativa humana, no son ellos quienes lo buscan, es una petición directa de Dios y requiere una madurez espiritual y una vida de comunión muy elevada con Dios, para poder vivir con santidad, virtud heroica y disciplina, los sacrificios que esta vocación conllevará. Son almas purificadas en el fuego, moldeadas en la cruz, transfiguradas en el amor divino, excelentísimamente dóciles al poder del Espíritu Santo, con una misión definida, por la cual deben entregar su vida. Almas, que como Cristo, entregan su vida con las características del auténtico amor, voluntaria y libremente, cf. Jn 10:17: “doy mi vida.. Nadie me la quita, yo la doy voluntariamente”.

“Si el primer gran capítulo del Evangelio del sufrimiento está escrito, a lo largo de las generaciones, por aquellos que sufren persecuciones por Cristo, igualmente se desarrolla a través de la historia otro gran capítulo de este Evangelio. Lo escriben todos los que sufren con Cristo, uniendo los propios sufrimientos humanos a su sufrimiento salvador.” (Salvificis Doloris # 26)

Es un don de la misericordia de Dios para la humanidad que El llame a hombres y mujeres a este ofrecimiento victimal. La historia de la Iglesia del último siglo ha sido muy fecunda con muchos y grandes capítulos de amor oblativo, escritos por santos que se ofrecieron a sufrir y ser canales de gracia para un mundo tan urgentemente necesitado de la misericordia divina: Santa Teresita, Santa Gema, San Padre Pío, Santa Faustina, San Maximiliano, S. Teresa Newman, Beata Ann Catherine Emmerick, Sierva Marta Robin, B. Alejandrina V. Conchita Armida, B. Jacinta y Francisco.. Y muchos otros, todavía escondidos o en proceso de ser reconocidos.., etc.. Como Luke John Hoocker, niño que vivió sólo cinco años, en Pennsylvania; murió en 1996. Desde muy pequeño se manifestó en él un cáncer que le hizo conocer de cerca el sufrimiento. El Espíritu Santo le enseñó el misterio del dolor; con cuatro años era capaz de decir a su madre que no pidiera calmantes para sus dolores pues “yo debo sufrir por los pecadores”. Contemplaba constantemente el crucifijo; por una operación le quedó sobre su estómago una cicatriz en forma de cruz; y siempre dibujaba cruces como esa que él llevaba. Un día, con un gesto de cortesía, dibujó una cruz para una religiosa que lo visitaba, y se la dio con la expresa indicación de que “debía compartirla con las otras hermanas. ¿Este es el secreto, hermana? Así le dijo, para ser santos. A su padre, le dijo, que los santos son los que aman mucho a Dios y no les importa lo que haya que sufrir. Él mismo día de su muerte, mientras se celebraba una Misa en su cuarto, se quedó mirando el crucifijo, y le dijo a su mamá: Mamá, ¿ves? La Cruz... tiene alas para llevarme al Cielo.



Santa María Faustina
Hoy dispongamos, aunque sea brevemente a leer el capítulo que Santa María Faustina escribe en la historia del ofrecimiento heroico para el bien de toda la humanidad y de la Iglesia.

Santa Faustina, alma víctima del amor misericordioso del Corazón de Cristo
“Oh Jesús mío cada uno de tus santos refleja en si una de tus virtudes, yo deseo reflejar tu corazón compasivo y lleno de misericordia. “Que tu misericordia, quede impresa sobre mi corazón como un sello, y este será mi signo distintivo en esta vida y en la otra” (#1242).

A Santa Faustina durante su tercer año de noviciado le fue revelado lo que era ser Alma Víctima. Anota ella en su diario: "sufrir es una gracia grande; a través del sufrimiento el alma se hace como la del Salvador; en el sufrimiento el amor se cristaliza, mientras más grande el sufrimiento más puro el amor".

Con estas palabras, Jesús preparaba a Santa Faustina para la vocación dentro de su vocación religiosa a la que sería llamada: una victima, una hostia viva... “Hija mía, quiero enseñarte a salvar almas con el sacrificio y la oración. Quiero ver en ti una ofrenda de amor vivo, ya que solo entonces tendrás gran poder frente a mi. Tienes que ser aniquilada, destruida, vivir como si estuvieras muerta en tu esencia mas secreta, entonces serás para mi una ofrenda agradable un holocausto. Tu fuerza será potente cuando intercedas por alguien” (#1767). Luego le revela su llamado: “Durante la Santa Misa vi al Señor Jesús clavado en la cruz, entre grandes sufrimientos. Un silencioso gemido salía de su Corazón, un momento después dijo: 'Deseo, deseo la salvación de las almas; ayúdame, hija Mía, a salvar almas. Une tus sufrimientos a Mi Pasión y ofrécelos al Padre Celestial por los pecadores'”. (#1032)

Santa Faustina se ofreció como víctima por los pecadores y con este propósito experimentó muchos y diversos sufrimientos. # 1612: “tengo necesidad de tus sufrimientos para salvar almas.” Durante una hora particular de adoración, Dios le reveló a Santa Faustina todo lo que ella tendría que sufrir: soledad, pobreza, falsas acusaciones, la pérdida del buen nombre, abandono, desprecio y muchos sufrimientos físicos, incluyendo las estigmas invisibles.. Cuando la visión terminó, un sudor frío bañó su frente. Consciente de que todo este misterio dependía de su libre aceptación, consintió libremente al sacrificio en completo uso de sus facultades. Luego escribió lo siguiente en su diario: “De repente, cuando había consentido a hacer el sacrificio con todo mi corazón y todo mi entendimiento; la presencia de Dios me cubrió, me parecía que me moría de amor a la vista de su mirada.”

Durante la Cuaresma de 1933, experimentó en su propio cuerpo y corazón la Pasión del Señor, recibiendo invisiblemente las estigmas. Ella lo narra así: "Un día durante la oración, vi una gran luz y de esta luz salían rayos que me envolvían completamente. De pronto sentí un dolor muy agudo en mis manos, en mis pies, y en mi costado, y sentí el dolor de la corona de espinas, pero esto fue sólo por un tiempo bien corto."

Tiempo más tarde, cuando Santa Faustina se enfermó de Tuberculosis, experimentó nuevamente los sufrimientos de la Pasión del Señor repitiéndose todos los Viernes y algunas veces cuando se encontraba con un alma que no estaba en estado de gracia. “Los sufrimientos eran dolorosos y de corta duración, no los hubiera soportado sin una gracia especial de Dios “.

El Diario de Santa Faustina es una lección extensa sobre el sufrimiento y su valor salvífico. A través del diario podemos descubrir su vida de ofrecimiento vivida de una forma natural y serena. Cumplía fielmente con todos sus deberes en el convento, sin llamar la atención sobre sí ni manifestar nada extraordinario en la aparente monotonía de su vida cotidiana. Es característica de las almas víctimas esta “vida escondida”,unida al sacrificio eucarístico, viven una generosidad y caridad heroicamente escondida. Son victimas de amor, de caridad que no conoce limites, incluso del amor que es mas fuerte que la muerte y por eso, su ofrecimiento incluso alcanza a las almas del purgatorio. Descubramos en el diario de Santa Faustina, algunos ejemplos de su victimazgo por las almas.

Por Polonia, detiene los castigos para su país
(#1038) “Polonia, patria mía querida, oh si supieras cuantos sacrificios ofrezco por ti

(#39) “un día Jesús me dijo que iba a castigar la ciudad mas bonita de nuestra patria, el castigo iba a ser igual al de Sodoma y Gomorra. Vi la gran ira de Dios y un escalofrió traspasó mi corazón. Rogué en silencio, un momento después Jesús me dijo: niña mía, durante el sacrificio unete estrechamente conmigo y ofrece al Padre Celestial mi sangre y mis llagas, como propiciación de los pecados de esta ciudad. Repítelo ininterrumpidamente durante toda la Santa Misa durante 7 días. Al séptimo día vi a Jesús viendo con benevolencia hacia esa ciudad y mi país, y me dijo: Por ti bendigo al país entero”.

Por Rusia
(#818) “el día de hoy ofrecí todos mis sufrimientos y oraciones por el pobre país de Rusia. Después de la Santa Comunión, Jesús me dijo: “no puedo soportar este país por mas tiempo, no me ates las manos, hija mía. Comprendí que si no hubiese sido por las plegarias de las almas, esta nación hubiera vuelto a la nada. Oh cuanto sufro de este país que expulsó a Dios de sus fronteras”.

Por los sacerdotes
(#823) “ofrecí este día por los sacerdotes, hoy he sufrido mas que cualquier otro día interior y exteriormente”. No sabía que era posible sufrir tanto en un solo día. En la hora santa mi espíritu ha probado la amargura del huerto de los olivos. “

En expiación por los pecados del mundo
(#
1619): “Dos últimos días del carnaval. Aumentaron mis sufrimientos físicos. Me uní mas estrechamente al Salvador doliente pidiendo misericordia para el mundo entero, desenfrenado en su maldad. Durante todo el día sentí el dolor de la corona de espinas. Al acostarme no pude apoyar la cabeza en la almohada.”

(#1574) “Uno mis sufrimientos, mis amarguras y mi agonía a tu Sagrada Pasión y me ofrezco por el mundo entero para obtener una abundancia de misericordia para las almas, especialmente para las almas que viven en nuestras casas”.

Los Estigmas:
por los que no están en gracia
(#705) Padezco sufrimientos en las manos, los pies y el costado, en los lugares que Jesús tenía traspasados. Experimento particularmente estos sufrimientos cuando me encuentro con un alma que no está en el estado de gracia.”

Por pecadores agonizantes:
“Hoy mas que nunca sentí la pasión del Señor en mi cuerpo por un pecador agonizante. (#1724)

Por la conversión de almas
(#1627) “hoy sentí la pasión de Jesús en todo mi cuerpo y el Señor me hizo conocer la conversión de ciertas almas”

(#1305) “hoy mientras hablaba con un alma que tocó la puerta de nuestras casas, y durante la conversación se ha renovado en mi la pasión de Jesús. Durante tres días sufrí mucho por esa alma “

Era despertada para rezar y sufrir por los moribundos
“por la noche fui despertada súbitamente y conocí que un alma tenía necesidad de oración, con toda mi alma pedí al Señor la gracia para ella. Al día siguiente pasado ya el mediodía entré en la sala y vi a esta persona agonizante cuya agonía había empezado la noche anterior cuando me pidió oraciones. De repente oí en el alma la voz, reza la coronilla que te he enseñado por ella. Mientras la rezaba ella abrió los ojos, y murió con una asombrosa serenidad” (esta alma fue la primera que experimentó la promesa dada a la coronilla)

(#820 ) “El ángel custodio me recomendó que rezara por cierta alma, y a la mañana siguiente supe que era un hombre que había empezado a agonizar. De modo sorprendente Jesús me da a conocer cuando los moribundos necesitan mis plegarias y sacrificios”.

por las almas del purgatorio
(#
1723) “una noche vino a verme el alma de cierta jovencita y me hizo sentir su presencia dándome a conocer que necesita mi oración y sacrificios. Conocí que estaba en el purgatorio y ofrecí las indulgencias del día siguiente por ella”.

(#594) “una noche vino a mi una de las hermanas difuntas que antes había venido a verme. La primera vez la vi en un gran estado de sufrimiento. Luego eran cada vez menores y esta noche la vi resplandeciente de felicidad. Se acercó a mi dando las gracias por haberla sacado del purgatorio”:

(#1185) “una hermana difunta le pide un día de ayuno y que en ese día ofreciera todas las practicas de piedad por ella.”

Por la protección del mundo entero
(#
1722) “Si no me ataras las manos enviaría muchos castigos sobre la tierra. Hija mía tu mirada desarma mi ira; me llamas con tal fuerza que todo el cielo se estremece. No puedo huir de tu súplica”.

Penas por el aborto
(#1276) “a las 8 experimenté unos dolores tan violentos que tuve que acostarme enseguida; he estado contorsionándome por estos dolores durante 3 horas, ninguna medicina me alivió. Jesús me hizo saber que el mismo había permitido estos sufrimientos en reparación a Dios por las almas asesinadas en el seno de sus madres. Estos dolores me han sucedido ya tres veces”.

Agonía Interior
Le pidió a ella incluso vivirlos en soledad: “en tus sufrimientos físicos y también morales, hija mía, no busques compasión de las criaturas. Deseo que la fragancia de tus sufrimientos sea pura, sin ninguna mezcla. Exijo que te distancies no solamente de las criaturas, sino también de ti misma”.

(#1558) “Pasé toda la noche con Jesús en Getsemaní. Un continuo gemido de dolor salía de mi pecho. La agonía natural será mas leve, porque durante ella se agoniza y se muere, mientras aquí uno agoniza sin poder morir. Oh Jesús no creía que existieran sufrimientos de este tipo”.

Sufre rechazos, juicios, desprecios, abandonos, incomprensiones– y las acechanzas y venganzas del demonio.
(#644) “cuando me alejé del confesionario, todo un enredo de pensamientos oprimió mi alma. El demonio me decía: ¿para que ser sincera con el confesor? Constantemente oigo esas voces interiores que quieren atormentarme. Satanás se burla de ella, y que reía por cuidarse de las almas. Mira como sufres y lo que vas a sufrir todavía... ¿Cual es tu recompensa a tanto sufrimiento?

Su recompensa.......alcanza la conversión de muchos
(#
709) “Hoy mientras rezaba el rosario , vi de repente el copón con el Santísimo Sacramento. El copón estaba descubierto y con bastantes Hostias. Desde el copón salió una voz: Estas hostias fueron recibidas por las almas convertidas con tus plegarias y tu sufrimientos”.

Hemos visto algunos ejemplos de lo que una vida que ha abrazado por amor la vocación al sufrimiento puede lograr para el bien de la humanidad. Esta generosidad heróica solo proviene de la fuerza del amor crucificado de Cristo, de Aquel que se ha entregado por nosotros, que ha vencido el mal con el poder del bien. El amor triunfa, porque el amor que es capaz de sufrir, es el único que es fecundo. Solo el amor es capaz de abrir, rasgar el corazón para engendrar la vida de Cristo en el mundo. Gracias Santa Faustina, por manifestar con tu vida lo que nos enseña S. Francisco de Sales: “el límite del amor es amar sin límites”.

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