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Escribo esta carta con amor por la Iglesia...

31 de Julio de 2017
Festividad de san Ignacio de Loyola

Santidad:

Escribo esta carta con amor por la Iglesia y sincero respeto por su ministerio. Usted es el Vicario de Cristo en la tierra, el pastor de su grey, el sucesor de San Pedro y, por lo tanto, la roca sobre la que Cristo construirá su Iglesia. Todos los católicos, clero y laicos por igual, deben dirigirse a usted con lealtad filial y obediencia fundamentadas en la verdad. La Iglesia se dirige a usted con espíritu de fe, con la esperanza que usted la guíe con amor.

Sin embargo, Santidad, su pontificado parece estar marcado por una confusión crónica. La luz de la fe, la esperanza y el amor no está ausente, pero demasiado a menudo está oscurecida por la ambigüedad de sus palabras y acciones. Esto hace que entre los fieles haya una inquietud cada vez mayor, lo cual compromete su capacidad de amor, alegría y paz. Permítame ofrecer unos pocos ejemplos breves.

Primero está el discutido capítulo 8 de Amoris Laetitia. No necesito compartir mis propias preocupaciones acerca de su contenido. Otros, no sólo teólogos, sino también cardenales y obispos, ya lo han hecho. La fuente principal de preocupación es su manera de enseñar. En Amoris Laetitia, a veces su guía parece ser intencionadamente ambigua, invitando tanto a una interpretación tradicional de la enseñanza católica sobre el matrimonio y el divorcio, como a una interpretación que podría implicar un cambio en esa enseñanza. Tal como usted observa sabiamente, los pastores deben acompañar y animar a las personas que viven en matrimonios irregulares; pero la ambigüedad persiste con respecto al significado real de ese "acompañamiento". Enseñar con esa falta de claridad aparentemente intencional corre inevitablemente el riesgo de llevar a pecar contra el Espíritu Santo, el Espíritu de la verdad. El Espíritu Santo es dado a la Iglesia y, sobre todo, a usted, para disipar el error, no para fomentarlo. Además, sólo donde hay verdad puede haber amor auténtico, porque la verdad es la luz que libera a las mujeres y a los hombres de la ceguera del pecado, una oscuridad que mata la vida del alma. Pero usted parece censurar e incluso mofarse de quienes interpretan el capítulo 8 de Amoris Laetitia según la tradición de la Iglesia, tachándolos de fariseos apedreadores que personifican un rigorismo inmisericorde. Esta clase de calumnia es ajena a la naturaleza del ministerio petrino. Algunos de sus consejeros parecen dedicarse lamentablemente a este tipo de acciones. Dicho comportamiento da la impresión de que sus puntos de vista no puedan sobrevivir a un escrutinio teológico, por lo que deben ser sostenidos mediante argumentos ad hominem.

Segundo. Demasiado a menudo sus maneras parecen menospreciar la importancia de la doctrina de la Iglesia. Una y otra vez usted retrata la doctrina como algo muerto y libresco, lejos de las preocupaciones pastorales de la vida cotidiana. Quienes le critican han sido acusados –son palabras suyas– de hacer de la doctrina una ideología. Pero es precisamente la doctrina cristiana –incluyendo las sutiles distinciones hechas con respecto a creencias centrales como la naturaleza trinitaria de Dios, la naturaleza y finalidad de la Iglesia, la Encarnación, la Redención, los sacramentos- la que libera al hombre de las ideologías mundanas y le garantiza que está predicando y enseñando realmente el Evangelio auténtico y dador de vida. Quienes devalúan las doctrinas de la Iglesia se separan de Jesús, autor de la verdad. Lo que ellos poseen entonces, y sólo pueden poseer, es una ideología -una ideología que se conforma al mundo del pecado y de la muerte.

Tercero. Los fieles católicos sólo pueden están desconcertados por su elección de algunos obispos, hombres que parecen no sólo simplemente abiertos a quienes sostienen puntos de vista contrarios a la fe cristiana, sino que también los apoyan e incluso los defienden. Lo que escandaliza a los creyentes, e incluso a algunos hermanos obispos, no es sólo el hecho que usted nombre a estos hombres como pastores de la Iglesia, sino que también parece estar en silencio ante su enseñanza y práctica pastoral, lo cual debilita el celo de muchas mujeres y hombres que han defendido la auténtica enseñanza católica durante mucho tiempo, muchas veces arriesgando su propia reputación y bienestar. El resultado es que muchos fieles, que personifican el sensus fidelium, están perdiendo la confianza en su pastor supremo.

Cuarto. La Iglesia es un cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo, y el Señor le ha encargado a usted promover y fortalecer su unidad. Pero sus acciones y palabras parecen dedicarse, demasiado a menudo, a hacer lo opuesto. Alentar una forma de "sinodalidad" que permite y fomenta varias opciones doctrinales y morales dentro de la Iglesia sólo puede llevar a una mayor confusión teológica y pastoral. Dicha sinodalidad es insensata y, en la práctica, opera contra la unidad colegial entre los obispos.

Santo Padre, esto me lleva a mi preocupación final. En reiteradas oportunidades Usted ha hablado sobre la necesidad de que haya transparencia dentro de la Iglesia. Usted ha exhortado muchas veces, especialmente durante los dos últimos sínodos, a que todas las personas, especialmente los obispos, hablen francamente y no tengan miedo de lo que pueda pensar el Papa. ¿Pero ha advertido usted que la mayoría de los obispos del mundo están llamativamente silenciosos? ¿Por qué es esto? Los obispos aprenden rápido, y lo que muchos han aprendido de su pontificado no es que usted está abierto a las críticas, sino que le molesta ser objeto de ellas. Muchos obispos están silenciosos porque desean ser leales a usted, y, por consiguiente, no expresan –por lo menos públicamente; en privado es otro tema– la preocupación que les causa su pontificado. Muchos temen que si hablan francamente serán marginados o que les puede suceder algo peor.

Me preguntado muchas veces: "¿Por qué Jesús deja que todo esto ocurra?". La única respuesta que me viene a la mente es que Jesús quiere manifestar cuán débil es la fe de muchas personas que están dentro de la Iglesia, incluso de muchos, demasiados, obispos. Irónicamente, su pontificado le ha dado a quienes sostienen un punto de vista pastoral y teológico perjudicial la licencia y la confianza para salir a la luz y exponer su oscuridad, que antes estaba oculta. Al reconocer esta oscuridad, la Iglesia necesitará humildemente renovarse y, así, seguir creciendo en santidad.
Santo Padre, rezo constantemente por usted y lo seguiré haciendo. Que el Espíritu Santo le guíe hacia la luz de la verdad y a la vida de amor, para que pueda dispersar la oscuridad que en estos momentos está ocultando la belleza de la Iglesia de Jesús.
Sinceramente suyo en Cristo,

Thomas G. Weinandy, O.F.M., Cap.

Publicada originalmente en inglés en: www.ncregister.com/…/full-text-of-fa…
© EWTN News, Inc. Reprinted with permission from the National Catholic Register

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

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Muchos sacerdotes y laicos católicos se encuentran en adulterio espiritual, se han separado de la Iglesia católica y se han unido a una iglesia concubina, formando parte de la anti iglesia liderada e instalada por el heresiarca Bergoglio. El Papa Benedicto XVI renunció al ejercicio activo como Obispo de Roma pero NUNCA renunció al Ministerio Petrino por lo que NUNCA hubo sucesión apostólicaMás
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adeste fideles
Hechos 5,29 "¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres! —respondieron Pedro y los demás apóstoles"
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adeste fideles
La OBEDIENCIA primera es hacia DIOS.
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vgg
Vg2: Esto, en realidad, es otra "Dubia". Si cree en el Papa le toca practicar la OBEDIENCIA y no ser otro juez de él. Así no hace otra cosa que echar más leña a la hoguera. Tenga FE que el Espíritu Santo proveerá sin lugar a duda.