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Todos a la escuela del Anticristo. Pero un cardenal se rebela

Por Sandro Magister

Mientras arrecia la polémica en vista el Sínodo sobre la Amazonia, que en realidad tiene su epicentro en la Iglesia alemana, ha pasado casi desapercibida la última intervención del papa Francisco.

Ella tiene por título: “Reconstruir el pacto educativo global” y está abierta a “todas las personalidades públicas” que “se comprometen a nivel mundial” en el campo de la escuela, cualquiera sea la religión a la que pertenezcan. El anuncio fue dado el 12 de setiembre y la cumbre está convocada para el 14 de mayo del 2020 en el Vaticano.

No sorprende que un Papa como Jorge Mario Bergoglio, que pertenece a la Compañía de Jesús – durante siglos gran formadora de las clases dirigentes – tenga tan en el corazón a la escuela y la formación de las nuevas generaciones. Pero lo que golpea es la total ausencia en este proyecto educativo suyo de alguna especificidad cristiana.

En el video mensaje con el que Francisco lanza la iniciativa no hay la más mínima alusión ni a Dios, ni a Jesús, ni a la Iglesia. La fórmula dominante es el “nuevo humanismo”, con su ropaje de la “casa común”, la “solidaridad universal”, la “fraternidad”, la “convergencia”, el “acogimiento”…

¿Y las religiones? También ellas están agrupadas y neutralizadas en un “diálogo” indiferenciado. Para “bonificar el terreno de las discriminaciones” el Papa remite al documento “Sobre la Fraternidad Humana” suscrito por él el 4 de febrero de 2019 con el Gran Imán de Al-Azhar, un documento en el que también “el pluralismo y las diferentes religiones” son reorientadas a la “sapiente voluntad divina con la que Dios ha creado a los seres humanos”.

La novedad de esta iniciativa de Francisco consiste precisamente en el hecho que es la primera vez que un Papa hace suyo y se pone al frente de un pacto educativo tan radicalmente secularizado. Porque en realidad un “nuevo humanismo” sin Cristo no es una novedad, sino una constante en el pensamiento de Occidente de los últimos dos siglos.

Del Gran Inquisidor, de Fedor Dostoevskij, al Evangelio según León Tolstoi, al Anticristo de Vladimir Soloviev, al “nuevo humanismo”, precisamente, de Edgar Morin – el filósofo francés recibido por Francisco en audiencia privada el 27 de junio al día siguiente de una conferencia en Roma, justamente sobre las “convergencias” de su pensamiento con la visión del actual Papa -, son muchas las formas con las que se disuelve la persona única e inconfundible de Cristo, sustituida por un amor genérico por la humanidad.

“Dentro de este proyecto – comentó Luisella Scrosati en la edición del 16 de setiembre de La Nuova Bussola Quotidiana – también Dios es bien recibido, siempre y cuando se siente entre los invitados a la fiesta de esta nueva humanidad solidaria y no pretenda ser el Esposo que llama a la boda y que directamente decide dejar afuera a quien no tiene el vestido nupcial”.

En el 2005 fue un gran teólogo y cardenal, llamado Giacomo Biffi (1928-2015), quien llamó enérgicamente la atención sobre la “gran crisis que ha golpeado al cristianismo en las últimas décadas del siglo XX”, vaciando la sustancia en nombre de una fraternidad universal.

Biffi, en un capítulo de un libro suyo, retomó el relato del Anticristo escrito en el 1900 por el teólogo y filósofo ruso Vladimir Soloviev, y lo aplicó a la Iglesia actual.

Aquí a continuación presentamos algunos pasajes fulgurantes. Y más que actuales.

VENDRÁN DÍAS, Y YA HAN VENIDO…
Por Giacomo Biffi

El Anticristo, dice Soloviev, […] creía en el bien e incluso en Dios. […] Daba “altísimas demostraciones de moderación, de desinterés y de activa beneficencia”. […] El libro que le había procurado fama y consenso universal lleva el título de “El camino abierto hacia la paz y la prosperidad universal”. […].

Es verdad que algunos hombres de fe se preguntaron por qué no se nombró ni siquiera una sola vez el nombre de Cristo. Pero otros rebatían: “Desde el momento que el contenido del libro está permeado por el verdadero espíritu cristiano, por el amor activo y por la benevolencia universal, ¿qué más quieren ustedes? […]

Donde la exposición de Soloviev se demuestra particularmente original y sorprendente – y merece la más profunda reflexión – es en la atribución al Anticristo de las calificaciones de pacifista, de ecologista, de ecumenista. [...]

En esta descripción del Anticristo, Soloviev […] alude sobre todo al “nuevo cristianismo” del que en esos años León Tolstoi se convirtió en eficaz pregonero. [...]

En su “Evangelio” Tolstoi reduce todo el cristianismo a las cinco reglas de comportamiento que él extrapola del Discurso de la Montaña:

1. No sólo no debes matar, sino que ni siquiera debes enojarte con tu hermano.
2. No debes ceder a la sensualidad, al punto que no debes desear ni siquiera a tu propia esposa.
3. No debes obligarte jamás con un juramento.
4. No debes resistir al mal, pero debes aplicar hasta el fondo y en cada caso el principio de la no-violencia.
5. Ama, ayuda, sirve a tu enemigo.

Estos preceptos, según Tolstoi, provienen efectivamente de Cristo, pero para ser válidos no tienen para nada necesidad de la existencia actual del Hijo del Dios vivo. [...]

Ciertamente, Soloviev no identifica materialmente al gran novelista con la figura del Anticristo. Pero ha intuido con extraordinaria clarividencia que precisamente la “doctrina” de Tolstoi se convertiría a lo largo del siglo XX en un vehículo de vaciamiento sustancial del mensaje evangélico, bajo la formal exaltación de una ética y de un amor por la humanidad que se presentan como “valores” cristianos. [...]

Vendrán días, nos dice Soloviev – y más bien ya han venido, decimos nosotros – en los que en la cristiandad se tenderá a disolver el hecho salvífico, que no puede ser recibido si no es en el acto difícil, valiente, concreto y racional de la fe, en una serie de “valores” fácilmente comercializables en los mercados mundanos.

Debemos cuidarnos de este peligro, nos avisa el más grande los filósofos rusos. Aun cuando un cristianismo tolstoiano nos hiciese infinitamente más aceptables en los salones, en las agrupaciones sociales y políticas, en las transmisiones televisivas, no podemos y no debemos renunciar al cristianismo de Jesucristo, el cristianismo que tiene en su centro el escándalo de la cruz y la realidad impresionante de la resurrección del Señor.

Jesucristo, el Hijo de Dios crucificado y resucitado, único salvador del hombre, no es traducible en una serie de buenos proyectos y de buenas inspiraciones, homologables con la mentalidad mundana dominante. Jesucristo es una “piedra”, como él ha dicho de sí mismo. Sobre esta “piedra” o se construye (confiando) o nos embarramos (oponiéndonos): “El que caiga sobre esta piedra se destrozará, y aquél sobre quien caiga le aplastará” (Mt 21, 44). [...]

En consecuencia, el magisterio de Soloviev ha sido profético y al mismo tiempo un magisterio largamente no escuchado. Pero nosotros queremos volver a proponerlo, en la esperanza que la cristiandad finalmente se sienta interpelada y le preste un poco de atención.

Publicado originalmente en italiano el 19 de setiembre de 2019, en magister.blogautore.espresso.repubblica.it/…/tutti-a-scuola-…

Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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La Salette (septiembre 19 de 1846): «el número de Sacerdotes y religiosos que se separarán de la verdadera religión será grande»
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