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Sobre Hong Kong el papa calla y obedece a Pekín

Por Sandro Magister | 16 septiembre, 2019

El silencio sobre todo lo que puede irritar a las autoridades de Pekín es seguramente uno de los precios que la Santa Sede tiene que pagar para que no se rompa el frágil acuerdo sobre el nombramiento de los obispos, firmado el 22 de septiembre de 2018 entre la Santa Sede y China.

Es un silencio al que se ha sometido en primer lugar el papa Francisco, normalmente muy locuaz sobre todo y sobre todos, pero que en relación a las protestas populares que desde hace tres meses inflaman Hong Kong no ha dicho ni una sola palabra.

Y sin embargo estas protestas han tenido desde el principio en primera línea, como protagonistas, a los cristianos y, sobre todo, a los católicos, que son sólo el 8 por ciento de la población de la ciudad, pero que son muy activos e influyentes, empezando por sus autoridades:

> Quanta Chiesa c’è nella piazza di Hong Kong

En junio, quien dirigió las primeras vigilias de oración (ver foto) delante del edificio del Consejo legislativo fue el obispo auxiliar de Hong Kong, Giuseppe Ha Chishing, fraile franciscano. Y el primer gran llamamiento para que se retirara la ley sobre la extradición a China -la mecha que ha encendido la protesta- tenía como primer firmante al cardenal Giovanni Tong Hon, anteriormente obispo de Hong Kong y ahora administrador apostólico de la diócesis a la espera de que Roma nombre a su sucesor.

En la diócesis de Hong Kong, Roma no tiene que someterse a los vínculos que en la China continental supeditan la elección de cada nuevo obispo a la autoridad de Pekín. Pero el retraso en el nombramiento es una prueba del temor de la Santa Sede a irritar a la contraparte china.

El resultado es que los católicos de Hong Kong -obispos, sacerdotes, religiosas, fieles- se encuentran solos en la protestas, sin ningún apoyo por parte de Roma.

Y si hablan, pueden hacerlo sólo a título personal, como ha manifestado el obispo auxiliar Ha en la entrevista que ha concedido hace unos días a la agencia “Asia News” del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras:

> Mons. Ha de Hong Kong: estamos cerca de los jóvenes y trabajamos por la reconciliación

Pero el silencio sobre Hong Kong no es el único elemento revelador de la difícil relación entre la Iglesia de Roma y China.

Para un escenario más general del enorme poder que ejercen las autoridades chinas sobre las religiones y, en particular, sobre la Iglesia católica, también después del acuerdo de hace un año, es muy instructivo el informe que presentó el padre Bernardo Cervellera, director de «Asia News», en un congreso en Alemania a finales de agosto.

A continuación publicamos dicho informe con el permiso del autor, pero sin el utilísimo aparato documental -los enlaces, las notas- que se encuentra en el texto disponible en “Asia News” en italiano, inglés y español, además de en chino:

> La política religiosa en China, antes y después del acuerdo sino-vaticano

*

ASPECTOS DE LA POLÍTICA RELIGIOSA EN CHINA

por Bernardo Cervellera


Iglesias clausuradas o destruidas; cruces arrancadas de los campanarios o de los muros de las iglesias, cúpulas arrasadas; antiguas imágenes religiosas de santuarios, secuestradas; los signos religiosos en el interior o en el interior de las casas, eliminados; sacerdotes expulsados de su ministerio; otros, llevados por la fuerza a su pueblo de origen; jóvenes menores de 18 años, a los que se les bloquea el paso o son detenidos en las iglesias, para que no ingresen a ellas ni reciban ningún tipo de educación religiosa.

Estas son algunas de las situaciones que se presentan en la vida de la Iglesia católica en China. Para algunos sacerdotes chinos, se trata de una nueva Revolución Cultural, con su furia iconoclasta y su caos. En realidad, estas situaciones responden a un proyecto muy preciso y para nada caótico, perseguido con sofisticación y capilaridad, que se lleva adelante desde hace años.

Los Nuevas Normativas

Todas estas acciones de sofocamiento se han vuelto cada vez más comunes tras la introducción de las Nuevas normativas sobre las actividades religiosas. Promulgadas el 1° de febrero de 2018, estas disposiciones se caracterizan por:

a) una visión negativa de las religiones, como potenciales fuentes de terrorismo, división étnica y nacional, amenaza a la seguridad nacional y a la salud de los ciudadanos, … (cfr. Recomendamos particularmente el Cap. VIII de las Nuevas Normativas);

b) la afirmación de que sólo ejerciendo un control desde la cima -desde las oficinas de asuntos religiosos, en todo los niveles: nacional, provincial, en los condados, ciudades o pueblos-, una religión puede volverse viable y aceptable. Los representantes de las oficinas de asuntos religiosos, en todos los niveles, son enviados continuamente a “trabajar”, “organizar” y “controlar” la obra de las comunidades de fieles (cfr. art. 6, 26, 27);

c) nuevas disposiciones, que no solo se refieren a la construcción de lugares de culto -para lo cual se deben aguardar los permisos correspondientes a los distintos niveles: local, provincial, nacional- sino también a la colocación de cruces, estatuas, estableciendo cuáles deben ser su dimensiones, colores y ubicación. Para ello, se requiere contar con permisos y verificaciones emitidos por la Oficina de Asuntos Religiosos (arts. 29-30). En todos los casos, “se prohíbe la construcción de grandes estatuas religiosas en el exterior de templos e iglesias”.

d) nuevos ámbitos de control, que abarcan los textos publicados en Internet, para lo cual se debe contar con el permiso de las autoridades de gobierno y los cuales “no deben tener contenidos prohibidos” (arts. 47-48), con la prohibición de transmitir cualquier ceremonia religiosa por streaming.

e) la perenne necesidad de registrar al personal religioso (sacerdotes y obispos), exigiendo su compromiso en la defensa de la independencia, el auto-gobierno y el auto-financiamiento.

f) un dato nuevo: multas onerosas (de hasta 200.000 – 300.000 yuanes) en caso de realizar actividades religiosas en lugares no registrados y con personal no registrado, llegando a la confiscación del edificio donde se desarrollen las asambleas ilegales (cfr. art. 64).

Precisamente por estas multas, y ante la posibilidad de verse expropiados de los edificios donde se desarrollan reuniones religiosas no registradas (ilegales), muchos sacerdotes no oficiales enseguida se han visto empujados a aconsejar a sus fieles que dejen de reunirse, siendo que ello implica un riesgo económico grave, que podría perjudicar seriamente a las comunidades.

En efecto, las Nuevas Normativas (NN) parecen apuntar fundamentalmente a eliminar la experiencia de las comunidades no oficiales. Inmediatamente después de la implementación de las NN, durante varios meses, la policía y los representantes de la Oficina de Asuntos Religiosos se reunieron de forma capilar con obispos, sacerdotes y fieles laicos de las comunidades subterráneas, para “beber una taza de té” y “para aconsejarles” que procedan a registrarse en las comunidades oficiales. Esto explica las reiteradas “vacaciones obligadas” a que fue sometido el obispo de Wenzhou, Mons. Pedro Shao Zhumin, o los cursos de adoctrinamiento de sacerdotes en Hebei, Henan, el Interior de Mongolia…

Tolerancia cero para las comunidades subterráneas

Ahora, parece ser que hay “tolerancia cero” para las comunidades no-oficiales. Algunas de las zonas más azotadas son Hebei, Henan, Zhejiang y Fujian. Un ejemplo entre muchos es el destino que ha tocado a cuando menos 10 iglesias, en la diócesis de Qiqihar, clausuradas en su totalidad, y cuyos sacerdotes, en algunos casos, fueron expulsados del lugar y llevados por la fuerza a sus pueblos de origen.

Desde fines de septiembre del 2018, al menos siete iglesias y sus respectivas comunidades han sido suprimidas de la diócesis, cuyo obispo, Mons. José Wei Jingvi, es reconocido por la Santa Sede, pero no por el gobierno. Miembros del Frente Unido acompañados por la policía y representantes de la Oficina de Asuntos Religiosos irrumpieron en las iglesias mientras se celebraba la misa e interrumpiendo los servicios litúrgicos, expulsaron a los fieles, los amenazaron y decretaron la clausura de las comunidades. Las comunidades penalizadas son las de Shuang Fa, Zhangzhou, Feng Le, Wu Yuan, Wu Da Lian Chi, Tong Bei y Jia Ge Da Qi.

A algunos sacerdotes se les ha exigido abandonar el territorio, de no querer ser expulsados por la fuerza. Las comunidades suprimidas son, en todos los casos, “subterráneas”, es decir, no-registradas. Sin embargo, hace años que éstas mantenían buenas relaciones con las autoridades del lugar, que eran benevolentes, y hacían la vista gorda sobre sus reuniones.

Otro ejemplo clave es lo que sucede en Henan, donde casi todas las diócesis -excepto Anyang- no son reconocidas por el gobierno; allí es muy fuerte la campaña para destruir las comunidades subterráneas y forzar a los sacerdotes a registrarse.

En abril del 2018, una iglesia fue destruida en Hutuo (Xicun, Gongyi), en la diócesis de Luoyang. Pocos días después, en esa misma diócesis, la tumba y la lápida del obispo subterráneo Mons. Li Hongye (1920-2011) fueron profanadas. Los fieles pensaron que la violencia desatada contra la tumba se debió al hecho de en la inscripción de la lápida se mencionaba su cargo episcopal, no reconocido por el régimen.

El 28 de abril pasado, las autoridades locales de Weihui, en la diócesis de Anyang, destruyeron las enormes cruces de hierro que coronaban dos campanarios. Dos videos de la operación llegaron a la redacción de AsiaNews: en las filmaciones se ve al personal técnico transportando una de las cruces sobre una alta grúa. En el atrio de la iglesia, decenas de policías se dedican a prevenir posibles críticas y resistencias. Numerosos fieles, impotentes frente al abuso, se arrodillan sobre los escalones del atrio y rezan y cantan. Los fieles permanecieron en oración durante toda la jornada.

El control sobre las comunidades oficiales

La Iglesia oficial también está padeciendo controles más intensos e intolerantes. Por citar solo algunos ejemplos: en la noche del 6 al 7 de mayo de 2019, se inició la demolición de la iglesia católica de la localidad de Shen Liu, perteneciente a la diócesis de Handan (Hebei). La destrucción hasta ahora se ha llevado una enorme cruz del campanario, pero pronto comenzarán a derribar los muros. Las autoridades locales justificaron su decisión aduciendo que la iglesia y la cruz son “demasiado visibles” desde la autopista cercana, y que los automóviles que pasan por allí pueden distraerse debido al símbolo cristiano y por el edificio. Además, dicen que la iglesia no cuenta con todos los permisos de construcción. Los fieles afirman, por el contrario, que la iglesia -de la comunidad oficial- fue edificada con la autorización de la Oficina de Asuntos Religiosos. Según algunos sacerdotes de la diócesis, el gobierno local ya ha programado la destrucción de otras 23 iglesias, todas de la comunidad oficial.

En el mes de julio y en agosto de 2018, dos iglesias (oficiales) fueron destruidas en nombre de la Planificación urbana – en Qianwang y Liangwang /Shandong); los terrenos de ambas fueron confiscados para proyectos de desarrollo edilicio, sin otorgar ningún tipo de compensación.

En octubre de 2018,dos santuarios dedicados a la Virgen fueron desmantelados y privados de sus estatuas. Se trata del santuario de Nuestra Señora de los Siete Dolores, en Dongergou (Shanxi), y del santuario de Nuestra Señora de la Beatitud, más conocida como “Nuestra Señora de la Montaña”, en Anlong (Guizhou).

Algunos fieles han comentado a AsiaNews que las estatuas del santuario de Dongergou fueron secuestradas en nombre de la “sinización”: las autoridades declararon que había “demasiadas cruces” y “demasiadas decoraciones, que éstas iban más allá de todos los límites, y que por ello debían ser retiradas y destruidas.

El santuario de Nuestra Señora de la Montaña, en Anlong, fue destruido porque las autoridades declararon que carecía de los permisos de construcción correspondientes.

Los sacerdotes y obispos son víctimas de esta represión: el Pbro. Liu Jiangdong, de Zhengzhou (Henan), desde octubre de 2018 fue expulsado de su parroquia con la prohibición de vivir como sacerdote, por haberse atrevido a organizar encuentros con jóvenes menores de 18 años, infringiendo la prohibición de brindar educación religiosa a menores de edad.

Y en este punto, cabe recordar -aunque su caso sea anterior a la implementación de las NN- al obispo de Shanghái, Mons. Tadeo Ma Daqin, quien desde el 2012 permanece en régimen de aislamiento y bajo arresto domiciliario por haber osado dar un paso al costado de la Asociación Patriótica. Su retractación de nada ha servido, ya que la AP “no confía en él”.

Sinización

El control sobre la vida de la Iglesia también se da a través de la “sinización”, que si bien resalta la necesidad de inculturar la fe, exalta un patriotismo nacionalista irrespetuoso de la fe y de sus expresiones. En nombre de la “sinización”, la Iglesia no solo debe asimilar la cultura china, y expresar su credo con categorías chinas, sino también elaborar la teología, su historia y obras de arte de acuerdo con la cultura china. Quien se ocupa de verificar esta labor es, siempre, la Asociación Patriótica.

La presión por la inculturación también ha devenido en una iconoclasia y destrucción de obras de arte del pasado (“demasiado occidentales”), y de las decoraciones del exterior e interior de las iglesias, con la eliminación de las cruces de los campanarios, la destrucción de cúpulas y fachadas “que n son de estilo chino”. Ni siquiera los carteles con versos de buenos deseos por el Año Nuevo Chino pueden tener signos religiosos, ni frases religiosas, sino que deben ser estrictamente de estilo chino (¿ateo?), y se prohíbe a las iglesias vender dísticos con expresiones religiosas; a los fieles, se les prohíbe exhibirlos delante de sus casas.

La cuestión de la sinización fue lanzada por Xi Jinping allá por el 2015. Tras hacer un análisis de la situación, en la cual quedó claro qu el Partido comunista chino teme terminar como la URSS, el 20 de mayo de 2015, en un encuentro con el Frente Unido, Xi decretó que las religiones deben “sincerase” si quiero continuar viviendo en China. Esto mismo fue reafirmado en un encuentro nacional sobre asuntos religiosos, en abril 2016. para luego desembocar en su apuntes sobre las religiones, durante el XIX Congreso del PCC, en octubre de 2017.

Para Xi Jinping, sinización significa:

a) asimilación de las religiones a la cultura china, “eliminando influencias extranjeras” desde el punto de vista cultural;

b) independencia de cualquier influencia extranjera;

c) sumisión al Partido Comunista chino [1] y a su plana de líderes.

De esta forma se comprende cómo es posible que -en nombre del patriotismo y del apoyo al Partido- se obligue a las comunidades a izar la bandera china en todos los edificios religiosos, a cantar marchas patrióticas antes de las celebraciones, y a exponer el retrato de Xi Jinping, incluso en los mismos altares.

Además, se comprende otro elemento: las destrucciones que se suceden en China, no son solamente fruto del celo de alguna u otra autoridad local, sino que reflejan y al mismo tiempo se ven respaldadas por los líderes a nivel nacional y por el sumo líder, el cual es exaltado como el “corazón de la leadership”.

La sinización es una forma de hacer desaparecer la presencia pública de la Iglesia. Como evidenciaron algunas notas de una reunión interna en la AP (recibidas hace algunos días) para el futuro, se observará que las iglesias “no sean monumentales”, que no sean visibles desde los cruces de camino o desde las rutas importantes, y que “no tengan características occidentales (románico, gótico, árabe…)”, que no desarrollen ninguna función social (ejs: ayuda a los pensionados, jardín de infantes, etc.). En síntesis: preservan una mínima libertad de culto, pero apuntan a volver invisibles el lugar de culto y su caridad.

El acuerdo China-Vaticano

El acuerdo provisorio entre China y la Santa Sede, firmado el 22 de septiembre de 2018, no ha cambiado esta situación de control y sofocamiento. Es cierto que el acuerdo constituye en cierta forma una conquista, dado que por primera vez en la historia de la China moderna el Papa es reconocido como responsable de la Iglesia católica, incluso en China. Al menos, esto es lo que dicho el Vaticano, pero no sabemos cuál es el contenido del texto del acuerdo, porque hasta ahora éste no ha sido publicado.

De todas maneras, en diciembre del año pasado, Wang Zuon, el vicedirector del Frente Unido y ex director de la Administración Estatal de Asuntos Religiosos, subrayó una vez más que los pin cirios de independencia y auto-gestión no serán eliminados “en ningún momento y bajo ninguna circunstancia”.

Según habría expresado el Papa a un obispo subterráneo (Mons. Guo Xijin), si no se firmaba el acuerdo, China amenazaba con ordenar a 45 obispos ilícitos e “independientes” de la Santa Sede, creando las bases para un auténtico cisma. De modo que el acuerdo fue, lisa y llanamente, una extorsión.

Cabe notar que inmediatamente después de la firma del acuerdo, en muchas regiones de China el Frente Unido y la Asociación Patriótica desarrollaron reuniones para sacerdotes y obispos, en las cuales se les explicaba que “a pesar del acuerdo”, ellos debían abocarse a plasmar una Iglesia “independiente”. La destrucción de cruces, iglesias, las sesiones de adoctrinamiento y los arrestos continuaron tal y como sucedían antes del acuerdo.

Después del acuerdo

A posteriori del acuerdo, hay que remarcar la fuerza con que se aplica el registro civil del clero, procurando convertir a sacerdotes y obispos en verdaderos funcionarios del Estado y en defensores de la política religiosa del Estado. Constituye un ejemplo el documento que nos ha llegado, proveniente de Fujian, titulado “Carta de compromiso para los responsables de los lugares de culto y para las personas consagradas”. Si se firma este documento, el sacerdote podrá ser párroco y ejercer su ministerio dentro de los límites previstos. De no firmar el documento, él permanecerá desocupado y podrá ser mandado de vuelta a casa. Lo mismo vale para las religiosas, para las “personas consagradas” (en China, el gobierno no permite la vida religiosa masculina).

Entre las cosas que causan mayor impresión, figuran :

1. La adhesión al hecho de que se debe “prohibir el ingreso de menores de edad a la iglesia”, y “no organizar cursos de formación para menores de edad”. Cabe decir que esta prohibición, además de atentar contra el Evangelio (cfr. Mateo 19,14), atenta contra la Constitución china, que garantiza la libertad religiosa, sin establecer ningún límite de edad.

2. En nombre de la independencia, se debe “boicotear a consciencia la participación de los extranjeros; no contactar potencias extranjeras, no recibir a extranjeros, no aceptar entrevistas, actividades de formación o invitaciones a convenios en el exterior”. En la práctica, esto significa: permanecer aislados y no compartir la fe con otros católicos diseminados por el mundo. Aún cuando esto contraviene las Convenciones de la ONU en materia de libertad religiosa y derechos civiles, las cuales no obstante, Beijing firmó el 5 de octubre de 1998, pero que jamás ratificó.

3. Se plantea una serie de límites a la evangelización: no se puede cantar sin permiso, no se pueden exhibir -¡si siquiera en casa propia!- “manifiestos e insignias” con “fines evangélicos”; no se pueden publicar temas religiosos online; no se puede hablar de religión durante las visitas a enfermos en el hospital…

El problema es que en el pasado, esta era la política del gobierno para con las religiones. Con ella se procuraba asfixiar un cuerpo demasiado vivo, que se sometía con dificultad a las reglas estatales. Ahora, el gobierno exige que sean los sacerdotes y obispos los que obedezcan, y que además éstos sean los propugnadores de la política de gobierno como parte activa en la persecución y represión de la vida de la Iglesia [2].

Los lineamientos vaticanos para el registro civil del clero

Apenas se firmó el acuerdo, el Papa Francisco envió un Mensaje a los fieles chinos y a la Iglesia universal en el cual expresaba el deseo de que todos los fieles trabajasen por la reconciliación mutua, en la comunión universal con el gobierno y la sociedad china.

Habiendo pasado un año de la firma del acuerdo, los signos de división y oposición parecen ser aún mayores.

Antes de que se firmase el acuerdo, las comunidades subterráneas decían sentirse “olvidadas” por la Santa Sede, ya que no se tomaba en consideración el rechazo que sentían con respecto a adherir a la AP y al apoyo de la independencia de la Iglesia, Con los nuevos formularios para el registro del clero, que exigen suscribir la independencia, ellos se hallan en una situación tanto más incómoda que antes.

El mayor aprieto al que se enfrentan es:

1) el hecho de que el gobierno, envalentonado por la firma del acuerdo, persuade a los subterráneos a fuerza de decir que “incluso el Vaticano está de acuerdo con nosotros”;

2) en los documentos vaticanos, en los comentarios referidos al acuerdo, en la acogida total de los 7 obispos excomulgados, los subterráneos ven una “superación histórica” de su propia posición.

Se propaga el descontento entre muchos sacerdotes, por un acuerdo que no concede mayor libertad religiosa, sino que incluso convierte a sacerdotes y obispos en “funcionarios del Estado”. Para peor, sacerdotes y obispos, en vez de plantear gestos de reconciliación con los subterráneos, se encierran en el rol de funcionarios, y, desinteresados por la suerte que toque a ellos, llegan incluso a acusar a los no oficiales de “no seguir al Papa”.

En la Iglesia universal, en nombre del acuerdo y de la “paciencia” que se debe mostrar hacia Beijing, es muy frecuente que se calle sobre las persecuciones, diciendo que “todo marcha bien”, y que se acuse a quien denuncia las persecuciones, porque detrás de ello habría “segundas intenciones”.

En los últimos meses, por la parte vaticana parece surgir cierto arrepentimiento con respecto al acuerdo y por el modo en que éste es implementado.

En una entrevista concedida a Vatican News (del 3 de febrero de 2019), el Card. Fernando Filoni, primera figura en el mundo vaticano, admitió que hay “perplejidad” con respecto al acuerdo, y que el gobierno “obliga” a la adhesión a la AP, en vez de dejar que tal adhesión sea “opcional”, como debía ser según el acuerdo.

También critica un “patriotismo” hecho a fuerza de nacionalismo egoísta y cerrado, en lugar de sostener uno fundado en el amor a la patria y el servicio a la nación.

El 28 de junio de 2019, “la Santa Sede” publicó la “Orientación pastoral para el registro civil del clero en China”. En el documento se admite que hay “dificultades” en la actuación del acuerdo. Si bien de manera algo indirecta, se destaca que existen situaciones de violencia y coerción contra sacerdotes y obispos, y que éstas son contrarias a la doctrina católica, “no obstante el compromiso asumido por las Autoridades chinas de que también se respetaría la doctrina católica”.

Es más, en el documento se precisa cuál es la “independencia” que se debe suscribir (aquella política, no así aquella con relación al Papa) y brinda indicaciones acerca de cómo salvaguardar la conciencia católica cuando llega el momento de la firma del registro.

El documento luego exhorta a la paciencia y a la reconciliación entre las comunidades oficiales y aquella subterránea, respetando las respectivas decisiones y esperando que a futuro todo pueda ser esclarecido con las autoridades chinas.

Para algunos sacerdotes oficiales y subterráneos, el documento es “ambiguo”, ya que deja que cada uno decida por su cuenta, sin indicar ninguna “regula fidei”.

Por otro lado, tal como ha señalado un hermano de mi comunidad, el texto de la Orientación “no toma en consideración los datos de hecho, a saber, las restricciones vigentes sobre los edificios de la Iglesia y, sobre todo, sobre la vida de los católicos (en particular, con relación a los jóvenes menores de 18 años) ni las medidas indebidas en nombre de la “sinización”. Y sobre todo, no parece darse cuenta del claro intento de las autoridades chinas de reducir la Iglesia a una institución estatal y al clero, a funcionarios públicos”.

Por parte del Estado chino, es evidente que con el acuerdo está cumpliendo cuanto fuera establecido allá por el año 1982, con el famoso Documento 19: con él, el Partido cesa de tomar iniciativas para eliminar las religiones, ya que cualquier iniciativa de este tipo es contraproducente. Pero el Partido se arroga el derecho de tomar el control absoluto de las religiones.

Desde este punto de vista, lo que sucede con el registro del personal religioso está en línea con este proyecto, y el hecho de haber reconocido al Papa como “jefe de la Iglesia católica”, o mejor dicho, del “Vaticano”, no cambia en nada su visión: la Iglesia china pertenece al Estado y ningún “poder extranjero” puede decir nada sobre esto, sin ser acusado de “intromisión en los asuntos internos de China”.

Por otro lado, el silencio de parte del Vaticano y de la Iglesia universal mundial sobre las persecuciones, destrucciones, prohibiciones, confirma la visión de Beijing; la Iglesia china es una Iglesia nacional, que sólo le pertenece al Estado.

infovaticana.com/…/sobre-hong-kong…
kalebrio
la politica no es para la iglesia.
PAROLIN Y BERGOGLIO MUY SATISFECHOS HABER ENTREGADO LA IGLESIA CHINA A LOS MARXISTAS ENEMIGOS DE NUESTRA IGLESIA Y AMIGOS DE PAROLIN Y BERGOGLIO.
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