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Como renacer después del aborto, el “luto prohibido”

Por Ermes Dovico

"Nos hemos encontrado con personas que después de haber vivido la experiencia de un aborto han intentado cerrar esta experiencia, resanarla, pero sin encontrar el tiempo y el espacio necesarios. No se trata sólo de una herida psicológica, es una profunda herida espiritual que se cura, con la ayuda de Jesús”. Entrevista con Monika Rodman, responsable en Italia del Viñedo de Raquel, un apostolado que organiza periódicamente los retiros de tres días (en julio será el próximo) para favorecer la curación interior de varones y mujeres que llevan dentro de sí el dolor de un aborto, ayudándoles a reconciliarse con el hijo perdido.


Aunque el mundo lo niega, el aborto voluntario lleva consigo heridas en el cuerpo y en el alma de las personas involucradas, que piden una curación, ante todo interior. Precisamente con el fin de favorecer esta curación y, en consecuencia, el encuentro real con la Misericordia de Dios, trabaja la Viña de Raquel, un apostolado internacional nacido en 1994 en el interior de la diócesis de Filadelfia (Estados Unidos) y desde hace nueve años activa en Italia, donde la importancia de su servicio ha sido comprendida inmediatamente por el desaparecido cardenal Carlo Caffarra, en ese entonces arzobispo de Boloña.

Es en Boloña, desde el 12 al 14 de julio, que la
Viña de Raquel celebrará el próximo retiro de tres días para hombres y mujeres que llevan dentro de sí el dolor de un aborto. La Nuova Bussola ha entrevistado a la responsable de este apostolado en Italia, la teóloga Monika Rodman Montanaro, para entender mejor de qué se trata.

Monika, la Viña de Raquel propone un sendero de reconciliación para el que ha pasado por la experiencia del aborto voluntario. ¿Nos puede explicar en qué consiste esta reconciliación?
Esencialmente se trata de ofrecer un lugar seguro, bello, en el que comprender la pérdida vivida, que es la pérdida de un hijo. Se parte de reconocer a este hijo, es decir, reconociendo la maternidad y la maternidad perdidas, y elaborando el luto por esta muerte. Después trabajamos en el plano espiritual. Aquí entra en juego el perdón y la experiencia del amor incondicional de Dios, en consecuencia, la experiencia de la reconciliación con Él y también con la Iglesia. Y así acontece, a nivel espiritual, la reconciliación con el hijo, confiado a lal Misericordia de Dios, de la que ya había hablado Juan Pablo II en el bellísima sección 99 de la Evangelium Vitae, en la que se dirige directamente a las mamás que han abortado.

¿Usted habla de reconocimiento de la pérdida vivida. ¿Puede aclarar por qué?
Sí, basta pensar en cómo ha nacido hace 25 años la Viña. La fundadora, una psicoterapeuta que se llama Theresa Burke, especializada en el tratamiento de los traumas, al comienzo no pensaba fundar un apostolado de este tipo. En los años ’90 estaba administrando un grupo de mujeres que sufrían de trastornos alimenticios. Una tarde, en el grupo, salió el flashback de una mujer que hablaba precisamente del aborto que había tenido algunos meses antes y estaba viviendo de recuerdos bruttissimi. Gracias a este testimonio salió que casi todas las mujeres del grupo, 6 de 8, habían vivido uno o más abortos. Había sido el único problema de las que hasta ahora ninguna se había atrevido a pronunciar palabra. Por eso, salió este dolor taciuto.

¿Qué sucedió después?
La psicoterapeuta comprendió que debía ayudar a superar este “luto prohibido”, del que casi no se puede hablar porque el mundo dice: “Querida mía, tú lo has decidido, entonces sigue adelante…”. Burke, al ser católica, muy comprometida con el esposo en la Iglesia (trabajaba también con mamás embarazadas y en dificultades), vio que sus mejores técnicas psicoterapeutas no llegaban al núcleo del problema. Así entendió que es nuestra fe cristiana la que debe ofrecer los recursos necesarios, porque en nuestra fe hay muchos recursos para sanar las heridas de la vida, incluida ésta. La Palabra de Dios, la oración, los sacramentos son todas gracias que ayudan a encontrarse: por eso la Viña no es sólo un grupo de ayuda mutua, es realmente una pequeña comunidad eclesial, una pequeña Iglesia, y estas personas viven verdaderamente una experiencia de unidad, recibiendo confianza.

¿Cuántas personas participan en vuestros retiros?
El grupo está formado por 10-12 participantes, que son seguidos por un equipo de 6-7 personas. El acompañamiento comienza antes de los tres días del retiro y puede durar varios meses, con frecuencia "gemellando" a la persona que se dirige a nosotros con las personas que colaboran con la Viña y son geográficamente cercanas o tienen una experiencia de vida similar. Se presta gran atención a la persona individual, a los silencios, al pianto. Es así: no huimos frente al llanto, no huimos frente a los silencios necesarios, porque muchas veces nos hemos encontrado con personas que han intentado - quizás en familia, con el psicoterapeuta o en el confesionario – cerrar esta experiencia, resanarla, pero sin encontrar el tiempo y el espacio necesarios. El hecho es que no se trata sólo de una herida psicológica, es una profunda herida espiritual que se cura cuando se confía en la ayuda de Dios: las mujeres y los hombres que vienen a nosotros nos hablan precisamente de una herida para elaborar frente a la Vida, con la “V” mayúscula.

Vuestro programa se basa en poner en el centro a Cristo, ¿pero a ustedes se acercan también personas alejadas de la fe o de otras confesiones?
Sí, en todos estos años hemos recogido también un par de mujeres musulmanas, las hemos preparado bien, les hemos hecho entender los diversos pasos del retiro, en los que se reza mucho: no sólo oraciones, digamos tradicionales, sino oraciones espontáneas, palabras que dirigimos al Creador de esta vida, de nuestra vida. Muchos llegan sin ser practicantes, algunos se declaran precisamente ateos.

¿A través de este camino de reconciliación, llegan a descubrir a Dios?
Hay muchas personas que testifican que han encontrado por primera vez a un Jesús que te habla personalmente, un Cristo que toca personalmente tu vida. En este sentido, la obra de la Viña no es sólo de reconciliación con Dios, con los propios hijos, con su propia vida: es también una obra de evangelización, porque se trata de ofrecer a estas personas la Buena Nueva. Donde te sientes más herida, es precisamente allí donde el buen Jesús quiere tocar tu vida. Y está es una hermosa noticia. Precisamente ahí te quiere tocar y transformes ese escudo, tal vez de vergüenza... Por ejemplo, en estos días hablé con una señora de más de 50 años que dijo “gracias”, porque era la primera vez que contaba íntegramente su verdadera historia. Obviamente, no tenemos la varita mágica, pero siempre explicamos que ofrecemos un cómo y un dónde hacer esta obra: es un trabajo interior que debe hacerse, en el medio hay mucha oración, hay que pedirle a Dios lo que no podemos alcanzar solos con nuestros propios esfuerzos.

Ustedes se dirigen tanto a las mujeres como a los varones. ¿Los papás también necesitan una reconciliación con su hijo perdido?
Sí, la necesitan, aunque viven la experiencia del aborto de manera diferente, porque claramente no viven en el cuerpo el embarazo y a menudo tienen dificultades para entrar en contacto con este dolor. Pero entonces, cuando el hombre ve a la mujer llorando y que no está bien, vive un sufrimiento ulterior, porque el hombre quiere reparar las cosas, pero este dolor no es algo que se repara como las otras cosas. Por eso el hombre a menudo se siente impotente. Esta es la tristísima realidad del aborto, porque un aborto se lleva a cabo, como se dice, para resolver “un problema”, pero no se dice que a partir de ahí nacerán otros problemas, se abrirá toda una caja de Pandora. Es también por eso que las personas después se sienten extraviadas.

Una de las experiencias que ustedes informan es la de una persona que dice: “Descubrí que llevaba una gran carga dentro de mí, de la que no reconocía la carga”.
Sí, esas son palabras pronunciadas por un hombre, un esposo que no reconocía que llevaba esta carga dentro de sí mismo. Y tan a menudo está esta dialéctica entre el varón y la mujer, entre el marido y la esposa, por eso la confesión ayuda al individuo. Los tres días del retiro pueden ser llamados, como dijo un sacerdote que nos ayuda, una confesión muy larga. Se trata de confesar la verdad de la propia vida, que no es fácil en este mundo de hoy, donde todos corremos: ¿dónde hay un lugar y tiempo para hablar?

¿Los participantes vienen tan como individuos o como pareja?
Vienen tanto mujeres y varones solos como también parejas.

¿Y cuándo está también la pareja este sendero favorece su unidad?
Muchísimo, sí. Porque muchas veces reabre por primera vez un diálogo, un diálogo que muchas veces ha sido abortado con el aborto del hijo. Lo pueden constatar también nuestras colaboradoras que han vivido esta experiencia junto al esposo. Justamente buscamos ayudar a reabrir este diálogo, que al final no es sólo un diálogo entre dos, porque en el medio también está Jesús. Es esto lo que cambia todo.

Per informazioni, visita il sito www.vignadirachele.org (email info.vignadirachele@yahoo.it, tel. 099 7724 518)

Publicado originalmente en italiano el 16 de junio de 2019, en
www.lanuovabq.it/it/come-rinascere-…

Traducción al español por: José Arturo Quarracino