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Sentencia sobre Alfie Evans, una señal inquietante para todos

Por RICCARDO CASCIOLi

Seguir el debate en la Corte de Apelación de Londres sobre el caso Alfie Evans significó participar en una especie de teatro del absurdo. Un despliegue de jueces ya abundantemente orientado -y no lo escondieron en absoluto- habló en perfecta sintonía con el abogado del hospital, desafiando el mínimo sentido común

Seguir el debate en la Corte de Apelación de Londres sobre el caso Alfie significó participar en una especie de teatro del absurdo. Un despliegue jueces ya muy orientados -y no lo ocultaron en absoluto-habló en perfecta sintonía con el abogado del hospital, desafiando el mínimo sentido común. Como cuando el juez explicó que un viaje en un avión-ambulancia aumentaría los riesgos para la condición de Alfie, pasando por alto el hecho que la alternativa al riesgo es la muerte segura por asfixia.

O como cuando el juez estigmatizó duramente los ruidos en el hospital causados por el intentado blitz del jueves pasado y por las miles de personas, reunidas en las afueras del hospital, que en estos días han cantado y pedido la liberación de Alfie. Malos comportamientos no tolerados en el templo de la ley, que por el contrario mira con gran admiración el trabajo de los médicos que, luego de haber descuidado el cuidado de Alfie, hoy están más decididos que nunca a suprimirlo.

Los jueces y abogados del hospital han seguido batallando sobre el "mejor interés" del niño, para ser reivindicado también contra la voluntad de los padres. El "mejor interés" que ya se había establecido en las frases anteriores era la muerte procurada. ¿Pero tenemos alguna idea de lo que significa establecer que en ciertos casos el "mejor interés" de una persona es el de ser llevado a la muerte? ¿Qué concepción de la vida se esconde detrás de semejante afirmación?

En la tarde del [16 de abril] Tom, el padre de Alfie, hizo una afirmación -"el Estado no es el propietario de mi hijo"- que en su simplicidad expresa perfectamente el drama del momento presente. El autoproclamado Estado democrático tiene hoy justamente esta pretensión: ser nuestro dueño. Como una vez el emperador, el Estado moderno pretende tener el derecho de vida y de muerte sobre cada uno de sus súbditos, sobre cada uno de nosotros. Por esta razón, jueces y médicos –los funcionarios del Estado– han declarado la guerra a Tom y a Kate. Su obstinación de jóvenes inconscientes amenaza con hacer atascar una máquina de guerra.

Esta sentencia, que muy difícilmente será revocada por la Corte Suprema, sanciona precisamente el derecho del Estado a ser el propietario de cada uno de nosotros.
El abogado de los Evans no pudo poner en discusión la cuestión del "mejor interés": al haber sido ya objeto de las sentencias anteriores, relanzar el tema habría sido un ultraje a la Corte. Buscó entonces otros caminos y se apeló a la "libertad de movimiento", un derecho humano fundamental. Increíblemente -aunque en consonancia con los absurdos anteriores- los jueces negaron que Alfie estaba detenido, omitiendo que desde el jueves su habitación está vigilada por muchos policías y muchos otros bloquean todas las salidas del hospital.

Con todos los casos de terrorismo que ocurrieron en Gran Bretaña, ha sido de todos modos una rareza este despliegue de fuerzas para no permitir el traslado de un niño de dos años.

Justamente el abogado de los Evans recordó el caso de Irlanda, donde las mujeres pueden ir a abortar al extranjero, a pesar de que el aborto está prohibido en Irlanda. También habría podido añadir que la libertad de circulación en la Unión Europea es el latiguillo utilizado por las organizaciones LGBT para hacer reconocer las uniones homosexuales también en los países (que son la mayoría) que no las han legalizado.

La respuesta del juez es asombrosa: al negar este derecho porque las condiciones de salud de Alfie no pueden mejorar, en la práctica ha sancionado que la libertad de circulación vale solamente si existe la posibilidad de mejorar la propia situación. Para Alfie no existe esta perspectiva, por eso se lo debe dejar morir inmediatamente. Es un principio nuevo que por otra parte favorece la arbitrariedad de las decisiones.

Todos estos factores puestos en evidencia dicen, sin embargo, del inmenso poder que se han tomado los Estados, del totalitarismo hacia el que ahora hemos resbalado en abundancia. Y no se crea que la cuestión se refiere sólo a los discapacitados en Gran Bretaña. Pensemos en lo que está sucediendo en las escuelas italianas respecto a la ideología de género y a los proyectos de educación sexual.

Ahora, el valor absoluto de la persona –herencia y legado de la civilización cristiana– se está convirtiendo en un recuerdo del pasado, para dar paso a un totalitarismo violento que aplasta a los individuos, a las personas individuales, como en el caso de Alfie en Inglaterra y el caso de Vincent en Francia.

Bien lo había predicho San Juan Pablo II en la encíclica Veritatis Splendor (1993), cuando dice, después de haber hablado de la caída del comunismo: “existe hoy un riesgo no menos grave debido a la negación de los derechos fundamentales de la persona humana y a la absorción en la política de la misma inquietud religiosa que habita en el corazón de todo ser humano: es el riesgo de la alianza entre democracia y relativismo ético, que quita a la convivencia civil cualquier punto seguro de referencia moral, despojándola más radicalmente del reconocimiento de la verdad. En efecto, si no existe una verdad última —que guíe y oriente la acción política—, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia”.

Es lo que estamos viviendo. La historia del pequeño Alfie nos ayude al menos a ser conscientes de lo que está sucediendo para detener esta barbarie.

Publicado originalmente en italiano el 17 de abril de 2018,

lanuovabq.it/it/sentenza-alfie-…

Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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malemp
Otra victima de los estados totalitarios pseudodemocraticos
El control de la humanidad...
A San Atanasio ora pro nobis le gusta esto. 
adeste fideles
Igual sentencia le fue aplicada en 2017 a otro bebé británico, el pequeño Charlie Gard (+)
A apostolesdemaria le gusta esto.