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Monseñor Schneider: “Es una especie de blasfemia” para los pecadores “exigir acceso a la Santa Comunión”

En una nueva entrevista con Rorate Caeli, monseñor Athanasius Schneider, de Astana (Kazajistán), uno de los firmantes de la Declaración del 30 de diciembre -la que dice que cualquier disciplina sacramental que permite la Comunión para los divorciados que se han vuelto a casar es “ajena a toda la tradición de la Fe católica y apostólica”-, explica por qué es uno de los firmantes de esta última andanada contra la implementación pastoral popular de la exhortación apostólica Amoris Laetitia. Su entrevista llega en medio de rumores, según los cuales el papa Francisco está planeando una campaña de “denigración” de los firmantes a través de sus varios medios de comunicación sustitutos en represalia a su oposición —en una forma similar a lo que se hizo contra los cardenales de los Dubia (ver un conjunto incompleto de ejemplos aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, y aquí) luego de la publicación de sus ahora famosas (y todavía sin ser contestadas) cinco preguntas.

Schneider dice que "frente al actual eclipse temporal y parcial de la función del Magisterio papal" existe la obligación para los obispos y cardenales de "asistir al Papa en su oficio magisterial a través de profesiones públicas de las verdades inmutables que el Magisterio ordinario y universal —eso significa lo que todos los Papas y todo el episcopado durante todas las épocas- han enseñado respecto a la doctrina y la práctica sacramental del matrimonio”.

Al discutir la generalizada "plaga del divorcio" generalizada en su propio país —una consecuencia, dice, de "70 años de materialismo comunista"— el obispo Schneider dice, sin embargo, que el "divorciado y vuelto a casar" en Kazajistán "no se atrevería a pedir ser admitido a la Santa Comunión, ya que el conocimiento y la conciencia del pecado está, gracias a Dios, muy profundamente arraigada en las almas, e incluso en la sociedad civil".

"En nuestro país", continúa, "la gente comete pecado como en otros lugares, pero nuestro pueblo todavía reconoce que el pecado es pecado, y por lo tanto para tales pecadores hay esperanza de conversión y misericordia divina. Sería para nuestro pueblo —e incluso para los llamados "divorciados y vueltos a casar" entre ellos— una especie de blasfemia exigir el acceso a la Santa Comunión mientras continúan cohabitando con una persona que no es su cónyuge legítimo”.

Citando el Concilio Vaticano II, el obispo Schneider también recuerda a los fieles que "el Papa no es el creador de la verdad, de la fe y de la disciplina sacramental de la Iglesia", sino más bien de su siervo. Schneider también revisa la enseñanza sobre el papado del Concilio Vaticano I en Pastor Aeternus, la cual dice que el carisma papal "no quiere decir que [los Papas] podrían dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por la asistencia del Espíritu Santo, pueden guardar religiosamente y exponer fielmente la Revelación o el depósito de la fe transmitido por los apóstoles".

El obispo es crítico también del "ultramontanismo" que surgió en los siglos XIX y XX y que ha "alcanzado su apogeo en nuestros días y ha creado un insano centrismo papal y la papado latría".

Al tratar de explicar la noche oscura que la Iglesia está padeciendo ahora, su Excelencia dijo que Dios ha "permitido esta extraordinaria confusión actual doctrinal y moral en la Iglesia", para que cuando la crisis haya disminuido "la verdad brille más y la Iglesia se volverá más espiritualmente bella" —especialmente en las parejas casadas, las familias y los Papas.

Ustedes pueden leer a continuación el texto completo de los comentarios de monseñor Schneider, gracias a Rorate Caeli:

RORATE CAELI (RC): Su Excelencia ha estado personalmente al frente durante muchos años en términos de restauración de la liturgia tradicional. Ahora Su Excelencia, el arzobispo Peta y el arzobispo Lenga han salido públicamente, y por la fuerza, después de Amoris Laetitia en defensa del matrimonio. ¿Por qué decidieron ustedes tres que ahora era el momento de responder?

BISHOP ATHANASIUS SCHNEIDER (BAS): Después de la publicación de Amoris Laetitia, varios obispos y conferencias episcopales empezaron a emitir normas "pastorales" respecto a los llamados "divorciados y vueltos a casar". Uno tiene que decir que, para un católico, no hay divorcio porque un vínculo sacramental válido de un matrimonio ratificado y consumado es absolutamente indisoluble e incluso el vínculo de un matrimonio natural es por sí mismo indisoluble también. Además, para un católico, sólo hay un matrimonio válido al estar vivo todavía su cónyuge legítimo. Por lo tanto, en este caso no se puede hablar de un "casado de nuevo".

La expresión "divorciado y vuelto a casar" es consecuentemente engañosa y errónea. Desde que esta expresión se conoce comúnmente, la utilizamos solamente entre comillas y con la previa observación "el así llamado". Las mencionadas normas pastorales respecto a los así llamados "divorciados y vueltos a casar" —normas enmascaradas con una retórica que bordea el sofisma— prevén en última instancia la admisión de los "divorciados y vueltos a casar" a la Santa Comunión, sin el requisito de la condición indispensable y divinamente establecida de que no pueden violar su vínculo matrimonial sagrado a través de su relación sexual habitual con una persona que no es su cónyuge legítimo. Un cierto punto máximo se ha alcanzado en este proceso de reconocimiento implícito del divorcio en la vida de la Iglesia, cuando el papa Francisco ordenó publicar en las Acta Apostolicae Sedis su carta de aprobación de normas similares que expidieron los obispos de la Región pastoral de Buenos Aires.

Este acto fue seguido por una declaración que esta aprobación papal pertenecería al magisterio auténtico de la Iglesia. En vista de estas normas pastorales que contradicen la Revelación divina con su absoluta desaprobación del divorcio y contradicen también la enseñanza y la práctica sacramental del infalible Magisterio ordinario y universal de la Iglesia, nos vimos obligados por nuestras conciencias, como sucesores de los apóstoles, a elevar nuestra voz y reiterar la inmutable doctrina y práctica de la Iglesia con respecto a la indisolubilidad del matrimonio sacramental.

RC: ¿La Conferencia de Kazajistán ha publicado oficialmente una interpretación de Amoris Laetitia? ¿Planea hacerlo, o esta carta significa que la Conferencia cree que Amoris Laetitia no puede ser entendida de una manera ortodoxa o es de alguna manera compatible con el Catecismo y con la [Sagrada] Escritura y la Tradición?

BAS: El texto de la "Profesión de las Verdades…" no es un documento de la Conferencia Episcopal de Kazajistán, sino solamente un documento de los obispos que la firmaron. Nuestra Conferencia Episcopal no consideró necesario emitir normas pastorales como una interpretación de Amoris Laetitia. Aunque en nuestra sociedad la plaga del divorcio está extendida, como consecuencia de 70 años del materialismo comunista, y también tenemos en nuestras parroquias casos de los llamados "divorciados y vueltos a casar", sin embargo, el mismo "divorciado y vuelto a casar" no se atrevería a pedir ser admitido a la Santa Comunión, ya que el conocimiento y conciencia del pecado, gracias a Dios, están muy profundamente arraigado en las almas, e incluso en la sociedad civil.

En nuestro país la gente comete pecado como en otras partes, pero nuestro pueblo todavía reconoce que el pecado es pecado, y por lo tanto para tales pecadores hay esperanza de conversión y misericordia divina. Sería para nuestro pueblo —e incluso para los llamados "divorciados y vueltos a casar" entre ellos— una especie de blasfemia para exigir el acceso a la Santa Comunión mientras continúan cohabitando con una persona que no es su cónyuge legítimo. Por lo tanto, nuestra Conferencia Episcopal no vio la necesidad de emitir normas relevantes.

RC: Hemos tenido los famosos Dubia enviados al Papa y una Corrección Filial –mayoritariamente por laicos– enviada también. Tampoco ha obtenido una respuesta. Sin embargo, muchos sienten que Francisco ya ha respondido en un sentido, cuando aprobó oficialmente la instrucción aparentemente herética de los obispos de la Región Buenos Aires a los divorciados, vueltos a casar y aun cohabitando. ¿Debemos seguir esperando algo más de Francisco sobre este asunto?

BAS: Las instrucciones de los obispos de Buenos Aires no expresan directamente una herejía, pero permiten, en casos individuales, que personas "divorciadas y vueltas a casar" reciban la Santa Comunión a pesar del hecho de que no quieren detener las relaciones sexuales con su pareja no conyugal. En este caso las mencionadas instrucciones pastorales niegan en la práctica, y por lo tanto indirectamente, la verdad divinamente revelada de la indisolubilidad del matrimonio. La triste circunstancia es que el Papa aprobó estas instrucciones. De esta manera el Papa dio, en mi opinión, directamente una respuesta al primer punto e indirectamente a los cuatro otros puntos de los Dubia. Sólo podemos esperar a través de nuestras apelaciones, oraciones y sacrificios, que el papa Francisco pueda responder en una manera más inequívoca a los cinco puntos de los Dubia según la enseñanza relevante del Magisterio infalible ordinario y universal.

RC: La amenaza a los fieles ha sido clara, no sólo desde que Amoris Laetitia fue promulgada, sino simplemente a partir de las discusiones en los sínodos. La confusión que ha causado a todos no puede ser cuestionada. Sin embargo, al igual que la utilidad de Humanae Vitae fue conocida por el tiempo que tardó en ser publicada, ¿todo esto es ahora demasiado tarde para detener el daño, sobre todo cuando ahora el Papa ha dado oficialmente permiso para algunos divorciados y vueltos a casar para recibir la Santa Comunión?

BAS: Tenemos que tener en mente que la Iglesia no está en nuestras manos, ni siquiera en las manos del Papa, sino en las manos todopoderosas de Cristo, y por lo tanto no podemos decir que todo esto es ahora demasiado tarde para detener el daño. También podemos aplicar la siguiente afirmación de San Pablo a nuestra situación dentro de la Iglesia: "donde el pecado aumentó, la gracia abundo más" (Rm 5, 20). Dios habrá permitido esta extraordinaria confusión doctrinal y moral actual en la Iglesia, con el objetivo que, después de esta crisis, la verdad brille más y la Iglesia se vuelva espiritualmente más bella, especialmente en las parejas casadas, en las familias y en los Papas.

RC: Hemos oído ahora, durante más de un año, que es inminente una corrección formal proveniente de los cardenales, pero nada ha ocurrido. ¿Qué cree usted que es lo que se espera?

BAS: Frente al actual eclipse temporal y parcial de la función del Magisterio papal respecto concretamente a la defensa y aplicación práctica de la indisolubilidad del matrimonio, los miembros de los colegios episcopales y de cardenales tienen que asistir al Papa en este deber magisterial a través de profesiones públicas de las verdades inmutables que el Magisterio ordinario y universal —eso significa lo que todos los Papas y todo el episcopado durante todas las épocas— han enseñado respecto a la doctrina y a la práctica sacramental del matrimonio.

RC: Si una corrección formal es hecha por un cierto número de cardenales, y Francisco continúa aprobando oficialmente a las conferencias episcopales que dan la Santa Comunión a algunos divorciados y vueltos a casar, ¿entonces qué?

BAS: Existe el siguiente principio de la doctrina tradicional católica desde los primeros siglos: "prima sedes a nemine iudicatur", es decir, la primera cátedra episcopal en la Iglesia (la cátedra del Papa) no puede ser juzgada por nadie. Cuando los obispos recuerdan respetuosamente al Papa la verdad y la disciplina inmutables de la Iglesia, no juzgan por la presente a la primera cátedra de la Iglesia, sino que se comportan como colegas y hermanos del Papa. La actitud de los obispos hacia el Papa tiene que ser colegial, fraternal, no servil y siempre sobrenaturalmente respetuosa, tal como destacó el Concilio Vaticano II (sobre todo en los documentos Lumen Gentium y Christus Dominus). Hay que seguir profesando la fe inmutable y orar aún más por el Papa y, entonces, sólo Dios puede intervenir y Él lo hará indiscutiblemente.

RC: Para el católico típico, que va a Misa, pero tal vez no sigue la política de la Iglesia como lo hacen los lectores de Rorate, los católicos casuales que oyen al Sumo Pontífice diciendo numerosas cosas confusas en los últimos años, cosas que parecen contrarias (con suerte) a lo que les han enseñado toda su vida, ¿qué les dice Su Excelencia? ¿Y cómo los católicos serios retroceden cuando, en cada vuelta, se les pregunta por los modernistas si piensan que son "más católicos que el Papa"?

BAS: Primero, estos fieles tienen que seguir leyendo y estudiando el Catecismo inmutable, y especialmente los grandes documentos doctrinales de la Iglesia. Tales documentos son los temas aquí, por ejemplo, los Decretos de los Concilios de Trento sobre los sacramentos; las encíclicas Pascendi, de Pío X; Casti connubii, de Pío XI; Humanis generis, de Pío XII; Humanae vitae, de Pablo VI; el Credo del pueblo de Dios, de Pablo VI; la encíclica Veritatis Splendor, de Juan Pablo II, y su exhortación apostólica Familiaris Consortio. Estos documentos no reflejan un significado personal y de corta duración de un Papa o de un Sínodo pastoral. En cambio, estos documentos reflejan y reproducen el infalible Magisterio ordinario y universal de la Iglesia.

Segundo, tienen que tener en mente que el Papa no es el creador de la verdad, de la fe y de la disciplina sacramental de la Iglesia. El Papa y todo el Magisterio "no están por encima de la palabra de Dios, sino que la sirven, enseñando sólo lo que ha sido entregado" (Concilio Vaticano II, Dei Verbum, n. 10). El Concilio Vaticano Primero enseñó que el carisma del ministerio de los sucesores de Pedro "no significa que ellos puedan dar a conocer alguna doctrina nueva, sino que, por la asistencia del Espíritu Santo, ellos puedan proteger religiosamente y exponer fielmente la Revelación o el depósito de la fe transmitido por los apóstoles "(Pastor Aeternus, Cap. 4).

En tercer lugar, el Papa no puede ser el punto focal de la vida cotidiana de la fe de un creyente católico. En lugar de eso, el punto focal debe ser Cristo. De lo contrario, nos convertimos en víctimas de un insano papa-centrismo o de una especie de papado latría, una actitud que es ajena a la tradición de los apóstoles, de los Padres de la Iglesia y de la gran tradición de la Iglesia. El llamado "ultramontanismo" de los siglos XIX y XX alcanzó su apogeo en nuestros días y crearon un insano papa-centrismo y una papado latría. Por citar sólo un ejemplo: había habido en Roma, al final del siglo XIX, un monseñor famoso que condujo diversos grupos de peregrinos a las audiencias papales. Antes de dejarlos entrar a ver y oír al Papa, les decía: "escuchen atentamente las palabras infalibles que saldrán de la boca del Vicario de Cristo". Seguramente tal actitud es una caricatura pura del ministerio petrino y contraria a la doctrina de la Iglesia. Sin embargo, aún en nuestros días, no tan pocos católicos, sacerdotes y obispos muestran sustancialmente la misma actitud caricaturesca hacia el ministerio sagrado del sucesor de Pedro.

La verdadera actitud hacia el Papa, según la tradición católica, tiene que ser siempre con sensata moderación, con inteligencia, con lógica, con sentido común, con el espíritu de fe y, por supuesto, también, con una devoción sincera. Sin embargo, tiene que haber una síntesis equilibrada de todas estas características. Esperamos que después de la actual crisis la Iglesia alcance una actitud más equilibrada y sensata hacia la persona del Papa y hacia su indispensable ministerio sagrado en la Iglesia.

Entrevista de Steve Skojec, 5 de enero de 2018, publicada originalmente en inglés en onepeterfive.com/bishop-schneide…

Traducción por: José Arturo Quarracino

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Gesù è con noi mencionó esta publicación en Monseñor Schneider: el Concilio Vaticano Segundo es problemático en sí mismo.
bear
Siempre acertadas las declaraciones de Monseñor Schneider que Dios lo proteja!