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Adiós cardenal Sgreccia, padre de la bioética cristiana

Por Nico Spontoni, 06-06-2019

Convencido partidario de la necesidad del encuentro entre la Ética y la Ciencia, el cardenal Elio Sgreccia, muerto ayer a los 91 años, dedicó su vida a defender la idea de la objetividad del ser humano. Teólogo y presidente de la Pontificia Academia para la Vida, fue una columna de la bioética cristiana en el ámbito de la relación con el Derecho: aborto, eutanasia, fertilización asistida, experimentación sobre el hombre, biotecnología. Su última apelación a favor de Charlie Gard.


El cardenal Elio Sgreccia falló en las vísperas de su 92º cumpleaños. Una vida consumida por la bioética, murió ayer por la mañana en su casa de Roma. Teólogo, presidente emérito de la Pontificia Academia para la Vida, había continuado hasta el final su actividad a favor de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, participando como presidente en los encuentros de la Fundación Ut Vita Habeant. Nacido en Arcevia, en la provincia de Ancona, en una familia de campesinos, Sgreccia se hizo conocer y amar por sus estudiantes desde los años setenta, como asistente espiritual de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, en Roma.

En esos años comenzó a colaborar con la revista "Medicina y Moral", de la que más tarde se convirtió en director. En las dos décadas posteriores ligó su nombre al del Centro y del Instituto de Bioética de la Facultad de Medicina y Cirugía de la sede romana de la Universidad del Sagrado Corazón. En el transcurso de su actividad científica, Sgreccia se distinguió por haber relanzado las instancias de la teoría personalista en la bioética, con ese "personalismo fundado ontológicamente" contrapuesto al personalismo subjetivista. Para explicar la diferencia, así escribió en su manual más famoso: “Una ética subjetiva resultará en normas y valores que mutan con el sujeto y con el tiempo. En cambio, una ética objetiva fundamentada en el significado y en la realidad objetiva de la persona humana tendrá como resultado valores y normas objetivas, independientemente del sujeto y el tiempo”.

Convencido partidario de la necesidad del encuentro entre la Ética y la Ciencia, dedicó su vida a defender la idea de la objetividad del ser humano. San Juan Pablo II, quien en 1994 instituyó la Pontificia Academia para la Vida, lo quiso inmediatamente como vicepresidente del organismo, del cual luego, en el 2005, se convirtió en presidente. En esta función, Sgreccia se hizo conocer y apreciar por su incesante compromiso en la defensa integral de la vida humana, no dudando en intervenir con claridad sobre las cuestiones que han llegado a ser de la más estricta actualidad en el ámbito de la relación entre la Bioética y el Derecho: aborto, eutanasia, fertilización asistida, experimentación sobre el hombre, biotecnología.

Como vicepresidente y luego como presidente (hasta el 2008) de la Pontificia Academia para la Vida no escatimó apelaciones, comentarios y apuntes a los legisladores para recordar siempre la exigencia de salvaguardar los valores humanos irrenunciables. Y no hizo faltar su voz autorizada incluso después de haber dejado el cargo: entre sus intervenciones, vale la pena recordar sus "10 puntos" sobre el caso de Charlie Gard, el recién nacido inglés en medio de una “batalla” legal entre los padres y el hospital para la interrupción de la respiración artificial. Su documento, publicado en el momento en el que los fieles del mundo entero invocaron -casi con desesperación- una toma de posición de la Iglesia en la materia para condenar sin 'si' y sin 'pero' la eutanasia pediátrica, tuvo el gran mérito de recordar la grandeza y claridad de la doctrina.

Entre los muchos pasajes de ese texto, vale la pena recordar cómo Sgreccia denunció "la ambivalencia de aquellos que, al reivindicar la libertad de acceso total e indiscriminado a la eutanasia, basándola en el predominio exclusivo de la autonomía individual, niega al mismo tiempo esa autonomía en la toma de decisiones en otros casos, como el que está en cuestión, donde se considera que están legitimados para decidir sólo los médicos, sin la participación de ninguno de los padres”.

Entre los muchos méritos que se atribuyen al distinguido erudito, hecho cardenal por Benedicto XVI en el 2010, está también el de haber dado la idea de crear una asociación que se encarga de la sepultura de los niños nonatos; fue así que nació "Defender la Vida con María", que a lo largo de los años ha contribuido a miles de entierros dignos. La herencia más importante que nos deja cardenal Sgreccia se puede obtener de su gran Manual de Bioética: “Respetar la verdad de la persona en el momento de la vida naciente -escribió el erudito- quiere decir respetar a Dios que crea y a la persona humana así como Él la crea; respetar al hombre en su fase final quiere decir respetar el encuentro del hombre con Dios, su regreso al Creador, excluyendo cualquier otro poder por parte del hombre". Que el cardenal Elio Sgreccia descanse en paz y vele sobre la Iglesia.

Publicado originalmente en italiano el 6 de junio de 2019, en

www.lanuovabq.it/it/a-dio-sgreccia-…

Traducido al español por: José Arturo Quarracino
Réquiem aetérnam dona ei, Dómine. Et Lux perpétua lúceat ei. Requiscat in Pace. Amen
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QUE EN LAZ DESCANSE QUE DIOS LO TENGA EN SU GLORIA UN GRAN CARDENAL PUNTAL DE LA FAMILIA. BENDITO DIOS POR DEJARNOSLO TANTOS AÑOS.
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