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McCarrick condenado. Pero las preguntas siguen sin una respuesta creíble

Por Marco Tosatti

El ex cardenal estadounidense Theodore Edgar McCarrick, de 88 años, ha sido despedido del estado clerical. Lo hizo saber hoy un comunicado de la Congregación para la Doctrina de la Fe. A continuación presentamos el texto: “El 11 de enero de 2019, el Congresso de la Congregación para la Doctrina de la Fe emanó el decreto final del proceso penal contra Theodore Edgar McCarrick, arzobispo emérito de Washington, DC, por el cual el acusado fue declarado culpable de los siguientes delitos perpetrados como clérigo: solicitaciones en confesión y violaciones del sexto mandamiento del Decálogo con menores y adultos, con la circunstancia agravante del abuso de poder, por lo que se le impuso la pena de dimisión del estado clerical. El 13 de febrero de 2019, la sesión ordinaria (Feria IV) de la Congregación para la Doctrina de la Fe examinó los argumentos presentados en el recurso por el apelante y decidió confirmar el decreto del Congresso. Esta decisión fue comunicada a Theodore McCarrick el 15 de febrero de 2019. El Santo Padre ha reconocido la naturaleza definitiva de esta decisión, según norma de ley, la cual hace del caso res iudicata, es decir, no sujeta a posterior recurso

Era conocida la voluntad del pontífice de llegar con una condena excelente a la próxima e inminente cumbre en el Vaticano sobre la protección de los menores. La investigación -administrativa- de la Congregación para la Doctrina de la Fe ha sido extremadamente rápida, aunque prácticamente no se conozca nada: si el acusado tuvo la oportunidad de defenderse, si hubo un acuerdo de reducción de la pena y en qué forma.

La dimisión del estado clerical del ex cardenal de 88 años de edad si ofrece una víctima de gran nivel al pedido de justicia surgida en los últimos meses no responde a las que son, para el presente y para el futuro, las cuestiones más importantes. En base a qué complicidades y apoyos McCarrick pudo hacer una carrera, a pesar de las denuncias presentadas respecto a él durante muchos años, y a pesar de -el Testimonio de Viganò es claro en este sentido- las sugerencias escritas destinadas a castigarlo presentada por el propio Viganò a sus superiores cuando trabajaba en la Secretaría de Estado (Escribió Viganò: el Papa Benedicto había aplicado al cardenal McCarrick sanciones similares a las que ahora le infligió el papa Francisco: el cardenal tenía que dejar el seminario en el que vivía, se le prohibió celebrar en público, participar en reuniones públicas, dar conferencias, viajar, con la obligación de dedicarse a una vida de oración y penitencia).

Complicidades que evidentemente han continuado también después de que Benedicto XVI le impusiera restricciones a la actividad pública de McCarrick, y sobre cuya aplicación debería haber estado vigilante –como es costumbre en estos casos– el arzobispo de la diócesis de que se trata, es decir, Donald Wuerl, pero de quien McCarrick era amigo.

Y natural y tristemente permanecen sin respuesta las preguntas nacidas del Testimonio Viganò en relación con el pontífice reinante. Y es verdad que en junio del 2013, en una audiencia privada sucedió esto, según el Testimonio de monseñor Viganò: “Inmediatamente después el Papa me preguntó con tono cautivante: “¿Cómo es el cardenal McCarrick?”. Le respondí con total franqueza y, si lo desean, con mucha ingenuidad: “Santo Padre, no sé si usted conoce al cardenal McCarrick, pero si le pregunta a la Congregación para los Obispos, hay un dossier así de grande sobre él. Ha corrompido a generaciones de seminaristas y sacerdotes, y el papa Benedicto le impuso retirarse a una vida de oración y penitencia”. El Papa no hizo el más mínimo comentario a mis graves palabras y su rostro no mostró ninguna expresión de sorpresa, como si ya conociera la situación desde hace tiempo, y cambió enseguida de tema. Pero, entonces, ¿con qué fin el Papa me había hecho esa pregunta: “Cómo es el cardenal McCarrick”? Evidentemente, quería asegurarse si yo era aliado o no de McCarrick”.

Las preguntas que siguieron sin ser respondidas por parte del pontífice, y extrañamente nunca más fueron planteadas por ningún periodista, después de los frustrados intentos llevados a cabo por las colegas Anna Matranga y Cindy Wooden, se pueden resumir fácilmente en dos:

1) “¿Cuándo se enteró de que McCarrick era un hombre perverso, un depredador serial homosexual?".

2) “¿Es verdad o no que monseñor Viganò se lo advirtió el 23 de junio del 2013?”.

3) Y si fue así, ¿por qué ha utilizado a McCarrick como su representante no oficial en Estados Unidos y en el exterior, y como “sugeridor” de los nombramientos en Estados Unidos y en otros lados?”.

Una breve noticia: cuando explotó el caso McCarrick los periodistas del círculo mágico del pontífice intentaron poner en duda que Benedicto XVI había impuesto restricciones sobre su McCarrick. La carta del cardenal Ouellet, un sustancial gol en contra, los desmintió clamorosamente. Ahora, congregados en el empireo, intentan hacer decir al portal vaticano que en realidad se trataba de sugerencias, del tipo “Eminencia, sea bueno si puede... manténgalo”. Muchos buenos católicos se tragan cualquier tema.

Sobre el hecho que decapitado McCarrick sigue vigente su legado político, les recomiendo leer este artículo en La Nuova Bussola Quotidiana.
Publicado originalmente en italiano el 16 de febrero de 2019, en www.marcotosatti.com/…/mccarrick-conda…

Traducción al español por: José Arturo Quarracino
Mandan al viejo sodomo a retiro del lujo para aparentar justicia, PERO ELLOS SIGUEN EN SUS BAILES Y ORGIAS.
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malemp
viejo sodomo ja bien dicho
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