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¡Por favor, escúchenme…!

Por Adoracionyliberacion | 09 diciembre, 2018

Vicente Montesinos

Por favor, escúchenme…

A diario hablamos de los problemas tremendos en los que está metida la Santa Iglesia Católica; muchos arrastrados desde hace decenios, y todos, acrecentados, o creados de nuevo, por este “pontificado” del desconcierto, la reiterada herejía y la confusión buscada.

Este artículo no tiene la intención de volver exponer la Gran Tribulación por la que está pasando la Iglesia; y tampoco tiene la necesidad de reiterar que todo, absolutamente todo, será, durará, empeorará o se salvará; cómo y cuando Dios quiera.

Ello, por supuesto, no nos libra de la responsabilidad de cada uno. Que sí. Que el juicio está a la vuelta de la esquina; eso es indudable. Pero puede que el mío particular, o el suyo, que ahora me lee, no se confíe; esté antes. Y esa también será nuestra “Parusía”.

A veces se cae en la tentación, de tanto hablar, escribir, leer y escuchar sobre el Final de los Tiempos, de pensar que hemos de ser unos espectadores pasivos en los “fuegos artificiales” que Dios nos está preparando.

Y no. Desde luego que no.

Llegará el aviso, el milagro, y la Venida en Gloria y Majestad… Llegará todos lo que ustedes quieran; y llegará lo que la Fe de la Iglesia (la de siempre) nos enseña: la Parusía con la separación en un juicio inapelable de quienes han seguido a Cristo y de quienes se han burlado de Él. Llegará la salvación o la condenación; no lo duden. Y no esa de saldo y baratija que promete Bergoglio; la salvación sin conversión; que está arrastrando más almas al averno que todos los enemigos de la Iglesia juntos.

Pero entre tanto a nosotros nos toca estar vigilantes. Dar el buen combate. Luchar por Cristo y su verdadera Iglesia; y salvar almas. ¡Almas! ¡Cada alma vale una eternidad! ¡Cada alma es una Diócesis entera! ¡Cada alma ha de ser ganada para Cristo; y arrebatada de las fauces de Satanás! ¡Esa es nuestra lucha! Y aunque el “Papa de Roma”, si por la puerta asoma, nos hable de cambios climáticos, de adaptarnos al mundo y de “quien soy yo para juzgar”, no podemos seguir esas “teorías” sin desobedecer a Cristo, a las Sagradas Escrituras, a la sana doctrina, al magisterio bimilenario y a la Tradición.

¡Hemos de dar el combate! ¡Nosotros! ¡Dios ya se servirá de él como quiera y cuando quiera, insisto…!

Pero para que lo hagamos a su forma, y no sólo preocupados por el cómo y el cuándo; hemos de a diario re-preguntarnos… Sí, pero… ¿Encontrará Fe Jesucristo en la Tierra cuando vuelva? Pero Fe de la de verdad. De la del “depositum fidei”… De la que Cristo nos legó y ha llegado intacta hasta nosotros. A pesar de tanto intermediario cualificado que quiere usurpar el verdadero papel de la Iglesia como transmisora de la misma, pervirtiéndola, licuándola y aguándola.

Es igual que cuando decimos… ¿Si Dios puede sólo, para qué preocuparnos? ¡Vulgar estulticia! ¡Claro que Dios dio a comer a miles con unos pocos panes y peces! Pero… ¿acaso no se sirvió de aquella humilde cesta del chaval para obrar el prodigio? ¡Pues claro! ¿Qué porqué? Porque quiso… Lo que demuestra que quiere. Nos quiere en lucha. Nos quiere dando el santo combate. Frente a todo. Frente a todos.

Por eso, y mientras aquí estemos, algunos no dejaremos de luchar por defender a Cristo y a su Iglesia del verdadero problema que tiene hoy; donde un pequeño resto fiel sostiene la Fe para cuando Cristo vuelva.

Porque el problema de la Iglesia actual es de órdago. Y no lo podemos esconder.

Un problema que además se multiplica constantemente cuando tantos todavía siguen creyendo las palabras de Francisco, quien siempre gusta de exponer su propio pensar y no el Sagrado Magisterio de la Iglesia; y que cuando habla de doctrina lo hace de manera tan ambigua, que propende al error.

Ello nos coloca también en el grave asunto del “ecumenismo”, donde Bergoglio, agrandando a cada paso el problema emanado del Vaticano II, iguala siempre que puede a la Santa Iglesia Católica, fundada por Cristo, con cualquier secta o falsa religión. Es un camino más para ir a Dios, como lo puede ser cualquier secta que surja en el mundo, sea cristiana o simplemente libre pensadora.

Libertad religiosa, colegialidad, y demolición de la liturgia de siempre; envuelta en este “a Dios se llega por todas partes”, o por esas horrendas palabras de Bergoglio de que “sólo hay una certeza, y es que todos somos hijos de Dios”, nos siguen y seguirán minando a diario.

Por eso les reitero…, por favor, escúchenme…

Mientras no se corrijan los errores de hoy, y no nos atrevamos a proclamar con valor y fortaleza lo que declararon los Sumos Pontífices ANTES del Concilio Vaticano II, acerca de que la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, fundada por Cristo, es la que atesora la Verdad, y la única vía de salvación, los errores cundirán por toda la feligresía. Como la pólvora. Y en ello estamos.

Pero para lograrlo, se deberán abandonar las corrientes modernistas y progresistas que han envuelto a la Iglesia tras el Concilio Vaticano II, y volver a la Sagrada Tradición y al Sagrado Magisterio que obedece al Santo Evangelio, lo cual es el Sagrado Depósito de la Fe.


No hay otra vía.

Y nosotros vamos a luchar por ella.

Ya está bien con 50 largos años de ridículo católico y diario suicidio.

Será está vía; por la Gracia de Dios (y nuestros panes y peces)…

… o no será ninguna.

Pero esto sólo Dios lo sabe.

¡A luchar!

infovaticana.com/…/por-favor-escuc…
vgg
Vg2: Lo que hace falta es agarrarse con todas las fuerzas al Evangelio. Ese es el Camino. Y si le seguimos Jesús mismo nos acompañará y no habrá errores. Pero para ello, no hay que mirar atrás, como como dijo Jesús.