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Esta estrella resplandece como llama viva y revela al Dios, Rey de reyes

pablodeguadalupe
28
Los magos la contemplaron y ofrecieron sus dones al gran Rey
Rita 3
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La Estrella de la Navidad
Poema de Yuri Zhivago (del libro El Doctor Zhivago)

Era temporada invernal
El viento soplaba desde la llanura
Y el niño tenía frío
En la gruta de la ladera de una colina.

El aliento de un buey sirve para calentarlo
Los animales agrupados
en la gruta.
Le dan calor en sopor que cubre el pesebre.

Arriba en un acantilado los pastores sacuden
de sus pieles de cordero …
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La Estrella de la Navidad
Poema de Yuri Zhivago (del libro El Doctor Zhivago)

Era temporada invernal
El viento soplaba desde la llanura
Y el niño tenía frío
En la gruta de la ladera de una colina.

El aliento de un buey sirve para calentarlo
Los animales agrupados
en la gruta.
Le dan calor en sopor que cubre el pesebre.

Arriba en un acantilado los pastores sacuden
de sus pieles de cordero las pajas de sus jergones
Y granos extraviados de millo
Y adormilados miran la medianoche en la distancia.

A lo lejos estaban los campos cubiertos de nieve,
Y un camposanto, y las tumbas y las cercas,
Una carreta con sus ejes hundidos en una ventisca
Y, sobre el camposanto, un cielo cubierto de estrellas.

Y como algo hasta ahora nunca visto,
su luz más tímida que la de una vela
entra por la ventana de la cabaña de un vigilante
Una estrella brilla sobre el camino a Belén.

Ahora semeja una hacina de heno ardiente
Frente al lado del Cielo y de Dios;
Como el reflejo de un fuego incendiario,
Como una granja en llamas o un piso de trilla ardiente.

Al fondo del cielo como una ardiente hacina
De paja, de heno,
En el medio de una Creación sorprendida, asombrada
Por esta nueva Estrella.

Una creciente rojez que como augurio
estaba brillando sobre ella.
Y tres astrólogos la observaban y con prisa
respondieron a la llamada de estas inusitadas luces.

Camellos cargados de regalos afanábanse detrás,
Y asnos enjaezados, cada uno más pequeño y más
pequeño,
con delicadeza, cautelosamente descendían la colina.

Y todas las cosas que estaban por suceder después
aparecieron en la distancia como una extraña
premonición.
Todos los pensamientos de las edades, todos los
sueños, todos los mundos.
Todo el futuro de las galerías y de los museos,
Todos los adornos de duendes, todos los trabajos de
hacedores de milagros.
Todos los árboles de Navidad de la Tierra, todos los
sueños de los bebés,
Todo el fulgor de las velas trémulas, todas las cadenas,
Toda la magnificencia de oropel matizado brillante…
(Aún más cruel, más furioso, el viento sopló desde la
llanura)
… Todas las manzanas de cutis rosa, todos los globos
dorados de cristal soplado.

Parte del lago estaba oculto por arraclanes
Pero, detrás de los nidos de las cornejas entre las
cúpulas de los árboles,
Parte podía verse claramente desde el borde de los
acantilados.
Los pastores podían observar bien los camellos y los
asnos
encaminándose al borde de la represa del molino.

“Vayamos con los otros y adoremos el milagro,”
dijeron, envolviéndose en sus pieles de cordero.

Arando a través de la nieve calentaron sus cuerpos.
Huellas de pies desnudos, brillaban como mica,
Guiados por la brillante llanura y más allá la cabaña,
Y los perros agitábanse mirando hacia atrás con terror,
Y, en presagio fatal, temblaban próximos a un joven
pastor.

A través del mismo campo, sobre la misma avenida
Algunos ángeles caminaban entre el tropel de mortales.
Ser incorpóreos le hacía invisibles.
Pero cada paso que daban imprimía la huella de un pie.

Rompía el día. Los troncos de cedros destacaban.
Una horda de hombres apretados por la piedra de la
boca de la gruta.

“¿Quiénes son ustedes?” María les preguntó.
“Somos de una tribu de pastores, y enviados del cielo.
Hemos venido a cantar alabanzas a ambos.”
“No pueden entrar todos. Aguarden aquí un momento.”


En el brillo antes del amanecer, gris como frías cenizas,
Los ganaderos y los pastores pateaban para
mantenerse calientes.
Los que vinieron a pie alternaban con los que venían en
montura.
Cerca del tronco hueco que servía para conducir el agua
Los camellos bramaban, los grises asnos coceaban.

Rompía el día, el amanecer barrió las últimas estrellas
De la bóveda celestial como si fueran motas de cenizas.
Y María, de toda la incontable multitud, permitió
Sólo a los Reyes Magos entrar
El dormía, todo refulgente, en pesebre de encino,
Como un rayo de luna dentro de un árbol hueco.
En medio de pieles de cordero. Su cuerpo se calentaba
Por los labios de un asno y los orificios nasales de un
buey.

Los Reyes Magos erguidos en la sombra (el lugar
parecía en crepúsculo)
Hablaban en susurros, tentando las palabras.
De repente uno, en la sombra profunda, tocó a otro
Para moverlo de junto al pesebre, un poco hacia la
izquierda.
El otro se volvió, como un invitado a punto de entrar,

La Estrella de la Navidad miraba a la Virgen.
Padre, perdónalos porque no saben lo que dicen and one more user like this.
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