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‘Quien se aleja o atenta contra el Papa es un insensato’: Sta. Catalina de Siena

“Aquél que se aleja del Papa o atenta contra él es un insensato, pues el Papa es quien tiene las llaves de la Sangre de Cristo crucificado. Por eso, aunque fuese un demonio encarnado, no debo …More
“Aquél que se aleja del Papa o atenta contra él es un insensato, pues el Papa es quien tiene las llaves de la Sangre de Cristo crucificado. Por eso, aunque fuese un demonio encarnado, no debo levantarme contra él, sino humillarme siempre e implorar esa sangre de su misericordia… pues de otra suerte no podríamos tener ni participar el fruto de la sangre”.

Santa Catalina de Siena
Doctora de la Iglesia

“Aquél que se aleja del Papa o atenta contra él es un insensato”: Santa Catalina de Siena

Por Fr. Mario Agustín Pinto, O. P. Dominus Est. 07 de febrero de 2019.

El mismo Cristo dijo a San Pedro:


“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificará mi Iglesia”.

Es decir, tú también eres la piedra. Y también eres el fundamento, porque estás unido conmigo [Cristo] en la solidaridad de una misma fuerza, y porque las prerrogativas de mi propia autoridad, que son y seguirán siendo mías, te son comunes conmigo por la participación que yo te doy de ellas. Por consiguiente, en la Iglesia no hay dos fundamentos sino uno solo: Jesucristo, invisible en sí mismo y visible en su Vicario.

El alma ardiente de Santa Catalina supo vivir esta verdad hasta en sus más extremas consecuencias. Los dones intelectuales del Espíritu Santo, que poseía en un grado eminentísimo, le hacían ver con deslumbradora evidencia que el Papa es algo así como un sacramento, que bajo las “especies” de la persona del Papa es, en rigor, el mismo Jesucristo quien rige y gobierna a la Iglesia en las etapas sucesivas de su historia. Comprendió que el Papa y Jesucristo constituyen por manera indivisible una misma cabeza, un mismo doctor, un mismo Pontífice, un mismo legislador de la Iglesia universal, o, por mejor decir, que el Papa es el mismo Jesucristo, el dulce Cristo en la tierra, el mismo Jesucristo que enseña y que gobierna perpetuamente a la Iglesia por medio del órgano visible que Él mismo ha querido darse. Comprendió que para amar de veras a Cristo hay que amarle presente, no sólo invisible y misteriosamente en el adorable Sacramento del Altar, sino también de una manera visible y manifiesta en la persona del Romano Pontífice, su Vicario.

Por eso su devoción al Papa en tanto que custodio infalible del depósito de la Fe y de la santa e irrevocable Tradición, a ese Papa a quien llamó el dulce Cristo aquí en la tierra, fue como el sol que iluminó todo su ser, fue quizá la pasión dominante de su vida… pues en el Papa veía Catalina al dispensador supremo de la sangre de Cristo… y así, rebelarse contra él, desacatarle, equivalía a alejarse de las fuentes de la gracia y a comprometer terriblemente la eterna salvación. De ahí que no omitiera esfuerzo para reducir a la obediencia del Papa a todos los gobernantes de las ciudades de Italia que se rebelaban contra él por motivos temporales, repitiéndoles sin cesar:


“Aquél que se aleja del Papa o atenta contra él es un insensato, pues el Papa es quien tiene las llaves de la Sangre de Cristo crucificado. Por eso, aunque fuese un demonio encarnado, no debo levantarme contra él, sino humillarme siempre e implorar esa sangre de su misericordia… pues de otra suerte no podríamos tener ni participar el fruto de la sangre”.

La vida apostólica de Santa Catalina estuvo totalmente consagrada al servicio del Papa, hasta el punto de que Pío IX llegó a declararla patrona – junto con los apóstoles Pedro y Pablo – de la Sede Apostólica de Roma.

La admirable doctrina que contienen las cartas de Santa Catalina viene a ser hoy más actual, más oportuna que nunca en el seno de la Iglesia católica. Puede afirmarse en efecto que toda la renovación espiritual que se pueda realizar en el mundo actual, tan necesitado de ella, debe inspirarse en las tres grandes ideas que obsesionaban a Santa Catalina:

Devoción al Papa,

Amor e íntima adhesión a la Iglesia, cuerpo místico de Cristo,

Y celo por la cristianización de la vida pública y social de las naciones.


Fr. Mario Agustín Pinto, O. P.
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vgg
Vg2: Lo que dice la Santa es una verdad. El Papa, sea quien sea, es "la Piedra" que Cristo escogió; y sólo hay UNA y no más. Muy bien torrededavid por tu aportación.
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