EL ROSARIO DE HOY PRIMER SÁBADO DE MES EN REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA CON SAN VICENTE FERRER Santo Rosario. Por la señal... Monición inicial: Hoy, primer sábado de mes, ofrecemos este …More
EL ROSARIO DE HOY PRIMER SÁBADO DE MES EN REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA CON SAN VICENTE FERRER

Santo Rosario.
Por la señal...
Monición inicial:
Hoy, primer sábado de mes, ofrecemos este rosario en reparación al Corazón Inmaculado de María respondiendo así a su llamada en la ciudad de Pontevedra (ESPAÑA) a Sor Lucía, a quien la Virgen se apareció en Fátima: "Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación."
Ofrecemos el rosario como acto de reparación:
-por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María.
-por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora.
-por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres.
-por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada.
-por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima.

*** PARA RECIBIR LA PROMESA DE LOS CINCOS PRIMEROS SÁBADOS ES NECESARIO, DURANTE CINCO SÁBADOS SEGUIDOS: 1) Rezar el rosario y meditar en sus misterios y 2) Confesar y comulgar con esta intención.***

Meditamos el rosario de hoy con San Vicente Ferrer, santo dominico que se entregó de forma incansable a la predicación de la fe. Voló al cielo tal día como hoy del año 1419.

Señor mío Jesucristo...

MISTERIOS GOZOSOS
1.- La encarnación del Hijo de Dios en las entrañas purísimas de la Virgen María.
“Y la primera obra que hizo Jesús Cristo, Hijo de Dios y nuestro Salvador, en este mundo fue la encarnación, cuando descendió del Cielo se introdujo en el vientre virginal de María Virgen, revistiéndose de humanidad. Por tanto os digo, que se revistió de humanidad, porque la divinidad está secretamente escondida bajo la humanidad. Porque debéis saber, que la encarnación se realiza por toda la Trinidad, porque las obras de la Trinidad son indivisibles, pero sin embargo solamente el Hijo es revestido de humanidad. Todo esto se demuestra por la comparación de los tres, que se visten con una única túnica uno ellos mismos. Es cierto, pues todos lo visten, pero solamente uno permanece vestido y no los otros. Así, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo revistieron de humanidad al Hijo, pero solamente el Hijo permaneció vestido de humanidad y encarnado. Y esto os digo que se representa en la Misa solemne y no en la otra. Pues cuando el presbítero entra a la sacristía, allí los tres lo revisten, a saber: el diácono, el subdiácono y el mismo presbítero que se reviste, ayudándole los otros, pero él solo queda vestido. Así, nuestro Salvador Jesús Cristo, gran y sumo sacerdote, fue revestido en aquella gloriosa sacristía, es decir, la Bienaventurada Virgen llena de virtudes, de gracia y de perfecciones, lo conserva todo como un tesoro para nuestra salud, a saber: al Salvador del mundo Jesús, Dios y hombre y los ornamentos, con los cuales debe decir la Misa de pontifical como sumo sacerdote Jesús Cristo en el día del Viernes Santo en el altar de la cruz. Estos ornamentos son la humanidad. Y si queréis contemplar más alto: así como el presbítero es revestido en la sacristía y nadie del pueblo le ha visto vestirse, así mismo cuando Jesús Cristo, Sumo Sacerdote, se reviste de humanidad en la sacristía, que es la Bienaventurada Virgen, para decir la Misa en el altar de la cruz, nadie del pueblo judío lo supo, ni lo vio cuando fue encarnado, porque esto sucedió muy en secreto. Y si todavía queréis contemplar más profundamente: así como el presbítero se reviste en la sacristía con siete vestidos (…) así el sumo sacerdote Jesús fue revestido en el vientre de la Virgen María, que se dice sacristía, por siete vestidos que son los siete.”
2.-La Visitación de Nuestra Señora a su prima santa Isabel.
“A medida que rechaza de sí mismo todo lo que había oído, lo que había visto y obrado temporalmente, relegándolo al olvido, comienza a volver en sí mismo y se robustece de manera admirable, y comienza a acercarse a la justicia original y a la pureza celestial. Y así, mientras vuelve sobre sí mismo, se ensancha el ojo de la contemplación y monta en sí mismo la escalera por la cual sube a contemplar el espíritu angélico y el divino. Desde esta contemplación el ánimo se enciende con los bienes celestiales y percibe como de lejos y como nada todo lo temporal. Por aquí empieza a arder en el alma aquella perfecta caridad que, como fuego, consume toda la escoria de los vicios. Así la caridad ocupa toda el alma, porque ya no hay lugar por donde entre la vanidad. Y todo lo que piensa, lo que habla o lo que obra, todo proviene del dictado de la caridad". (TRATADO DE LA VIDA ESPIRITUAL)

3.-El nacimiento del Niño Dios en el portal de Belén
“La segunda obra, que hizo nuestro Señor Jesús Cristo, fue la Navidad, porque Él no quiso nacer en un palacio como el Pretorio lleno de magnificencias. Y la noche fue clara como el día. Y quiso nacer entre José y la Virgen, y yacer recostado entre el buey y el asno. Las multitudes de los ángeles cantaban: Gloria a Dios en las alturas (Lc. 2,14). Los pastores vinieron a adorarlo. He aquí pues que primero estaba en aquella gloriosa sacristía, a saber la Bienaventurada Virgen, pero posteriormente se ha manifestado públicamente y se ha revelado.
Y esto lo representa el presbítero cuando sale de la sacristía, pues el presbítero representa a Cristo; el diácono y el subdiácono están representan a la Virgen y José quienes estaban a cada lado de Cristo; los dos acólitos representan el buey y el asno; y la luz que llevan los acólitos en los candelabros representan aquella claridad que brilló en el nacimiento de Jesús Cristo, sumo sacerdote; el coro de clérigos cantando “Gloria al Padre y al Hijo”, etc. cuando sale el presbítero de la sacristía representa el coro de los Ángeles cantando: Gloria a Dios en las alturas (Lc. 2,14) durante el nacimiento de Jesús Cristo. En algunas iglesias existe la costumbre laudable que cuando se dice “Gloria al Padre” suenan las campanillas, así se representa la alegría de los pastores que hacían sonar sus zambombas. Así mismo, el presbítero sale con la cara y manos lavadas, bien peinado, por eso en algunas sacristías existe un peine, y sale con la capa dorada y todo él puro sin culpa ni mancha. Esto es así para demostrar que Jesús Cristo sale, o nace, sin ninguna culpa, ni mancha, ni corrupción de la Virgen y nace con gran alegría. Por eso el rey David canta en el Salmo (Sal. 18, 6): Los cielos cuentan… en el sol plantó su tienda; y él mismo como esposo que sale de su alcoba. Porque sale hermoso y afeitado, así como el esposo sale de la habitación con añillos en las manos. Y todo esto en la Misa solemne.”
4.-La purificación de Nuestra Señora y presentación del Niño Jesús en el templo
"La quinta obra, que hizo nuestro Salvador Jesús Cristo en este mundo fue cuando quiso presentarse en el Templo y la Bienaventurada Virgen y Madre suya lo llevó al mismo Templo y lo ofreció al sacerdote, estando allí alabando a Dios Simeón y aquella santa profetisa Ana. Esto lo representa el presbítero cuando viene a la esquina del altar y toma el libro y dice el Introito de la Misa; el diácono y el subdiácono que permanecen a sus lados, representan a Simeón y Ana. Los acólitos y todos los demás que oyen el oficio, que no deben subir al altar, representan cuando la Virgen María y José y otros amigos estaban de lejos escuchando humildemente, donde estaba la santísima criatura, pero no quiso hacerlo para darnos ejemplo de cómo no debemos acercarnos al altar. Y cuando san Simeón recibió el hijo precioso y glorioso de la Virgen en sus brazos, entonó aquel canto (Lc. 2,29 – 32): Ahora Señor, puedes según tu palabra, dejar que tu siervo, que tiene cuatro estrofas que se cantan y por eso el presbítero representado esto hace cuatro obras. Primera: el Introito de la Misa; segunda: los kiries; tercera: el Gloria in excelsis y la cuarta: la oración"
5.- El niño Jesús perdido y hallado en el templo
“La séptima obra que hizo nuestro Salvador Jesús Cristo en este mundo fue que después de que retornó de Egipto hacia la tierra de Promisión, habiendo muerto el rey Herodes, su Madre y José le condujeron al Templo de Jerusalén para sacrificar y allí se perdió y después de tres días fue hallado entre los doctores de la ley; y era preguntado de cualquier cuestión y como dice san Jerónimo en el prólogo de la Biblia: “Enseña mucho más que prudentemente pregunta”. Y esto se representa por el presbítero cuando de la sede va al altar y con gran diligencia piensa lo que oye del Evangelio; y enseña mucho más, cuando medita escucha, con lo que puede decirse que así Jesús Cristo en el Templo escuchaba a los judíos y los interrogaba. Y así mismo san Lucas en su Evangelio (Lc. 2, 46) dice: escuchándoles atentamente y preguntándoles. De la misma manera la contemplación que hace el presbítero oyendo el Evangelio no es sino una interrogación. Y así muestra que Jesús Cristo interrogando prudentemente, instruía a los doctores en la fe. Por eso inmediatamente el presbítero después del Evangelio, canta el “Creo en Dios”, donde se contienen los principios de la fe.
La obra octava, que nuestro Salvador Jesús Cristo hizo en este mundo, fue después que la Bienaventurada María, su madre, lo encontró en el Templo, que fue bendecida con tanto gozo que experimentó que no pudo sus lágrimas contener y bendecir al Señor. A continuación mirad qué hizo el glorioso Señor y cuánta fue su abundantísima y gran humildad, que inmediatamente que vio a su madre bendita, se acercó a ella y a José y confortaba su sacratísima Madre, secándole las lágrimas y regresó con ellos mismos a Nazaret, y no obstante ser él mismo el Rey de Reyes y Señor de todo el mundo, sin embargo quería ser súbdito de su Madre y José. Lo dice Lucas (Lc. 2, 51): Y vivía sujeto a ellos. Estas consolaciones que hacía Jesús a su Madre las representa el presbítero cuando, dicho el Credo, se vuelve al pueblo diciendo: “El Señor esté con vosotros”. Y después de esto, está todo lo que hace el presbítero en el altar preparando los corporales y la hostia y el cáliz, que pertenecen al sacrificio y representa aquel ministerio y servicio que hizo nuestro Señor Jesús Cristo a su sacratísima Madre. Por eso él mismo decía en Mateo (Mt. 20, 28): El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir.”

MISTERIOS DOLOROSOS
1. La Oración de Jesús en el Huerto
“La decimocuarta obra que hizo nuestro Salvador y Señor Jesús Cristo es que después de la predicación de aquel gran sermón a los Apóstoles, salió hacia el huerto para hacer oración y oró tres veces a Dios Padre diciendo: Padre mío, si es posible que pase de mí esta copa… El espíritu está pronto, pero la carne es débil (Mt. 26, 39.41). Y él mismo en cuanto Dios no temía a la muerte, pero sí en cuanto hombre. Y por lo tanto siendo consciente de las pasiones que él iba a padecer, decía: Padre mío, si es posible que pase, etc. Esta amargura de la pasión se basa en la sensualidad que está enferma, pero el espíritu está pronto. En la tercera vez que oró, y le sobrevino un temblor y el sudor de sangre, es cuando vino el ángel a confortarlo (cf. Lc. 22, 43-44). No como si él mismo necesitara el ánimo, sino como el escudero que conforta a su señor, diciendo por si acaso: “Señor esforzaros, porque ahora alcanzaréis la victoria sobre vuestros enemigos”; así el ángel le decía a nuestro Salvador: “Señor mirad a las almas santas, que os esperan en el Limbo del infierno y ya ansían la gloria, y así confortaréis vuestra humanidad”. Y el clementísimo Señor oró por él mismo y por nosotros. Por él mismo rogando al Padre Dios por su resurrección; no es que estuviera dudoso de su resurrección, o impotente para resucitar, sino que así convenía que lo hiciera. Y esto lo hacía como hombre. También oró por nosotros, para que constante y voluntario recibiera la muerte por nosotros, para que nosotros estemos ardientes y firmes para sostener la muerte por él mismo y resucitemos gloriosos. Se representa en la Misa cuando el presbítero traza tres cruces sobre el cáliz, diciendo: “Bendecida, aceptada y ratificada”, significando aquellas tres oraciones que hizo el Salvador en el huerto. Después hace dos cruces sobre la hostia demostrando así que [Jesús] rogaba por dos, a saber, por sí mismo [en cuanto hombre] y por nosotros.”
2. La flagelación de Jesús atado a la columna.
“La decimoctava obra que nuestro Salvador hizo en este mundo fue que, no obstante estar todo herido y tener aquellas cuatro llagas de las manos y de los pies, todavía quiso soportar por amor nuestro que le abrieran otra en el costado, y salió sangre y agua. Esto fue un gran milagro porque su sangre fue derramada en el sudor y la flagelación, y en la colocación de la corona de espinas, y también en la perforación de las manos y los pies, y después de morir cuando le abrieron el costado salió sangre y agua (cf. Jn. 19, 34). Todo esto se representa en la Misa cuando el Presbítero con la hostia hace cinco cruces, diciendo: “Por él, en él, y con él”, para significar de este modo las cinco llagas de nuestro Señor Jesús Cristo, etc.”
3. La coronación de espinas
“La décimo novena obra que nuestro Salvador y Señor Jesús Cristo hizo en este mundo fue que estando crucificado en la cruz dijo siete palabras en voz alta. La primera palabra fue cuando rogó por todos los que le crucificaban, diciendo: Padre, perdónales, porque no saben la que hacen (Lc. 23, 34). Pues creían que estaban colgando del madero a un embaucador u hombre pecador, y crucificaban al mismo Hijo de Dios Redentor. La segunda palabra cuando diho al ladrón: Hoy, estarás conmigo en el Paraíso (Lc. 23, 43). La tercera palabra es, o fue, cuando mirando a su Madre, quien se estaba muriendo de un admirable dolor -¡qué maravilla era aquella que no se rompía el corazón! (en el manuscrito: que maravella era com no trencava per lo cor)- diciendo: “¡Oh Señor e hijo mío carísimo! ¿al ladrón le hablas y a mí no quieres? ¿no quieres hablar? Que le plazca a vuestra clemencia decir alguna palabra a vuestra madre tan desolada”. Y entonces el Señor dijo: Mujer, ahí tienes a tu hijo (Jn. 19, 26). Y después de esto, vuelto a san Juan dijo: Ahí tienes a tu madre (Jn. 19, 27)..”
4. Nuestro Señor con la cruz a cuestas camino del Calvario
La cuarta palabra fue cuando dijo: ¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?, que es: ¡Dios mío, Dios mío! ¿porqué me has abandonado? (Mt. 27, 46). No que lo abandone en su divinidad, sino que lo era abandonado por los parientes, amigos y Apóstoles. La quinta palabra fue cuando dijo: Tengo sed (Jn. 19, 28). La Virgen María cuando oyó que su hijo tenía sed, desearía que en aquel instante sus entrañas se convirtieran en agua para que pudiera él beber. Y entonces, dijo: “Hijo mío carísimo, y Señor, no tengo agua, pero si quieres las lágrimas, recibe este velo que está lleno de lágrimas”. La sexta palabra fue cuando dijo: Todo está cumplido (Jn. 19, 30), es decir, toda la redención humana. La séptima palabra fue cuando dijo: Padre, en tus manos, pongo mi espíritu (Lc. 23, 46). E inclinó la cabeza, como si dijera: “Madre mía, consuélate con el discípulo y vigilad bien y os encomiendo a Dios porque ya me muero y me voy al otro mundo”. Se representa en la Misa cuando el presbítero dice el “Padre nuestro”, en el cual hay siete peticiones significando las siete palabras que Jesús pronunció en la cruz. Así mismo el presbítero pronuncia estas peticiones en voz alta, porque Jesús dijo aquellas siete palabras en voz alta, etc..”
5. La crucifixión y muerte del Señor
“La vigésima primera obra que nuestro Salvador y Señor Jesús Cristo realizó, en este mundo fue que convirtió a muchas personas de condiciones diversas. Quiso que apareciera ya el fruto de su redención. Y por eso convirtió primero al ladrón, que fue un hombre de mala vida, rebelde, criminal. En segundo lugar convirtió al Centurión, que era el capitán de la gente armada y que dijo: Verdaderamente éste era el Hijo de Dios
(Mt. 27, 54). En tercer lugar convirtió al pueblo humilde, y esto lo cita san Lucas diciendo: Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho (Lc. 23, 48). Nótese que dice “todas las gentes”, no las turbas maliciosas como los escribas o fariseos, sino las gentes sencillas e ignorantes que viendo el milagro que ocurría, se golpeaban el pecho diciendo: “¡Miserables! que crucificamos al salvador”. Y porque nuestro Señor convirtió en su pasión a estas tres clases de personas, por eso el presbítero dice tres veces “Cordero de Dios”. Primero lo decimos particularmente por cualquier pecador, diciendo que le perdone como perdonó al ladrón, igualmente a mí que soy pecador. Segundo, pedimos que como iluminó y abrió los ojos del Centurión que regía la milicia, así mismo ilumine y perdone a cualquiera que gobierna al pueblo, o tiene cuidado pastoral de las almas, para las almas alcancen la salvación. Tercero decimos “Cordero de Dios” porque pedimos que así como convirtió al pueblo humilde, así mismo convierta al pueblo cristiano común y le conserve en buena salud y paz y le perdone todos sus pecados.”

MISTERIOS GLORIOSOS
1.-La Resurrección del Señor.
“La vigésima quinta obra que realizó Cristo en este mundo fue que resucitó de la vida mortal a la vida inmortal. Y después fue hallado el monumento abierto.Y esto se representa en la Misa cuando el presbítero va de en medio del altar a la esquina del altar para mostrar que así Jesús Cristo se mudó de la vida mortal a la inmortal. Y el presbítero muestra el cáliz vacío para mostrar que el monumento de Cristo fue hallado abierto y vacío. Entonces el diácono pliega los corporales para mostrar que en el sepulcro fueron encontradas las vendas y el sudario plegados, etc. (cf. Jn. 20,5-7).
2.- La Ascensión del Señor
“La vigésima octava obra que Jesús Cristo hizo en este mundo fue que cuando debía subir al Cielo, llamando a los Apóstoles, les dijo: Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda creatura; diciendo también: El que crea y sea bautizado se salvará (Mc.16,15-16 y Mt. 28, 19-20). Esto se representa en la Misa cuando el presbítero dice: “Podéis ir en paz”, dando permiso al pueblo para que regresen a las casas para cumplir sus deberes, porque se ha completado el oficio y el sacrificio, como Cristo dio a los Apóstoles el permiso de ir por el mundo habiendo sido cumplido el sacrifico.”
3.- La Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos en torno a la Virgen María
“Y los apóstoles dijeron a la Virgen María: Virgen bendita, ruega tu con nosotros, porque tu Hijo te oirá enseguida. La Virgen se arrodilló y oró diciendo: Envía tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra. Serán creadas las virtudes infusas, las gracias, los dones y las perfecciones. Renovarás la faz de la tierra por la predicación de tus apóstoles y de tus discípulos. Una vez oró así la Virgen se oyó un gran ruido a manera de trueno que no asustaba sino que alegraba. Fue la respuesta a la voz de María. Inmediatamente bajó del cielo a manera de un viento vehemente y la casa se llenó de ruido y de fuego...»
4.- La Asunción de María Santísima a los Cielos
“La vigésima sexta obra que realizó Jesús Cristo en este mundo fue que después de su gloriosa resurrección se apareció a santa María Magdalena y a los Apóstoles, pero primero se apareció a la Virgen María. No sólo se apareció él solo, como ocurrió con santa María Magdalena, sino con todos los santos Patriarcas y Profetas y otros santos Padres. Y ahora meditad, buena gente, qué consolación debía tener la Virgen María cuando veía a su gloriosos hijo con aquella multitud de santos. Todo esto se representa en la Misa cuando el presbítero dice: “El Señor esté con vosotros”. Y a continuación dice la oración postcomunión que reprersenta las palabras de consolación que tuvieron nuestro Salvador Jesús Cristo y su gloriosa Madre, y cómo los santos Padres alababan a nuestro Salvador y suyo. Y a continuación hacían reverencias a su Madre diciendo: “Reina del cielo”, terminad de llorar y no tengáis ni tristeza ni disgusto, etc.
5.- La Coronación de la Virgen como Reina y Señora de todo lo Creado.
“La trigésima obra que hizo Jesús Cristo en este mundo fue cuando se apareció a su gloriosa Madre y a los Apóstoles y les bendijo también a los cristianos hombres y mujeres. Y por eso dice el bienaventurado Lucas: Alzando sus manos, los bendijo… y fue llevado al cielo (Lc. 24, 50). Entonces decía la Virgen María, llorando: “¡Oh, hijo mío! ¿no voy contigo? ¿Me dejas aquí entre los judíos?”. De la misma manera los Apóstoles lloraban, diciendo: “¡Señor! y ¿cuándo te volveremos a ver, y cuando regresarás?”. Y entonces, he aquí que Cristo dio la bendición y subió al cielo, de donde había salido. Y esto se representa en la Misa, cuando el presbítero, dada la bendición, regresaa la sacristía, de donde había salido.”