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UN SANTO PARA CADA DÍA 23 DE MAYO (San Juan Bautista Rossi, presbítero)

Irapuato
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sanPablotv fecha: 23 de mayo n.: 1698 - †: 1764 - país: Italia canonización: B: Pío IX 13 may 1860 - C: León XIII 8 dic 1881 hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, …More
sanPablotv fecha: 23 de mayo

n.: 1698 - †: 1764 - país: Italia
canonización: B: Pío IX 13 may 1860 - C: León XIII 8 dic 1881
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio:
En Roma, san Juan Bautista de Rossi, presbítero, que atendió en la Ciudad Santa a los pobres y a los más marginados, instruyendo a todos en la santa doctrina.

Este santo sacerdote nació en 1698, en el pueblecito de Voltaggio, de la diócesis de Génova. Era uno de los cuatro hijos de una excelente familia, muy respetada. Cuando Juan tenía diez años, un noble y su esposa, que habían ido a veranear en Voltaggio, obtuvieron de los padres del niño, el permiso de llevarle consigo a Génova para educarle en su casa. Juan permaneció ahí tres años y se ganó el aprecio de todos, particularmente de dos frailes capuchinos que acostumbraban visitar a su amo. El tío de Juan era entonces provincial de los capuchinos; tan buenos informes le dieron los dos religiosos sobre su sobrino, que un primo suyo, Lorenzo Rossi, canónigo de Santa María in Cosmedin, le invitó a ir a Roma. Juan Bautista aceptó e ingresó en el Colegio Romano a los trece años. Pronto se hizo muy popular entre sus profesores y condiscípulos. Había terminado ya brillantemente los estudios clásicos, cuando la lectura de un libro de ascética le indujo a practicar penitencias exageradas. A consecuencia de ello, sufrió una depresión nerviosa que le obligó a abandonar el Colegio Romano. Aunque llegó a rehacerse lo suficiente para terminar sus estudios en la Minerva, jamás recuperó del todo las fuerzas. En efecto, en el trabajo apostólico tuvo que luchar siempre contra la mala salud.

El 8 de marzo de 1721, a los veintitrés años de edad, Juan Bautista recibió la ordenación sacerdotal. Celebró su primera misa en el Colegio Romano, en el altar de San Luis Gonzaga, a quien había tenido siempre gran devoción. Ya desde sus años de estudiante acostumbraba visitar los hospitales, con algunos de sus condiscípulos, sobre los que ejercía una influencia tan grande como sobre los niños de Voltaggio. Una vez ordenado sacerdote, pudo trabajar más a fondo por los enfermos. Tenía particular predilección por el albergue de Santa Galla, fundado por el papa Celestino III, donde pasaban la noche los que no tenían casa. San Juan Bautista trabajó ahí cuarenta años, para impartir consuelo e instrucción a los pobres. Pero pronto descubrió que había otros menesterosos por los que nadie se preocupaba; a ellos consagró lo mejor de su tiempo y de sus esfuerzos. En primer lugar estaban los campesinos que iban regularmente a vender el ganado en el mercado del Foro Romano. El santo se dirigía allá por la noche o en las primeras horas de la madrugada y, una vez que se había ganado la confianza de los campesinos, les enseñaba el catecismo y los preparaba para recibir los sacramentos. Otra de sus principales preocupaciones eran las mujeres sin casa que mendigaban en las calles y acababan en la prostitución. San Juan Bautista no tenía más renta que el escaso estipendio de la misa; pero, con quinientos escudos que le regaló una persona caritativa y otros cuatrocientos que le regaló el Papa, alquiló una casa situada detrás del albergue de Santa Galla y la convirtió en el «Refugio de San Luis Gonzaga».

En los primeros años de su sacerdocio, Juan había eludido por timidez el oficio de confesor. Pero, durante la convalescencia de una enfermedad, que pasó en la casa de Mons. Tenderini, obispo de Civita Castellana, éste le convenció para que confesase en su diócesis. Tanto el mismo Juan Bautista como sus penitentes, comprendieron al punto que ésa era su verdadera vocación. A su vuelta a Roma, el santo continuó su tarea de confesor. Un día dijo a uno de sus amigos: «Antes me preguntaba yo cuál era el más corto camino para ir al cielo. Ahora sé por experiencia que es el de ayudar a otros en el confesionario... ¡Es increíble el bien que se puede hacer ahí!»

En 1731, el canónigo Rossi consiguió que su primo fuese nombrado vicario de Santa María in Cosmedin. Hasta entonces la iglesia estuvo relativamente abandonada, debido, en parte, a su situación un tanto alejada; pero, en cuanto Juan Bautista empezó a confesar, los penitentes de todas las clases sociales empezaron a invadir la iglesia. El santo pasaba tanto tiempo en el confesionario, que dos pontífices, Clemente XII y Benedicto XIV, le dispensaron de la obligación de asistir al coro.

Cuando murió el canónigo Rossi, San Juan Bautista le sucedió en la canonjía; pero consagró la renta a la adquisición de un órgano para la iglesia y a pagar el sueldo del organista. También devolvió al capítulo la casa que había heredado de su primo y se refugió en una miserable buhardilla. Vivía muy austeramente; su comida era un extremo frugal y sus vestidos, aunque siempre escrupulosamente limpios, eran de tela muy corriente. El Papa Benedicto XIV le confió la misión -perfectamente adaptada a sus gustos personales- de dar clase a los empleados de las prisiones y de otras oficinas públicas. El verdugo de la ciudad era uno de los penitentes del santo. En cierta ocasión tuvo éste que mediar en una violenta disputa entre el verdugo y uno de sus subordinados. Más tarde, decía: «Ese día llevé a feliz término un importante asunto de Estado».

De todas partes le solicitaban para que fuese a predicar misiones y a dar pláticas en las casas religiosas. Los hermanos Juaninos, en cuyos hospitales practicaba con frecuencia el ministerio sacerdotal, le estimaban tanto, que le eligieron para que fuese su confesor ordinario. La mala salud obligó a san Juan Bautista a trasladarse a Trinita dei Pellegrini, en 1763. En diciembre de ese mismo año, sufrió un ataque al corazón y tuvo que recibir los últimos sacramentos. Sin embargo, se rehizo lo suficiente para volver a celebrar la misa, a pesar de sus achaques. El 23 de mayo de 1764, otro ataque al corazón puso fin a su vida. Tenía entonces sesenta y seis años. Era tan pobre, al morir, que el hospital de Trinita tuvo que pagar los gastos del entierro. Los funerales revistieron una pompa extraordinaria, ya que asistieron a ellos doscientos sesenta sacerdotes, muchos religiosos e innumerables laicos; Mons. Lercari, arzobispo de Andrinópolis, pontificó en la misa de réquiem que se celebró en Trinita, y el coro pontificio cantó en ella. Dios había distinguido a su siervo durante su vida con poderes sobrenaturales y obró, por su intercesión, numerosos milagros después de su muerte. El proceso de beatificación empezó en 1781. Cien años después, en 1881, Juan Bautista de Rossi fue canonizado.

Existen biografías modernas de gran calidad. Mencionemos, en francés, la del P. Cormier (1901) y, en italiano, la de E. Mougeot (1881), que tradujo al inglés Lady Herbert (1905), con un prefacio del cardenal Vaughan. Un amigo del canónigo Rossi, J. M. Toietti, publicó una biografía de San Juan Bautista en 1768; en ese mismo año apareció la biografía del P. Tavani.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Santos Lucio, Montano, Juliano, Victorico, Víctor y Donaciano, mártires

En Cartago, santos Lucio, Montano, Juliano, Victorico, Víctor y Donaciano, mártires, que, en tiempo del emperador Valeriano, consumaron el martirio por confesar la religión y la fe que habían aprendido por enseñanza de san Cipriano.

Santos Mártires de Capadocia, mártires

Conmemoración de los santos mártires de Capadocia, …More
Santos Lucio, Montano, Juliano, Victorico, Víctor y Donaciano, mártires

En Cartago, santos Lucio, Montano, Juliano, Victorico, Víctor y Donaciano, mártires, que, en tiempo del emperador Valeriano, consumaron el martirio por confesar la religión y la fe que habían aprendido por enseñanza de san Cipriano.

Santos Mártires de Capadocia, mártires

Conmemoración de los santos mártires de Capadocia, a quienes, durante la persecución bajo el emperador Maximiano, mataron quebrándoles las piernas.

Santos Mártires de Mesopotamia, mártires

También conmemoración de los santos mártires de Mesopotamia, que en la misma época, colgados por los pies cabeza abajo, murieron ahogados por el humo y consumidos a fuego lento.

San Efebo de Nápoles, obispo

En Nápoles, en la Campania, san Efebo, obispo, que gobernó santamente al pueblo de Dios y le sirvió con fidelidad.

San Desiderio de Langres, obispo y mártir (2 coms.)

En Langres, en la Galia Lugdunense, martirio de san Desiderio, obispo, de quien se narra que viendo a su grey oprimida por los vándalos, se dirigió a su rey para suplicar por ella, pero por orden del monarca fue condenado a muerte, ofreciéndose así, libremente, por las ovejas que le habían sido confiadas.

San Eutiquio de Norcia, abad

En el territorio de Norcia, en la Umbría, conmemoración de san Eutiquio, abad, que, según narra el papa san Gregorio Magno, primero llevó vida solitaria con san Florencio, procurando conducir a muchos hacia Dios a través de la exhortación, y luego gobernó santamente un monasterio cercano.

San Spes, abad

can.: pre-congregación
país: Italia - †: c. 517

Igualmente en Norcia, san Spes, abad, que durante cuarenta años soportó la ceguera con admirable paciencia.

* San Honorato, abad

En Subiaco, en el Lacio, conmemoración de san Honorato, abad, que gobernó sabiamente el monasterio donde antes había vivido san Benito.

* San Siagrio de Niza, obispo

En Niza, en la Provenza, san Siagrio, obispo, que edificó un monasterio sobre el sepulcro de san Poncio.

San Miguel de Sinnada, obispo y confesor

En Sinnada (Çifitkasaba), lugar de Frigia, san Miguel, obispo, hombre pacífico, que favoreció la paz y la concordia entre griegos y latinos, pero enviado al exilio por defender el culto de las imágenes sagradas, murió lejos de su patria.

* San Guiberto, monje

Cerca de Gemboux, en la comarca de Lieja, en Lotaringia, sepultura de san Guiberto, monje, que, habiendo abandonado sus insignias militares y abrazado la disciplina de la vida monástica, construyó un cenobio en un terreno de su heredad, retirándose después al monasterio de Gorze.

San Juan Bautista de Rossi, presbítero

En Roma, san Juan Bautista de Rossi, presbítero, que atendió en la Ciudad Santa a los pobres y a los más marginados, instruyendo a todos en la santa doctrina.

Beatos José Kurzawa y Vicente Matuszewski, presbíteros y mártires

En la ciudad de Witowo, en Polonia, beatos José Kurzawa y Vicente Matuszewski, presbíteros y mártires, asesinados por los perseguidores de la Iglesia cuando, en tiempo de guerra, su patria estuvo sometida por la fuerza a un poder extranjero.

Beata María Gargani, fundadora

En Nápoles, Italia, beata María Gargani, en religión María Crucificada del Divino Amor, religiosa, fundadora del Instituto de las Hermanas Apostólicas del Sagrado Corazón.
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