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Burocratismo teológico

Burocratismo teológico

Alonso Gracián, el 16.02.20 a las 12:38 PM


74.- Del nominalismo de Ockham viene la idea de que la naturaleza del hombre, la vida humana en general, el bien, la belleza, la religión, la verdad, y toda noción universal, no tienen derechos, y que por tanto los individuos, en que existen las realidades universales y supraindividuales, no tienen deberes para con ellas, sino sólo derechos individuales.

El neomodernista no mira este deber para con las realidades universales sino los derechos que reclaman y contrarreclaman los individuos, como si éstos, en su subjetividad pretenciosamente única e irrepetible, no portaran realidades universales. Pero lo común obliga.

75.- La doctrina moderna de los derechos personales, para desvincularlos de las nociones universales, expulsa a Dios de su fundamento, que mal sustenta en la dignidad subjetiva del hombre. Serán los personalistas y neoteólogos los encargados de introducir en la mente católica esta reducción al vacío de los principios tradicionales, que quedarán privados de contenido trascendente y común. Es la secularización y pulverización de la función docente de la Iglesia en general, contemplada como una especie de actividad reguladora del “poder doctrinal” institucional al modo liberal.

76.- Soberanía, para Bodino, es poder originario, no delegado, y supremo, no sometido a leyes. El neomodernista entiende la autoridad política al modo de Bodino, y esto contamina su visión de la autoridad eclesiástica. No cabe, en esta concepción, la realeza social de Cristo, porque ésta enfatiza que toda potestad humana es delegada de la única potestad de Cristo; ni el ordenamiento de la autoridad al bien común y a las realidades universales, porque la obediencia es entendida, bajo esta perspectiva, como lealtad arbitraria, como compromiso subjetivo a un ordenamiento administrativo al servicio de las individualidades; como “fidelidad creativa” a un ordenamiento en que las leyes son meramente penales, convencionales, no morales, sino orientativas, no universales, sino meramente generales.

En la cosmovisión neomodernista, el papel de policía doctrinal lo pretenden ejercer los neofilósofos y neoteólogos, ambiciosos aspirantes a asesores oficiales de la Iglesia docente. Rahner, de Lubac, Maritain, Congar, von Balthasar, Mounier y compañía se han convertido en medida de la ortodoxia. Y es que una contradicción pelagiana fundamental del Estado moderno, procedente de El espíritu de las leyes, es la idea de que para evitar el abuso de poder, el poder debe usarse, también, para controlar el poder, y esta idea está latente, y muy presente, en el concepto neomodernista de autoridad, sin referente alguno a un orden inmutable recibido por tradición.
Los neoteólogos ostentarán, en el pensamiento neomodernista, esta función reguladora de la Iglesia docente, como si constituyeran el poder teológico oficial que controlara al poder eclesiástico. Serán considerados algo así como los administradores funcionarios de la Iglesia docente, cuya preponderancia exagerada convertirá en “magisterio” sus cavilaciones y reflexiones, al servicio de la administración institucional de la doctrina.

77.- Contra el “administrativismo teológico” del pensamiento neomodernista, debe recuperarse un concepto más estricto de acto docente, para que no todo acto de la Iglesia docente sea considerado acto docente, de forma parecida, y a otro nivel, a como no todo acto de la Administración es acto administrativo. Reflexiones, cavilaciones, propuestas pastorales subjetivas, discursos personales deberán salir fuera del ámbito tradicionalmente otorgado a la docencia eclesiástica jerárquica, y dejar de ser justificados como una utópica “tradición” viviente.

A la manera en que el acto administrativo crea o cambia una relación jurídica, el neomodernista cree que el acto docente puede crear o cambiar funcionalmente la relación teológica entre creyente y doctrina. Por eso mal entiende el acto docente como acto hiperadministrativo. Esto causa una especie de positivismo de la fe, y un burocratismo de la función docente de la Iglesia, que vicia el catolicismo de liberalismo.

El neomodernista administrativiza la teología moral para modernizar la Iglesia, y supuestamente liberarla del medievalismo constantiniano, para armonizarla con el centralismo revolucionario, con ese pluralismo homogeneizante que defienden los evolucionistas sociales liberales, como Spencer.

Ante este panorama, no sólo es urgente poner restricciones al concepto de acto docente, sino encauzarlo y subordinarlo a las realidades universales de la tradición, y a un sano concepto de autoridad, liberando la mente católica de la tiranía funcionarial de los especialistas.

David González Alonso Gracián

La Iglesia en el Maelstrom, I: Contracorriente , II: Sol faciado, III: Apego insensato, IV: Cruz en el Maelstrom, V: Contra las aguas corruptas, VI: Desde lo alto siempre, VII: Doctrina escamondada, VIII: Injerto y mutación, IX: Traición y afán de novedades, X: Misteriosismo y verdad sin doctrina

La Iglesia en el Maelstrom, XI, Subjetivismo pastoral, XII: Domesticar la Revolución, XIII: Sin Cruz y sin justicia, XIV: Titanismo y caída, XV: La ofensiva marxista y conservadora, XVI: Conservadurismo neomodernista, XVII: Falsas doctrinas redivivas, XVIII: Metástasis del Leviatán, XIX: Burocrativismo teológico

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