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REFLEXIÓN SOBRE LA APOSTASÍA EN LA IGLESIA.

"Relación entre crisis conciliar, infalibilidad pontificia y sedevacantismo." - Miles Christi - 18.12.2025 - Descargar el PDF: “Crisis conciliar, infalibilidad pontificia y …

Comparto con ustedes tres documentos que permiten comprender la situación de apostasía que se vive en la Iglesia desde que el modernismo se hizo con los puestos de autoridad en el Vaticano, a partir de la elección de Roncalli en 1958 (Smoke Signals: The White Smoke of Oct. 26, 1958), al comienzo de manera solapada y, ya de modo desembozado, desde la promulgación del CVII en 1965 (ver al respecto: CRISIS DE LA IGLESIA Y PUNTO DE NO RETORNO. - EL CONCILIO VATICANO II INICIÓ LA PASIÓN DE LA …).

1. El primero de los documentos consta de cinco archivos de audio tomados de una conversación reciente con un amigo tradicionalista, de una duración total de dieciocho minutos.

2. El segundo es un breve texto tomado de una entrada del mes de mayo acerca de la infalibilidad pontificia: LEÓN XIV: "FRANCISCO NOS ACOMPAÑA DESDE EL CIELO"

3. El tercero es un mail que envié en septiembre de 2015 al administrador de un blog tradicionalista español, en respuesta a una negativa suya a un pedido mío de publicación en su página digital, por motivo de “sedevacantismo”, en donde fundamento mi postura respecto a los papas conciliares.

Para mayor información sobre la crisis conciliar recomiendo consultar los siguientes enlaces: 1. LA RELIGIÓN DEL HOMBRE. - 2. DIEZ AÑOS CON FRANCISCO.

I. AUDIOS

Debate sedevacantismo – Google Drive (recomiendo descargar el archivo y escuchar en velocidad 1.5)

II. PRIMER TEXTO

Hay infinidad de textos del magisterio [1] que afirman la indefectibilidad de la sede petrina en materia de fe, lo que demuestra que un papa legítimo no puede incurrir en herejía. Por ejemplo, la Constitución Dogmática Pastor Aeternus, del CVI, no podría ser más clara al respecto:

“Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. Ciertamente su apostólica doctrina fue abrazada por todos los venerables padres y reverenciada y seguida por los santos y ortodoxos doctores, ya que ellos sabían muy bien que esta Sede de San Pedro permanece siempre libre de error alguno, según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: «Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, cuando hayas regresado, confirma a tus hermanos».”

He aquí tres citas adicionales:

“Considerad, amados, que la Verdad no pudo haber mentido, ni la fe de Pedro podrá ser quebrantada ni cambiada para siempre. Pues aunque el diablo quiso zarandear a todos los discípulos, el Señor testifica que Él mismo pidió solo a Pedro y quiso que los demás fueran confirmados por él; y a él también, en consideración a un amor mayor que mostró al Señor sobre los demás, le fue encomendado el cuidado de apacentar las ovejas; y a él también le entregó las llaves del reino de los cielos, y sobre él prometió edificar su Iglesia, y testificó que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella.” Papa Pelagio II, Carta Apostólica Quod ad Dilectionem.

“Por lo tanto, ¿habrá alguien tan insensato como para atreverse a considerar su oración como vana, la de Aquel cuyo querer es poder? Por la Sede del jefe de los Apóstoles, es decir, por la Iglesia Romana, por medio del mismo Pedro, así como por medio de sus sucesores, ¿no han sido desaprobados, rechazados y vencidos los comentarios de todos los herejes, y los corazones de los hermanos en la fe de Pedro, que hasta ahora no ha fallado, ni fallará hasta el fin, han sido fortalecidos?” Papa San León IX, Carta Apostólica In Terra Pax.

“Ahora bien, sabéis que los enemigos más acérrimos de la religión católica siempre han librado una guerra feroz, pero sin éxito, contra esta Cátedra; no ignoran en absoluto que la religión misma jamás podrá tambalearse ni caer mientras esta Cátedra permanezca intacta, la Cátedra que reposa sobre la roca que las soberbias puertas del infierno no pueden derribar y en la que reside la completa y perfecta solidez de la religión cristiana.” Papa Pío IX, Encíclica Inter Multiplices.

Todas estas declaraciones pontificias excluyen por principio, de manera cristalina, la hipótesis del papa hereje. Por otro lado, es normal que así sea, puesto que Pedro es la roca sobre la que reposa la Iglesia y, si dicha roca fuese falible, todo el edificio se desmoronaría. Pedro es infalible porque Cristo es infalible, es Él quien participa a Pedro y a sus sucesores su propia infalibilidad. Esta prerrogativa no debe confundirse con la impecabilidad que, obviamente, Pedro y sus sucesores no poseen, por tratarse de viadores marcados por el pecado original. Pero eso no es obstáculo alguno para que Nuestro Señor haya concedido a Pedro y a sus sucesores el privilegio de estar exentos de error en materia de fe. En efecto, Cristo rogó a su Padre para que la fe de Pedro no desfalleciera, y es importante notar que este pedido lo hizo solamente por Pedro, por lo que nadie más en la Iglesia goza de ese privilegio, a título individual. Y va de suyo que un pedido de Jesús al Padre le es automáticamente concedido.

Esto significa que Cristo delegó en Pedro y en sus sucesores la función de guardar inalterada la fe divina en la Iglesia durante su ausencia, desde la Ascensión hasta la Parusía, encomendándole la tarea de suplantarlo en aquello que concierne a la custodia, a la proclamación y a la transmisión incólume de la doctrina revelada en materia de fe y de moral, a través de las generaciones sucesivas. Por otro lado, Cristo confirió a Pedro y a sus sucesores la misión de apacentar sus ovejas y de confirmar a sus hermanos en la fe. Apacentar el rebaño implica llevarlo a prados seguros y a pastos sanos, no a pastizales ponzoñosos, envenenados por la herejía. Y confirmar a los fieles en la fe divinamente revelada supone en Pedro la posesión íntegra de dicha fe, sin la cual no podría llevar a cabo su misión.

De ambas cosas se desprende igualmente la infalibilidad de Pedro y de sus sucesores en materia de fe, esto es, la imposibilidad teológica de que un legítimo sucesor de San Pedro pueda defeccionar en lo que a la profesión de la fe católica se refiere. De lo cual se colige que los papas conciliares, desde Roncalli en adelante, al haber profesado la herejía modernista solemnemente condenada por San Pío X, no han podido ser legítimos sucesores de San Pedro, es decir, no han sido investidos del poder de jurisdicción sobre la Iglesia universal, puesto que, justamente, si esto hubiera acontecido, habrían sido preservados del error en materia de fe, en virtud de la naturaleza del oficio petrino tal cual fue instituido por Nuestro Señor en la persona de Pedro, dotado del privilegio de la indefectibilidad en cuestiones de fe, a los efectos de poder cumplir la doble misión que le había encargado, a saber, la de apacentar sus ovejas y la de confirmar a sus hermanos en la fe.

[1] Ver acá un abundante compendio de citas pontificias sobre el tema: The Catholic Teaching on the Papacy

III. SEGUNDO TEXTO

Estimado camarada: Te agradezco mucho tu correo y la franqueza con la que me dices las cosas. No te hagas ningún problema, te entiendo perfectamente. Con respecto a la cuestión del sedevacantismo, debes saber que no hago de ella una postura excluyente para continuar el buen combate de la fe contra la revolución conciliar: me basta con que mis camaradas de lucha se opongan clara y públicamente al CVII y a todas sus funestas secuelas.

Mi postura es la siguiente: ningún papa legítimo (es decir, dotado del poder de jurisdicción sobre la Iglesia universal) puede ser juzgado por ninguna autoridad en la tierra, y mucho menos depuesto, ya que un verdadero papa no puede caer en herejía: Cristo oró al Padre por que la fe de Pedro no desfalleciera, y la oración de Cristo al Padre es, obviamente, eficaz e infalible. Esto fue definido por el Concilio Vaticano, y la historia lo confirma, a pesar de la infame mitología galicana acerca de la presunta herejía en la que habrían caído los papas Honorio y Liberio, refutada ampliamente por Rohrbacher, Darras, el Abbé Constant y Dom Guéranger, entre otros insignes historiadores de la Iglesia. En efecto, el hecho de que en dos mil años de historia de la Iglesia jamás un papa haya sido depuesto por herejía confirma a posteriori la falsedad y la estulticia de semejante difamación de la autoridad pontificia.

Para expresar la magnitud inaudita que reviste la presente crisis conciliar en la historia de la Iglesia (y por cierto completamente inimaginable antes de que el evento tuviera lugar), te transcribo un pasaje introductorio de mi artículo El extraño pontificado del papa Francisco (El extraño pontificado del Papa Francisco - …), en donde expongo mi postura:

"Nuestro Señor rezó por la fe de Pedro y le atribuyó la misión de confirmar la de sus hermanos: «Simón, Simón, he aquí Satanás que os busca para zarandearos como a trigo. Pero Yo he rogado por tí para que tu fe no desfallezca. Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos (Lc. 22, 31-32) Pío IX cita estas palabras de Nuestro Señor en la Constitución Dogmática Pastor Aeternus, del Concilio Vaticano, el 18 de julio de 1870:

«Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. Ciertamente su apostólica doctrina fue abrazada por todos los venerables padres y reverenciada y seguida por los santos y ortodoxos doctores, ya que ellos sabían muy bien que esta Sede de San Pedro siempre permanece libre de error alguno, según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: ‘‘ Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, cuando hayas regresado, fortalece a tus hermanos’’. Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial. Así, quitada la tendencia al cisma, toda la Iglesia es preservada en unidad y, descansando en su fundamento, se mantiene firme contra las puertas del infierno».

En consideración de esta doctrina de fe católica, enseñada por Nuestro Señor en la Sagrada Escritura y por el magisterio solemne e infalible de la Iglesia, me resulta de ahora en más imposible seguir viendo en Francisco al verdadero Sucesor de San Pedro, al Soberano Pontífice de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, al Vicario de Nuestro Señor Jesucristo en la tierra. Muy por el contrario, considero que se trata de un hereje, de un impío y de un apóstata, de un enemigo acérrimo de Dios, de su Santa Iglesia y de la salvación de las almas." (Fin de la cita).

El hecho de que un supuesto papa no profese la fe católica es un signo infalible de que estamos ante un usurpador, ante un impostor, un antipapa. A mi entender, ésta es la situación en la que se encuentra la Iglesia desde el pontificado de "Roncalli-JXXIII". Recordemos que fue él quien inició el falso ecumenismo en la Iglesia con la creación de un secretariado ad hoc en 1960, promovió el diálogo con los judíos -modificando a su pedido la plegaria del Viernes Santo pro perfidis judaeis y encargando la redacción de Nostra Aetate al cardenal Bea-; fue él quien convocó no bien asumió el concilio, nombrando peritos del mismo a los principales exponentes de la neo modernista nouvelle théologie, todos sospechados de herejía durante el pontificado anterior, y prohibidos tanto de enseñanza como de publicación por ese motivo.

Fue él también quien en 1963 dio subrepticiamente el primer paso para implementar la falsa libertad religiosa para todas las religiones en su encíclica Pacem in Terris, herejía que sería aprobada por Montini dos años después, en la declaración conciliar Dignitatis Humanae, validando implícitamente el Estado laico moderno, de carácter no confesional, en abierta contradicción con las encíclicas Quas Primas de Pío XI e Inmortale Dei de León XIII. Por último, fue Roncalli quien nombró cardenal al modernista Montini, volviéndolo papabile, quien, poco tiempo después, sería elegido "papa", promulgaría las actas envenenadas del concilio, destruiría la liturgia romana e comenzaría oficialmente el "diálogo interreligioso", mediante la creación de un secretariado específico, en 1964.

Decir que un auténtico papa puede dejar de profesar la fe católica, traicionar el Evangelio y llevar a los fieles a la apostasía no sólo se opone al sentir universal de los fieles y al más elemental sentido común, sino que se opone en primer lugar a la indefectibilidad y a la infalibilidad de la Iglesia, cuyo fundamento es justamente la fe de Pedro, la Roca sobre la que está fundada, tal como ha sido enseñado siempre por el magisterio de la Iglesia (The Catholic Teaching on the Papacy).

Surge entonces el problema de la visibilidad, lo admito, pero esto prueba fehacientemente, a mi entender, que vivimos actualmente la crisis terminal apocalíptica (la Pasión del Cuerpo Místico, aguardando su resurrección, que será obra de Cristo en la Parusía) acerca de la cual Nuestro Señor, San Juan y San Pablo nos alertaron expresamente. Nuestro Señor no se preguntó acaso «cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿hallará fe sobre la tierra?».

Ahora bien, esto supone la defección de la fe de parte de la inmensa mayoría de los católicos, algo completamente impensable e imposible si la jerarquía en su conjunto hubiese guardado el depósito de la fe y si hubiese un legítimo Sucesor de Pedro proclamándola indefectiblemente y confirmando a sus hermanos en la fe, lo cual es precisamente la misión divina que caracteriza su investidura. Y añado que el obstáculo (el famoso katejon de 2 Tes. 2, 7) que debe ser removido para que aparezca el Hombre de pecado, según nos advierte San Pablo, no es otra cosa que el poder espiritual romano, es decir el papado, fundamento inconmovible de la fe católica.

Con respecto a la bestia de la tierra, coincido contigo, ya que reconozco que hay un margen de duda con respecto a su identidad. No obstante, me asombraría que Francisco no lo fuera, por lo cual me atrevo a espetarle públicamente las amenazas divinas que pesan sobre él, para que el impío y blasfemo impostor argentino no pueda alegar ignorancia y, sobre todo, para que el impacto producido por tamaña acusación haga mella en el estado de somnolencia espiritual en el que se encuentra sumida la inmensa mayoría de los fieles, que no toman conciencia del peligro sin precedentes que se cierne sobre la Iglesia y sobre la humanidad.

A este respecto considero que se agrega un indicio coyuntural que, sin ser probatorio, refuerza razonablemente mi convicción: me refiero a lo que me parece ser una manifiesta «auto-profecía» que Dios permitió que Francisco realizara el mismísimo día de su elección, ante las cámaras del mundo entero, palabras que al día siguiente serían retomadas por la mayoría de las portadas de la prensa mundial. En efecto, las primeras palabras que pronunció desde la loggia de la plaza de San Pedro luego del cónclave fueron las siguientes: «los cardenales han ido a buscarme al fin del mundo». Me resulta imposible no ver en ellas el sello de Dios, la mano de la Divina Providencia dándonos un signo que nos permita comprender la naturaleza escatológica de los tiempos en los que nos hallamos.

Por último, un comentario acerca del excelente artículo que te adjunto: no me agrada ni empleo el calificativo de «sedevacantismo» ni la expresión «sede vacante», pues me parece un término inapropiado e innecesario, que genera confusión y causa un rechazo masivo entre los fieles -si bien coincido totalmente con el fondo de la argumentación del autor, que demuestra fehacientemente la ilegitimidad de los «papas conciliares»-, ya que salta a la vista que la sede petrina no está «vacía; empty» -como dice el título del artículo-, sino que se halla ostensiblemente ocupada por un impostor, lo que es algo muy distinto, y muchísimo más grave... - The Chair is Still Empty: Reply to John Salza on …

Cita añadida el 15.03.2026:

“El Señor confiesa en el tiempo de la Pasión que oró por él: ‘Yo he rogado por ti, Pedro, para que tu fe no desfallezca; y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos’ (Lc 22:32); indicando con esto manifiestamente que sus sucesores nunca se apartarían en ningún momento de la fe católica, sino que más bien harían volver a otros y también los fortalecerían, de tal manera que impondrían a los demás la necesidad de obedecer.” Inocencio III, carta Apostolicae Sedis Primatus, 1199. [1]

[1] Perennial Catholic Teaching on the Roman Pontiff - Citado por JPII en 1992: 2 de diciembre de 1992
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