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La misión de Juana de Arco es una verdadera maternidad espiritual y virginal

Hagamos conocer y amar a María

En la "prisa" de Juana de Arco —por cumplir su misión— encontramos el hermoso testimonio de una de sus contemporáneas, Catherine Royer, que la había alojado durante tres semanas en su casa en Vaucouleurs. Espontáneamente la compara con una mujer embarazada: "El tiempo le pareció tan largo como a una mujer que espera un hijo".

Esta comparación, expresada por una mujer común, casada y madre, es muy esclarecedora. La misión de Juana es una verdadera maternidad espiritual y virginal. La mujer que ya lleva en su corazón la liberación de su pueblo la "dará a luz" de alguna manera por su acción y por los dolores de su pasión.

Según esta misma mujer, Juana había citado una profecía popular en la que "Francia, perdida por una mujer, sería restaurada por una virgen". La mujer que perdió a Francia fue la reina Isabeau de Baviera, la madre indigna que deshereda a su hijo, el delfín Charles. La virgen que lo restaurará es obviamente la misma Juana. Ella tiene una clara conciencia de ser esta virgen portadora de libertad para su pueblo, siguiendo los pasos de María, la Virgen Madre, que llevó y dio al mundo el Salvador.

Esta profecía popular fue como una proyección política, un eco de la famosa comparación entre Eva y María. Juana de Arco profesaba un gran amor a María.


Padre François-Marie Léthel OCD, secretario de la Pontificia Academia de Teología y profesor de la facultad de Teología en el “Teresianum”.
Zenit