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Comentarios a Amoris laetitia, I: la fe sí, pero la razón también

Comentarios a Amoris laetitia, I: la fe sí, pero la razón también

Alonso Gracián, el 22.11.20 a las 12:18 PM

Comentario 1
«Asumiendo la enseñanza bíblica, según la cual todo fue creado por Cristo y para Cristo (cf. Col 1,16), los Padres sinodales recordaron que “el orden de la redención ilumina y cumple el de la creación”» (Amoris laetitia n. 77).

Es claro que el orden de la redención, que es sobrenatural, ilumina el orden de la creación caída por el pecado, con las luces de la Revelación y el auxilio de la gracia. Pero también es cierto que con la razón natural puede iluminarse el orden creado, y esto es omitido. Y es que muchas verdades morales y religiosas son accesibles a la razón. Para que ésta pueda conocerlas sin error, con facilidad, y plenamente, Dios las re-expuso mediante su revelación, moralmente necesaria debida al pecado y a la dificultad intrínsecas de estas cuestiones. Hay que insistir en ello, no sea que alguien suponga que sólo con luces sobrenaturales puede explicarse el orden natural, con lo cual podría caerse en fideísmo.

Lo que no está claro, y hay que distinguir, es en qué sentido se dice que “cumple” el orden de la creación. Porque si por cumplir entendemos perfeccionar, es correcto, pues es verdad que la gracia perfecciona la naturaleza. Pero si por cumplir entendemos que el orden de la redención completa el orden creado, porque le da algo que constitutivamente le falta, es falso. La gracia no completa la naturaleza como algo que le es constitutivamente debido. Por esto, para advertir de este error de la Nueva Teología y el Personalismo, es decir, del neomodernismo, Humani generis lo explicita con la debida claridad: «Otros desvirtúan el concepto del carácter gratuito del orden sobrenatural, pues defienden que Dios no puede crear seres inteligentes sin ordenarlos y llevarlos a la visión beatífica» (PÍO XII, Humani generis, 12 de agosto de 1950, n. 20).

Si Dios podría haber creado al hombre sin elevarlo al orden sobrenatural, no se puede, entonces, afirmar que es incomprensible el hombre sin el orden sobrenatural, como si éste le fuera debido para cumplirlo.

Comentario 2
«El matrimonio natural, por lo tanto, se comprende plenamente a la luz de su cumplimiento sacramental: sólo fijando la mirada en Cristo se conoce profundamente la verdad de las relaciones humanas» (Amoris laetitia, n. 77).

Volvemos a lo mismo. El ser humano fue creado elevado al orden sobrenatural. En este sentido, es correcto decir que teniendo en cuenta el orden sobrenatural se comprende plenamente al ser humano, y concretamente el matrimonio natural.

Pero si por comprender plenamente se quiere dar a entender que sin lo sobrenatural no se comprende en absoluto al hombre, o que sólo hay un orden de conocimiento, el sobrenatural, se cae en el ya mencionado error condenado por Pío XII. Lo mismo sucede con la verdad de las relaciones humanas, de las que se dice que sólo se comprenden fijando la mirada en Cristo. O con el “misterio” del hombre. Se habla de realidades naturales (elevadas a lo sobrenatural, pero sin dejar de ser naturales) como si fueran sólo sobrenaturales, o sólo tuvieran sentido en lo sobrenatural, y sin este orden fueran constitutivamente incomprensibles e incompletas. Sin embargo, la razón natural es capaz de conocer muchas verdades naturales acerca del ser humano, del matrimonio, de las relaciones humanas, del hombre mismo. Auxiliada por la fe y la gracia, es capaz de alcanzar verdades fundamentales, morales y religiosas. Pero auxiliada no es sustituida.

Hablar del hombre como si sólo fuera en verdad un misterio sobrenatural es un grave error. Porque se razona con los esquemas espiritualistas del pensamiento modernista de Blondel/Lubac, y con ellos de los neoteólogos y personalistas contemporáneos. Éstos, influidos por el protestantismo, no entienden el orden natural sin el sobrenatural, como si la naturaleza y la razón no fueran supuesto de la gracia, que los perfecciona; como si Dios, en definitiva, no hubiera podido crear al hombre sin haberlo elevado al orden sobrenatural.

Por ello, cuando se dice que la realidad del hombre sólo se esclarece a la luz de lo sobrenatural, o se explica según el numen tradicional, haciendo las debidas distinciones, o se comete grave error. Se yerra porque lo natural, el hombre, aun habiendo sido elevado al orden sobrenatural, sigue siendo natural, y lo natural puede explicarse en parte mediante la razón natural, porque la elevación no suprime la creación. Este “sólo se esclarece” da a entender que lo natural sólo se conoce sobrenaturalmente, que sólo se puede explicar de verdad mediante la fe.

Es patente que la sana relación entre la razón y la fe queda alterada, y que se atribuye a la fe, en exclusiva, datos naturales, metafísicos y antropológicos acerca del hombre, que son accesibles a la razón, que no está destruida. Datos que, aunque la Revelación, moralmente necesaria, repropone por vía sobrenatural, son accesibles de suyo. La sombra del fideísmo se esconde amenazante tras la imprecisión de estos enunciados. La razón necesita de la fe, también porque lo natural tiene un fin sobrenatural, según la benevolencia divina. Pero no es un orden suprimido. La razón tiene mucho que aportar, debidamente iluminada por la fe, fortalecida por la metafísica tradicional, la de Santo Tomás de Aquino. No es la fe sola, sino la fe y la razón.

David Glez Alonso Gracián

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