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La Palabra de Hoy. 24 de Septiembre del 2020

Irapuato
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Evangelio según San Lucas 9,7-9. El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: "Es Juan, que ha resucitado". Otros decían: "Es Elías, que se …More
Evangelio según San Lucas 9,7-9.
El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: "Es Juan, que ha resucitado".
Otros decían: "Es Elías, que se ha aparecido", y otros: "Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado".
Pero Herodes decía: "A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas?". Y trataba de verlo.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


San Clemente de Roma

papa del año 90 a 100 aproximadamente
Carta a los corintios; plegaria universal

Dios se da a conocer en Jesús, su Hijo amado
Que el Creador del universo conserve intacto sobre la tierra el nombre de sus elegidos, por su Hijo amado, Jesucristo. Por él nos ha llamado de las tinieblas a la luz, de la ignorancia al conocimiento de la gloria de su nombre. Ponemos en ti nuestra esperanza, Príncipe de toda la creación. Tú has abierto los ojos de nuestros corazones, para que te conozcamos a ti el Altísimo en los cielos, el Santo que descansa en medio de los santos. Tú humillas la insolencia de los soberbios, desbaratas los planes de las naciones, levantas a los humildes y derribas a los poderosos, enriqueces a los empobrecidos, tomas y das vida. Único bienhechor de los espíritus, y Dios de toda carne, escrutas las profundidades, vigilas las obras de los hombres. Auxilio en los peligros, Salvador de los desesperados, Creador y Guardián de todo espíritu viviente... Te pedimos, oh Todopoderoso, que seas nuestro auxilio y defensor. Salva a los oprimidos, ten piedad de los pobres, levanta a los que han caído. Acude a los que están necesitados, cura a los enfermos, vuelve a los de tu pueblo que se han extraviado, da el alimento a los que tienen hambre, la libertad a nuestros presos; levanta a los débiles, consuela a los pusilánimes; y que todos los pueblos reconozcan que sólo tú eres Dios, que Jesucristo es tu Hijo, que nosotros somos tu pueblo y las ovejas de tu rebaño
Irapuato
Libro de Eclesiastés 1,2-11.
¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!
¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?
Una generación se va y la otra viene, y la tierra siempre permanece.
El sol sale y se pone, y se dirige afanosamente hacia el lugar de donde saldrá otra vez.
El viento va hacia el sur y gira hacia el norte; …
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Libro de Eclesiastés 1,2-11.
¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!
¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?
Una generación se va y la otra viene, y la tierra siempre permanece.
El sol sale y se pone, y se dirige afanosamente hacia el lugar de donde saldrá otra vez.
El viento va hacia el sur y gira hacia el norte; va dando vueltas y vueltas, y retorna sobre su curso.
Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena; al mismo lugar donde van los ríos, allí vuelven a ir.
Todas las cosas están gastadas, más de lo que se puede expresar. ¿No se sacia el ojo de ver y el oído no se cansa de escuchar?
Lo que fue, eso mismo será; lo que se hizo, eso mismo se hará: ¡no hay nada nuevo bajo el sol!
Si hay algo de lo que dicen: "Mira, esto sí que es algo nuevo", en realidad, eso mismo ya existió muchísimo antes que nosotros.
No queda el recuerdo de las cosas pasadas, ni quedará el recuerdo de las futuras en aquellos que vendrán después.

Salmo 90(89),3-4.5-6.12-13.14.17.
Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,
con sólo decirles: “Vuelvan, seres humanos”.
Porque mil años son ante tus ojos
como el día de ayer, que ya pasó,
como una vigilia de la noche.

Tú los arrebatas, y son como un sueño,
como la hierba que brota de mañana:
por la mañana brota y florece,
y por la tarde se seca y se marchita.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que nuestro corazón alcance la sabiduría.
¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...?
Ten compasión de tus servidores.

Sácianos en seguida con tu amor,
y cantaremos felices toda nuestra vida.
Que descienda hasta nosotros
la bondad del Señor;
que el Señor, nuestro Dios,

haga prosperar la obra de nuestras manos.