Clicks5
jamacor

«Me declaro culpable de haber luchado por la libertad de Hong Kong»

«Me declaro culpable de haber luchado por la libertad de Hong Kong»

Por INFOVATICANA | 12 abril, 2021
(Tempi)- Publicamos el discurso que hace unos días pronunció Lee Cheuk-yan en el tribunal de Hong Kong durante el juicio que se está llevando a cabo contra él por haber participado en la marcha pacífica «no autorizada» del 19 de agosto de 2019, en el contexto de las protestas contra la ley sobre la extradición. El ex diputado, secretario general de la Confederación de los sindicatos de Hong Kong y presidente de la Alianza que apoya los movimientos democráticos en China, al que Tempi invitó en noviembre de 2019 para que hablara, en Milán, en el encuentro «La libertà è la mia patria. Da piazza Tienanmen a Hong Kong» [«La libertad es mi patria. De plaza Tienanmen a Hong Kong»] (ver aquí el vídeo), fue condenado hace una semana por haber participado a otra marcha no autorizada. También Jimmy Lai, el magnate editorial imputado en ambos procesos (y en otro por violación de la ley sobre la seguridad nacional), se ha declarado culpable. El veredicto de ambos procesos se anunciará en la audiencia del 16 de abril.

Su Señoría, me declaro culpable, pero no he cometido ningún error al afirmar el derecho del pueblo a una marcha pacífica y creo que la historia me absolverá. Si me lo permite, les contaré algo sobre mis antecedentes para que puedan entender por qué decidí marchar con el pueblo por el futuro de Hong Kong.

Como cristiano, en Pascua las Escrituras me han recordado que Cristo cumplió su destino en la cruz, sacrificándose para reconciliar a la humanidad pecadora con Dios. Desde su arresto, pasando por su persecución hasta su muerte decidida por Pilato, fue un preso político que no cometió ningún delito más que el de ser una amenaza para la jerarquía judía por servir al pueblo y a los oprimidos, predicando la Buena Nueva.

A lo largo de la historia, los derechos de los que ahora disfruta la humanidad fueron conquistados por presos políticos como Gandhi, Martín Luther King, Nelson Mandela. En la década de los 80 dirigí el movimiento antiapartheid en Hong Kong y siempre recordaré la determinación de Nelson Mandela cuando, durante su juicio en 1963, habló de «un ideal por el que estoy dispuesto a morir». Su ideal era la igualdad para los sudafricanos negros y pasó 27 años en prisión por ello. Me sentí conmovido cuando Mandela fue elegido presidente de Sudáfrica en 1994, dando a los oprimidos de todo el mundo la esperanza de que la justicia puede alcanzarse mediante la lucha persistente del pueblo.

Me he extendido en esto porque Mandela inspiró mi activismo por los derechos de los trabajadores y la democracia, que comenzó en 1978. El ideal de mi vida es fortalecer a los pobres y oprimidos para que puedan hacer oír su voz y defender sus derechos. Cada vez que los oprimidos hacen valer su derecho a luchar por su dignidad, me siento más fuerte e inspirado para continuar la difícil batalla por Hong Kong.

Me he preguntado qué sería de mi vida sin esta batalla. Esta batalla es mi vida. No puedo imaginar mi vida sin ella. Llevo 43 años luchando por esto, Su Señoría, y debe entender cuánto dolor y pena siento al ver cómo el poder del Estado ha utilizado su fuerza bruta contra el pueblo y cuántos hongkoneses se han sacrificado y ahora están heridos, en prisión o en el exilio. También me resulta doloroso ver la privación de los derechos básicos del pueblo y el retroceso de la democracia en Hong Kong. He visto cómo se desmoronan mis ideales, pero continuaré esta batalla aunque la oscuridad nos rodee. Por este ideal, estoy dispuesto a aceptar cualquier sentencia.

Su Señoría, usted podría decir que la ley es la ley y que no demuestro arrepentimiento por haberla infringido al participar en la manifestación del 31 de agosto. Espero que usted entienda la extrema importancia que doy a los derechos de libertad de expresión y reunión. Esta es la única manera de que los débiles y los oprimidos corrijan los males que se les han causado. Si se les priva de estos derechos, solo puedo hablar de violencia sistemática contra el pueblo y no quiero que Hong Kong se gobierne sobre la base de la violencia sistemática. Por eso estoy dispuesto a hacer todo lo posible para hacer valer el derecho de la gente a marchar de forma digna y pacífica para que pueda expresarse.

Su Señoría, usted debe aplicar la ley con pasión, y respeto su ideal. Permítame que cite a la jueza [del Tribunal Supremo de Estados Unidos] que acaba de fallecer, Ruth Bader Ginsburg: «Los jueces siguen pensando y pueden cambiar. Espero que si el tribunal tiene un punto ciego hoy, mañana se le abran los ojos». Siempre me ha impresionado mucho su pasión por la igualdad de género, por la que luchó toda su vida, y lo que fue capaz de conseguir. Su mensaje fue que los tiempos cambian y los jueces deben estar al día. Tal vez lo peor esté por llegar para Hong Kong y necesitamos que la profesión jurídica abra los ojos al sufrimiento de la gente y reflexione sobre cómo cambiar la ley para que los derechos y la dignidad de la gente avancen.

Me someto humildemente a su sentencia y, sea cual sea este, no me arrepiento en absoluto de haber defendido los derechos del pueblo de Hong Kong.

Publicado en Tempi.

Traducción de Verbum Caro para InfoVaticana.