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Juan Pablo II y la Virgen de Fátima

Por INFOVATICANA | 05 marzo, 2021
(Antonio Tarallo/NBQ)- El atentado del 13 de mayo de 1981, la decisión de conocer el Tercer Secreto unos veinte días más tarde y la colocación, un año después, de la bala en la corona de la estatua de Nuestra Señora de Fátima en señal de agradecimiento. Con motivo de la memoria litúrgica de los santos Jacinta y Francisco Marto, La Nuova Bussola entrevistó a monseñor Pawel Ptasznik, uno de los colaboradores más cercanos de Juan Pablo II en los últimos diez años de su pontificado.

Los tres pastorcillos de Fátima y María: la aparición de la Virgen en un día que marcará la historia de la Iglesia, el 13 de mayo de 1917. Han pasado casi 104 años desde ese momento histórico. Pero otra fecha se cruza con la de la aparición. La fecha del atentado a Juan Pablo II en la plaza de San Pedro de Roma, el 13 de mayo de 1981. Quien nos habla de este cruce de eventos es monseñor Pawel Ptasznik, jefe de la sección polaca de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, ya conocido por los lectores de este periódico.

Monseñor Ptasznik fue uno de los colaboradores más cercanos de san Juan Pablo II en los últimos diez años de su pontificado. El recuerdo de Wojtyla vive siempre con fervor en don Paolo, como muchos llaman “sencillamente” a mons. Ptasznik. La Nuova Bussola lo ha entrevistado con motivo de la memoria litúrgica de los santos Jacinta y Francisco Marto.

Monseñor Ptasznik, recordando aquel 13 de mayo de 1981, ¿qué nos puede contar del instante en que esa bala alcanzó a Juan Pablo II? Usted no estaba presente, pero imaginamos que recuerda perfectamente lo que ocurrió.

Todos tenemos esas trágicas imágenes en mente. Intensas en la memoria de todos. Al regresar de la iglesia después de la misa de la tarde, me encontré con una vecina llorando. Solo consiguió decirme dos frases: “Ha habido un atentado contra el papa. ¡Se está muriendo …!”. Llegué a casa, encendí la televisión y vi las imágenes que quedarán en la historia de la Iglesia, en la historia del hombre Wojtyla, en la historia del Santo Padre.

Detengámonos en esa fecha tan significativa. El 13 de Mayo.

La fecha de esa jornada es única en la historia. Y es conocida por todos. El 13 de mayo de 1981 se celebraba el aniversario de la primera aparición de Nuestra Señora a los pastorcillos Jacinta, Francisco y Lucía en Fátima. Demos un paso atrás: fue el 13 de mayo de 1917 cuando la Virgen se apareció por primera vez a los tres pastorcitos. El día del atentado fue un miércoles, día de la audiencia general. Eran las 17:17 horas. Ronda habitual de bendiciones. ¡Cuántos rostros acariciados! La mirada del pontífice se cruzaba con otras miradas, de personas que necesitaban un padre, una mano fuerte y valiente tendida para ofrecerles consuelo.

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Y mientras la mano del papa acariciaba a los niños, otra mano estaba, en cambio, preparada para cometer un asesinato.

Una mano que quería herir de muerte. Y así sucedió en la segunda vuelta del vehículo en el que iba el Santo Padre. Ese relámpago, ese estruendo y lo que vino después, todos lo sabemos: desconcierto, miedo, conmoción por el destino de Juan Pablo II. Las palabras del pontífice, herido casi de muerte, son importantes para comprender, desde el primer momento, su entrega a la Virgen. Después de todo había puesto su pontificado entero, desde el principio, bajo el manto maternal de María.

¿Cómo conoció Juan Pablo II el tercer secreto de Fátima?

Siempre hablamos -es importante recordarlo- de hechos que no me involucraron directamente. Pero puedo afirmar que el 3 de junio de 1981, por tanto veinte días exactos después del atentado en la plaza de San Pedro, el papa le pidió a Don Estanislao que buscara los sobres que contenían el tercer secreto de Fátima. El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Franjo Seper, entregó dos sobres al sustituto de la Secretaría de Estado, monseñor Eduardo Martínez Somalo. El sobre exterior era de color amarillo anaranjado. Era el sobre que contenía la traducción al italiano. En cambio, el interior, que era blanco, contenía el texto original de la hermana Lucía. Escrito en portugués, lógicamente. El 14 de agosto, Juan Pablo II regresó al Vaticano. Ese día dijo, de forma absolutamente espontánea: “He ido antes de nada a rendir homenaje a San Pedro Apóstol en su tumba, para agradecerle el haber querido mantener a este sucesor suyo todavía un poco, no obstante todos los riesgos. Luego, he visitado también las tumbas de mis predecesores y he pensado que podía haber habido otra tumba más… Pero el Señor lo ha hecho de otra manera; y la Virgen — recordemos todos bien que aquel día era 13 de mayo — ha colaborado a este “de otra manera”. Misericordiae Domini, quia non sumus consumpti” (Lam 3, 22)».

Citó una frase de las Lamentaciones. A partir de allí la suya sería una reflexión continua sobre lo sucedido. Un especial y misterioso vínculo entre los pastorcitos de Fátima, María y él.

¿Cuál fue el primer acto del papa a su llegada a Fátima, un año después del atentado?

La colocación de la bala en la corona de la estatua de Nuestra Señora de Fátima solo puede leerse como una señal de agradecimiento y devoción de Juan Pablo II a la Virgen. A esa Virgen que se apareció a los pastorcitos de Fátima. Después de todo, podemos afirmar que ese atentado fue un momento de prueba para el pontífice, y que solo la fe y el abandono en Dios y María consiguieron que Juan Pablo II fuera aún más valiente -si es posible- de lo que ya era. Quizás sería útil reflexionar, precisamente en este momento cuaresmal, sobre el abandono en Dios. Jesucristo lo vivió en la cruz. Y así, Juan Pablo II, aquel 13 de mayo de 1981, lo vivió en la plaza de San Pedro.

¿Qué palabras de Juan Pablo II podrían resumir la visita del Santo Padre, que tuvo lugar después de ese hecho?

Me vienen a la mente estas palabras suyas: «“Arrepentíos, y creed en el evangelio” (Mc 1,15), estas son las primeras palabras del Mesías dirigidas a la humanidad. El mensaje de Fátima es, en su núcleo fundamental, la llamada a la conversión y a la penitencia, como en el Evangelio. Esta llamada fue pronunciada a principios del siglo XX y, por tanto, especialmente dirigida a este siglo. La Señora del mensaje parece leer con especial perspicacia los “signos de los tiempos”, los signos de nuestro tiempo». Las pronunció un año después de aquel terrible día en San Pedro. Fue el 13 de mayo de 1982. En cierto modo, creo que también pueden ser una buena meditación para el período de Cuaresma que estamos viviendo.

Publicado por Antonio Tarallo en la Nuova Bussola Quotidiana.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.