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OMENTARIO A LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO 23º “A” DEL TIEMPO ORDINARIO. EVANGELIO (Mateo 18,15-20) En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Si tu hermano peca, repréndelo a solas …More
OMENTARIO A LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO 23º “A” DEL TIEMPO ORDINARIO.

EVANGELIO (Mateo 18,15-20)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.

Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

Os aseguro, además que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo”.

REFLEXIÓN:

Cuando vemos que algún conocido o amigo corre el riesgo de que le roben, ¿Qué hacemos? Se lo decimos...

Cuando vemos que alguien está en un peligro grande de perder la vida, ¿Qué hacemos? Se lo indicamos…

Cuando alguien está enfermo y no lo sabe, ¿Qué hacemos? Se lo advertimos…

¿Qué hacemos cuando sabemos y vemos que un familiar, amigo, conocido, vecino está en pecado grave? Nos callamos y eso a pesar de saber que el pecado: le roba la vida de la gracia... Está en peligro de condenación… Está enfermo del alma...

Decimos con frecuencia que somos personas de fe; pero miramos lo material y no lo espiritual... Decimos amar a las personas; pero no nos importa su salvación... Decimos tener esperanza; pero no confiamos en que las personas puedan cambiar...

No corregimos al hermano que vemos en pecado grave como nos pedía Jesús en el evangelio. ¿Por qué?

Nos da miedo meternos en problemas... Nos callamos y dejamos que el mal continúe... Pasamos la obligación a otro en vez de corregir nosotros... No aceptamos las correcciones cuando nos las hacen...

Jesús quiere que, si somos hermanos, corrijamos, pero con cuidado y amor. Ël nos indicaba el modo: a solas con él, con dos o tres, en la comunidad, y como último, dejarle si no queda ya más remedio...

Corregir es amar y deben hacerlo: los padres a los hijos y estos a sus padres... El esposo y la esposa mutuamente... Los amigos a los amigos... Los unos a los otros. “El que convierte a un pecador de su mala vida, salva su alma y expía sus pecados” (St 5,20).

Cuando corregimos unidos, Dios no se resiste a ayudarnos. Esto es lo que quería decir Jesús con estas frases: “Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo… Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Amar es corregir… San Pablo nos lo dice así: “Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera” (Rm 13,10).