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Dioses que no salvan

Por INFOVATICANA | 22 octubre, 2019
Los católicos que veneramos una imagen de madera de la Santísima Virgen, no veneramos la madera, sino a María Santísima allí representada

Este fin de semana concluye el Sínodo de la Amazonía que comenzara a principios de octubre. Durante el mismo ha hecho mucho ruido en los medios de comunicación y no poco estupor en los fieles, la aparición en varios eventos del Sínodo los ya famosos ídolos amazónicos. Algunos de ellos se encontraban expuestos en la iglesia romana de Santa María in Traspontina hasta que un par de individuos los cogieron y los arrojaron al Tíber. Les ofrecemos, por su interés, un artículo del blog The Wanderer en el que analiza la presencia de estas estatuillas en el Sínodo.

Dioses que no salvan

Los grupos católicos conservadores han hecho bastante jaleo en los últimos días debido a los ritos aparentemente paganos que tuvieron lugar en los jardines vaticanos y en presencia del Santo Padre poco antes de la apertura del sínodo de la Amazonía. Y además, de la permanente presencia en el aula sinodal y en otras ceremonias —como un vía crucis el último viernes o las celebraciones diarias en la iglesia de Santa María in Traspontina— de una talla representando a una mujer embarazada.

En dos ocasiones una periodista preguntó sobre este tema en la conferencia de prensa diaria sobre la marcha del sínodo, frente a la sorna de sus colegas, y en ningún caso tuvo respuestas claras por parte de los responsables de responder. Pueden ver lo ocurrido el viernes aquí. Lo que dijo el portavoz vaticano es que no se debe ver el mal donde el mal no está, que esa mujer preñada no es un ídolo y que en los jardines vaticanos no se realizó un ritual pagano. Analicemos el caso.

1. Debemos reconocer que algunos católicos conservadores tienen tendencia a ver conspiraciones, demonios y profecías en todas parte. Y todos conocerán a más de un amigo o conocido que es experto en descubrir masones, judíos o brujas. Por eso, en estos casos, es prudente ir despacio y ser cautos. Como bien decía el funcionario vaticano, no es cuestiones de andar viendo males por todos lados.

2. No soy especialista en ídolos y no sé si esa figura que se pasea en canoa por todo el Vaticano es uno de ellos. Lo que sabemos es que se trata de la talla de madera de una mujer embarazada que representa la fertilidad. Debemos agradecer que los amazónicos tuvieron algo de recato y sensatez para no llevar en andas al representante masculino de la fertilidad, y me refiero a la otra talla con sobredosis de viagra que vimos recostada en los jardines vaticanos en presencia del Sucesor de Pedro.

3. Lo que puede constatarse, entonces, sin entrar en interpretaciones retorcidas, es que el 4 de octubre se realizó algún tipo de ceremonia inusual en los jardines vaticanos, que puede verse en su totalidad aquí. Nos interesa particularmente lo sucedido entre el minuto 7 y el minuto 14. Allí se ve claramente cómo un grupo de amazónicos —mitad originales, mitad alternativos, porque habían muchos europeos infiltrados—, realizan una danza ritual y luego se postran rostro en tierra en torno a una serie de elementos que han traído procesionalmente y depositado sobre un tapiz: agua, tierra, semillas y las tallas de la mujer embarazada y el hombre con viagra. Según nos explica el guía de la ceremonia, se trata de los elementos que simbolizan la fertilidad. Intentemos una interpretación de estos hechos.

4. Lo primero que llama la atención es que en ningún lugar aparezca la cruz, el símbolo de nuestra redención. Estimo que los misioneros que evangelizaron la Amazonía habrán llevado en sus canoas la cruz: “Vexilla regis prodeunt…”. Los nuevos cristianos amazónicos de visita en el Vaticano, no llevan la cruz; llevan un idolillo.

5. Vemos que este grupo de personas —entre ellos un fraile franciscano y varias monjas— se postran antes elementos materiales (agua, tierra, semillas y tallas de madera) porque, dicen, poseen la potencia de engendrar la vida. Se trata de criaturas a las que se considera simbólicas y se las venera o adora —no lo sabemos—, a través de danzas y postraciones. Y aquí aparece el primer problema: ¿hasta qué punto es lícito a un cristiano realizar ese tipo de rituales? Recordemos el ejemplo de los cristianos de los primeros siglos: prefirieron ser decapitados, descuartizados, quemados o comidos por las fieras antes que colocar un grano de incienso frente a la escultura de un ídolo. Las Actas de los Mártires muestran que con frecuencia la figura del procurador romano o del juez no era la de un brutal asesino, sino de alguien que no estaba interesado en ordenar la ejecución de una jovencita o de un soldado cristiano. Les decía: “No les pido que proclamen que ya no son cristianos, o que griten que Júpiter es dios, o que no asistan más a sus lugares de culto. Lo único que quiero es que depositen este grano de incienso en al turíbulo que arde frente a la estatua de tal dios, y con eso es suficiente. Los dejo libres”. Y los cristianos aún a eso se resistían. ¿Por qué?

6. Los cristianos de antes y de hoy sabemos que los ángeles convertidos en demonios y expulsados del cielo luego de su caída han establecido en este mundo su reinado y en él son como dioses. “¡Ay de la tierra y del mar! porque el Diablo ha bajado donde vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo”, dice el Apocalipsis (12,12). Y San Pablo tiene dos expresiones extraordinarias: O Theós tou aionos toutou, “el Dios de este mundo” (II Cor. 4,4) y en Efesios 6,13, habla de cosmoscrátores, es decir, “gobernantes del mundo” refiriéndose a los demonios. La creación material está en poder de las fuerzas del mal. La Iglesia, cuando bendice o “toma posesión” de algo material, primero lo exorciza. “Exorcizo te, creatura salis…”, para la bendición de la sal; “Exorcizo te, creatura olei…”, para la bendición del aceite, y el terrible y largo exorcismo de los fieles cristianos que se hacía durante la bendición del agua en las vísperas de la Epifanía, que comenzaba así: “Exorcizo te, omnis immunde spiritus, omnis satanica potestas, omnis incursio infernalis adversarii, omnis legio, omnis congregatio et secta diabólica, in nomine et virtute Domini Nostri Jesu Christi, eradicare et effugare a Dei Ecclesia, ab ómnibus ad imaginem Dei conditis…”. La Iglesia hace lo que hicieron los apóstoles en su primera misión: echar a los demonios para tomar posesión, en nombre de Dios, de las cosas materiales. Por eso, en tanto el ídolo es un pedazo de madera, de piedra o de metal, rendirle culto a ellos es rendirle culto a Satanás: “lo que sacrifican los gentiles a los ídolos, lo sacrifican al demonio”, dice San Pablo (I Cor. 10, 19-22). Artemisa, o Baal o Astarté no son fantasías de madera, de piedra o metal; son falsos dioses, es decir, ángeles caídos, pero dotados en la tierra de un poder malvado y real. Ellos lograron hacerse adorar por los hombres bajo la cubierta de los elementos de la naturaleza que le están momentáneamente sometidos (Col. 2, 8-20). Así entendida, la idolatría de los elementos de este mundo —agua, tierra y semillas, por ejemplo— no es otra cosa que la revelación del diablo y de sus ángeles en tanto se han convertido en señores de este mundo.

7. Alguno podrá estar tentado de decir: ¿No se rinde culto también a la materia cuando se veneran las imágenes de los santos construidas en mármol, madera o yeso? No. Todo sabemos que el culto de las imágenes cristianas está justificado por una profunda teología que mereció nada menos que una larga discusión en un concilio ecuménico. Los católicos que veneramos una imagen de madera de la Santísima Virgen, no veneramos la madera, sino a María Santísima allí representada. Más aún, en el icono sagrado hay una cierta presencia divina, y Dios se digna, a través de esas imágenes, conceder gracias a sus hijos.

“Pues los amazónicos tampoco veneran a la madera, sino a la fertilidad en ella representada”. Justamente allí está el problema: la Virgen María es una realidad, una persona que es Madre de Dios; la fertilidad, en cambio, no existe; existen las cosas fértiles en todo caso. Los amazónicos construyen con “manos humanas” “dioses que no salvan”, dioses falsos; ídolos de madera donde habitan los demonios.

«Pues si hay cierta presencia de Dios en una imagen o icono cristiano, ¿por qué no puede haberla en una amazónica?» Porque la religión verdadera es la católica, y las demás son falsas. Pareciera una verdad de perogrullo que gran parte de la Iglesia ha olvidado.

8. Como vemos, no estamos frente a una cuestión baladí. Lo ocurrido en los jardines vaticanos es grave. No se trató, a mi entender, solamente de una concesión más del Papa Francisco a la corrección política de la aceptación de la diversidad. En su presencia y a escasos metros de la tumba del Príncipe de los Apóstoles, se ha dado culto nuevamente a los dioses paganos, es decir, a los mismos demonios.

Publicado en The Wanderer.
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