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Tomo I Capítulo 13 a 14: MÍSTICA CIUDAD DE DIOS

CAPITULO 13 Cómo por el santo arcángel Gabriel fue evangelizada la concepción de María Santísima y cómo previno Dios a santa Ana para esto con un especial favor. 178. Llegaron las peticiones de …More
CAPITULO 13

Cómo por el santo arcángel Gabriel fue evangelizada la concepción de María Santísima y cómo previno Dios a santa Ana para esto con un especial favor.

178. Llegaron las peticiones de los santos Joaquín y Ana a la presencia y trono de la beatísima Trinidad, donde, siendo oídas y aceptadas, se les manifestó a los santos ángeles la voluntad divina, como si –a nuestro modo de entender– las tres divinas Personas hablaran con ellos y les dijeran: Determinado tenemos por nuestra dignación que la persona del Verbo tome carne humana y que en ella remedie a todo el linaje de los mortales; y a nuestros siervos los profetas lo tenemos manifestado y prometido, para que ellos lo profetizasen al mundo. Los pecados de los vivientes y su malicia es tanta, que nos obligaba a ejecutar el rigor de nuestra justicia; pero nuestra bondad y misericordia excede a todas sus maldades y no pueden ellas extinguir nuestra caridad. Miremos a las obras de nuestras manos, que criamos a nuestra imagen y semejanza para que fueran herederos y partícipes de nuestra eterna gloria1 . Atendamos a los servicios y agrado que nos han dado nuestros siervos y amigos y a los muchos que se levantarán y que serán grandes en nuestras alabanzas y beneplácito. Y singularmente pongamos delante de nuestros ojos aquella que ha de ser electa entre millares y sobre todas las criaturas ha de ser aceptable y señalada para nuestras delicias y beneplácito y que en sus entrañas ha de recibir a la persona del Verbo y vestirle de la mortalidad de la carne humana. Y pues ha de tener principio esta obra en que manifestemos al mundo los tesoros de nuestra divinidad, ahora es el tiempo aceptable y oportuno para la ejecución de este sacramento. Joaiquin y Ana hallaron gracia en nuestros ojos, porque piadosamente los miramos y prevenimos con la virtud de nuestros dones y gracias. Y en las pruebas de su verdad han sido fieles y con sencilla candidez sus almas se han hecho aceptas y agradables en nuestra presencia. Vaya Gabriel, nuestro embajador, y déles nuevas de alegría para ellos y para todo el linaje humano y anúncieles cómo nuestra dignación los ha mirado y escogido.

179. Conociendo los espíritus celestiales esta voluntad y decreto del Altísimo, el santo arcángel Gabriel, adorando y reverenciando a Su Alteza en la forma que lo hacen aquellas purísimas y espirituales sustancias, humillado ante el trono de la beatísima Trinidad, salió de él una voz intelectual que le dijo: Gabriel, ilumina, vivifica y consuela a Joaquín y Ana, nuestros siervos, y diles que sus oraciones llegaron a nuestra presencia y sus ruegos son oídos por nuestra clemencia; promételes que recibirán fruto de bendición con el favor de nuestra diestra y que Ana concebirá y parirá una hija a quien le damos por nombre María.

180. En este mandato del Altísimo le fueron revelados al arcángel san Gabriel muchos misterios y sacramentos de los que pertenecían a esta embajada; y con ella descendió al punto del cielo empíreo y se le apareció a san Joaquín, que estaba en oración, y le dijo: Varón justo y recto, el Altísimo desde su real trono ha visto tus deseos y oído tus peticiones y gemidos y te hace dichoso en la tierra. Tu esposa Ana concebirá y parirá una hija que.será bendita entre las mujeres2 y las naciones la conocerán por bienaventurada3 . El que es Dios eterno, increado y criador de todo, y en sus juicios rectísimo, poderoso y fuerte, me envía a ti, porque le han sido aceptas tus obras y limosnas. Y la caridad ablanda el pecho del Todopoderoso y apresura sus misericordias, que liberal quiero, enriquecer tu casa y familia con la hija que concebirá Ana y el mismo Señor la pone por nombre María. Y desde su niñez ha de ser consagrada a su templo, y en él a Dios, como se lo habéis prometido. Será grande, escogida, poderosa y llena del Espíritu Santo y por la esterilidad de Ana será milagrosa su concepción y la hija será en vida y obras toda prodigiosa. Alaba, Joaquín, al Señor por este beneficio, engrandécele, pues con ninguna nación hizo tal cosa. Subirás a dar gracias al templo de Jerusalén y, en testimonio de que te anuncio esta verdad y alegre nueva, en la puerta áurea encontrarás a tu hermana Ana, que por la misma causa irá al templo. Y te advierto que es maravillosa esta embajada, porque la concepción de esta niña alegrará el cielo y la tierra.

181. Todo esto le sucedió a san Joaquín en un sueño que se le dio en la prolija oración que hizo; para que en él recibiese esta embajada, al modo que sucedió después al santo José, esposo de María santísima, cuando se le manifestó ser su preñado por obra del Espíritu Santo4 . Despertó el dichosísimo san Joaquín con especial júbilo de su alma y, con prudencia cándida y advertida, escondio en su corazón el sacramento del Rey5 ; y con viva fe y esperanza derramó su espíritu en la presencia del Altísimo y, convertido en ternura y agradecimiento, le dio gracias y alabó sus inescrutables juicios; y para hacerlo mejor, se fue al templo, como se lo habían ordenado.

182. En el mismo tiempo que sucedió esto a san Joaquín, estaba la dichosísima santa Ana en altísima oración y contemplación, toda elevada en el Señor y en el misterio de la encarnación que esperaba del Verbo eterno, de que el mismo Señor le había dado altísimas inteligencias y especialísima luz infusa. Y con profunda humildad y viva fe estaba pidiendo a Su Majestad acelerase la venida del Reparador del linaje humano, y hacía esta oración: Altísimo Rey y Señor de todo lo criado, yo, vil y despreciada criatura, pero hechura de vuestras manos, deseara con dar la vida que de vos, Señor, he recibido obligaros para que vuestra dignación abreviara el tiempo de nuestra salud. ¡Oh, si vuestra piedad infinita se inclinase a nuestra necesidad! ¡Oh, si nuestros ojos vieran ya al Reparador y Redentor de los hombres! Acordaos, Señor, de las antiguas misericordias que habéis hecha con vuestro pueblo, prometiéndole vuestro Unigénito, y oblígueos esta determinación de infinita piedad. Llegue ya, llegue este día tan deseado. ¡Es posible que el Altísimo ha de bajar de su santo cielo! ¡Es posible que ha de tener Madre en la tierra! ¡Qué mujer será tan dichosa y bienaventurada! ¡Oh, quién pudiera verla! ¡Quién fuera digna de servir a sus siervas! Bienaventuradas las generaciones que la vieren, que podrán postrarse a sus pies y adorarla. ¡Qué dulce será su vista y conversación! Dichosos los ojos que la vieren y los oídos que la oyeren sus palabras y la familia que eligiere el Altísimo para tener Madre en ella. Ejecútese ya, Señor, este decreto, cúmplase ya vuestro divino beneplácito.

183. En esta oración y coloquios estaba ocupada santa Ana después de las inteligencias que había recibido de este inefable misterio y confería todas las razones que quedan dichas con el santo ángel de su guarda, que muchas veces, y en esta ocasión con más claridad, se le manifestó. Y ordenó el Altísimo que la embajada de la concepción de su Madre santísima fuese en algo semejante a la que después se había de hacer de su inefable encarnación. Porque santa Ana estaba meditando con humilde fervor en la que había de ser Madre de la Madre del Verbo encarnado, y la Virgen santísima hacía los mismos actos y propósitos para la que había de ser Madre de Dios, como en su lugar diré6 . Y fue uno mismo el ángel de las dos embajadas, y en forma humana, aunque con más hermosura y misteriosa apariencia se apareció a la Virgen María.

184. Entró el santo arcángel Gabriel en forma humana, hermoso y refulgente más que el sol, a la presencia de santa Ana y díjola: Ana, sierva del Altísimo, ángel del consejo de Su Alteza soy, enviado de las alturas por su divina dignación, que mira a los humildes en la tierra7 . Buena es la oración incesante y la confianza humilde. El Señor ha oído tus peticiones, porque está cerca de los que le llaman8 con viva fe y esperanza y aguardan con rendimiento. Y si se dilata el cumplimiento de los clamores y se detiene en conceder las peticiones de los justos, es para mejor disponerlos y más obligarse a darles mucho más de lo que piden y desean. La oración y limosna abren los tesoros del Rey omnipotente9 y le inclinan a ser rico en misericordias con los que le ruegan. Tú y Joaquín habéis pedido fruto de bendición; y el Altísimo ha determinado dárosle admirable y santo y con él enriqueceros de dones celestiales, concediéndoos mucho más de lo que habéis pedido. Porque habiéndoos humillado en pedir, se quiere el Señor engrandecer en concederos vuestras peticiones; que le es muy agradable la criatura cuando humilde y confiada le pide no coartando su infinito poder. Persevera en la oración y pide sin cesar el remedio del linaje humano para obligar al Altísimo. Moisés con oración interminada hizo que venciese el pueblo10. Ester con oración y confianza le alcanzó libertad de la muerte. Judit por la misma oración fue esforzada en obra tan ardua como intentó para defender a Israel; y lo consiguió, siendo mujer flaca y débil. –David salió victorioso contra Goliat, porque oró invocando el nombre del Señor. Elías alcanzó fuego del cielo para su sacrificio y con la oración abría y cerraba los cielos. La humildad, la fe y limosnas de Joaquín y las tuyas llegaron al trono del Altísimo y me envió a mí, ángel suyo, para que anuncie nuevas de alegría para tu espíritu; porque Su Alteza quiere que seas dichosa y bienaventurada. Elígete por madre de la que ha de engendrar y parir al Unigénito del Padre. Parirás una hija que por divina ordenación se llamará María. Será bendita entre las mujeres y llena del Espíritu Santo. Será la nube11 que derramará el rocío del cielo para refrigerio de los mortales y en ella se cumplirán las profecías de vuestros antiguos padres. Será la puerta de la vida y de la salud para los hijos de Adán. Y advierte que a Joaquín le he evangelizado que tendrá una hija que será dichosa y bendita, pero el Señor reservó el sacramento, no manifestándole que había de ser Madre del Mesías. Y por esto debes tú guardar este secreto; y luego irás al templo a dar gracias al Altísimo, porque tan liberal te ha favorecido su poderosa diestra. Y en la puerta áurea encontrarás a Joaquín, donde conferirás estas nuevas. Pero a ti, bendita del Señor, quiere su grandeza visitarte y enriquecerte con sus favores más singulares y en soledad te hablará al corazón y dará origen a la ley de gracia, dando ser en tu vientre a la que ha de vestir de carne mortal al inmortal Señor, dándole forma humana; y en esta humanidad unida al Verbo se escribirá con su sangre la verdadera ley de misericordia13 .

185. Para que el humilde corazón de santa Ana con esta embajada no desfalleciera en admiración y júbilo de la nueva que le daba el santo ángel, fue confortada por el Espíritu Santo su flaqueza; y así la oyó y recibió con dilatación de su ánimo y alegría incomparable. Y luego se levantó y fue al templo de Jerusalén y topó a san Joaquín, como el ángel les había dicho a entrambos. Y juntos dieron gracias al Autor de esta maravilla y ofrecieron dones particulares y sacrificios. Fueron de nuevo iluminados de la gracia del divino Espíritu y, llenos de consolación divina, se volvieron a su casa, confiriendo los favores que del Altísimo habían recibido y cómo el santo arcángel Gabriel a cada uno singularmente les había hablado y prometido de parte del Señor que les daría una hija que fuese muy dichosa y bienaventurada. Y en esta ocasión también se manifestaron el uno al otro cómo el mismo santo ángel antes de tomar estado les había mandado que los dos juntos le recibiesen por la voluntad divina, para servirle juntos. Este secreto habían celado veinte años sin comunicarle uno a otro, hasta que el mismo ángel les prometió la sucesión de tal hija. Y de nuevo hicieron voto de ofrecerla al templo y que todos los años en aquel día subirían a él con particulares ofrendas y le gastarían en alabanza y hacimiento de gracias y darían muchas limosnas. Y así lo cumplieron después e hicieron grandes cánticos de loores y alabanzas al Altísimo.

186. Nunca descubrió la prudente matrona Ana el secreto a san Joaquín, ni a otra criatura alguna, de que su hija había de ser Madre del Mesías; ni el santo padre en el discurso de la vida conoció más de que sería grande y misteriosa mujer; pero en los últimos alientos, antes de la muerte, se lo manifestó el Altísimo, como diré en su lugar14 . Y aunque se me ha dado grande inteligencia de las virtudes y santidad de los dos padres de la Reina del cielo, no me detengo más en declarar lo que todos los fieles debemos suponer; y por llegar al principal intento.

187. Después de la primera concepción del cuerpo que había de ser para la Madre de la gracia, y antes de criar su alma santísima, hizo Dios un singular favor a santa Ana. Tuvo una visión o aparecimiento de Su Majestad intelectualmente y por altísimo modo; y comunicándole en él grandes inteligencias y dones de gracias, la dispuso y previno con bendiciones de dulzura15 ; y purificándola toda, espiritualizó la parte inferior del cuerpo y elevó su alma y espíritu, de suerte que desde aquel día jamás atendió a cosa humana que la impidiese para no tener puesto en Dios todo el afecto de su mente y voluntad, sin perderla jamás de vista. Díjola el Señor en este beneficio: Ana, sierva mía, yo soy Dios de Abrahán, Isaac y Jacob; mi bendición y luz eterna es contigo. Yo formé al hombre para levantarle del polvo y hacerle heredero de mi gloria y participante de mi divinidad; y aunque en él deposité muchos dones y le puse en lugar y estado muy perfecto, pero oyó a la serpiente y perdíólo todo. Yo de mi beneplácito, olvidando su ingratitud, quiero reparar sus daños y cumplir lo que a mis siervos y profetas tengo prometido de enviarles mi Unigénito y su Redentor. Los cielos están cerrados, los padres antiguos detenidos, sin ver mi cara y darles yo el premio que tengo prometido de mi eterna gloria; y la inclinación de mi bondad infinita está como violentada no se comunicando al linaje humano. Quisiera ya usar con él de mi liberal misericordia y darle la persona del Verbo eterno, para que se haga hombre, naciendo de mujer que sea madre y virgen inmaculada, pura, bendita y santa sobre todas las criaturas; y de esta mi escogida y única16 te hago madre.

188. Los efectos que hicieron estas palabras del Altísimo en el cándido corazón de santa Ana, no los puedo yo fácilmente explicar, siendo ella la primera de los nacidos a quien se le reveló el misterio de su Hija santísima, que sería Madre de Dios y nacería de sus entrañas la elegida para el mayor sacramento del poder divino. Y convenía así que ella lo conociese, porque la había de parir y criar como pedía este misterio y saber estimar el tesoro que poseía. Oyó con humildad profunda la voz del Muy Alto, y con rendido corazón respondió: Señor, Dios eterno, condición es de vuestra bondad inmensa y obra de vuestro brazo poderoso levantar del polvo al que es pobre y despreciado17 . Yo, Señor Altísimo, me reconozco indigna criatura de tales misericordias y beneficios. ¿Qué hará este vil gusanillo en vuestra presencia? Sólo puedo ofreceros en agradecimiento vuestro mismo ser y grandeza y en sacrificio mi alma y mis potencias. Haced de mí, Señor mío, a vuestra voluntad, pues toda me dejó en ella. Yo quisiera ser tan dignamente vuestra como pide este favor; pero, ¿qué haré que no merezco ser esclava de la que ha de ser Madre de vuestro Unigénito e hija mía? Así lo conozco y lo confesaré siempre y de mí que soy pobre; pero a los pies de vuestra grandeza estoy aguardando que uséis conmigo de vuestra misericordia, pues sois Padre piadoso y Dios omnipotente. Hacedme, Señor, cual me queréis, según la dignidad que me dais.

189. Tuvo en esta visión santa Ana un éxtasis maravilloso, en que le fueron concedidas altísimas inteligencias de las leyes de la naturaleza, escrita y evangélica; y conoció cómo la divina naturaleza en el Verbo eterno se había de unir a la nuestra y cómo la humanidad santísima sería levantada al ser de Dios y otros muchos misterios de los que se habían de obrar en la encarnación del Verbo divino; y con estas ilustraciones y otros divinos dones de gracia la dispuso el Altísimo para la concepción y creación del alma de su Hija santísima y Madre de Dios.

CAPITULO 14


Cómo el Altísimo manifestó a los santos ángeles el tiempo determinado y oportuno de la concepción de María Santísima y los que le señaló para su guarda.

190. En el tribunal de la voluntad divina, como en principio inevitable y ,causa universal de todo lo criado, se decretan y determinan todas las cosas que han de ser, con sus condiciones y circunstancias, sin haber alguna que se olvide, ni tampoco después de determinada la pueda impedir otra potencia criada. Todos los orbes y los moradores que en ellos se contienen dependen de este inefable gobierno, que a todos acude y concurre con las causas naturales, sin haber faltado ni poder faltar un punto a lo necesario. Todo lo hizo Dios y lo sustenta con solo su querer y en él está el conservar el ser que dio a todas las cosas, o aniquilarlas volviéndolas al no ser de donde las crió. Pero como las crió todas para su gloria y del Verbo humanado, así desde el principio de la creación fue disponiendo los caminos y abriendo las sendas por donde el mismo Verbo bajase a tomar carne humana y vivir con los hombres; y ellos subiesen a Dios, le conozcan, le teman, le busquen, le sirvan y amen, para alabarle eternamente y gozarle.

191. Admirable ha sido su nombre en la universidad de las tierras1 y engrandecido en la plenitud y congregación de los santos, con que ordenó y compuso pueblo aceptable2 de quien el Verbo humanado fuese cabeza. Y cuando estaba todo en la última y conveniente disposición, en que su providencia lo había querido poner, y llegando el tiempo por ella determinado para criar la mujer maravillosa vestida del sol a que apareció en el cielo, la que había de alegrar y enriquecer la tierra, para formarla en ella decretó la santísima Trinidad lo que, en mis cortas razones y concepto de lo que he entendido, manifestaré.

192. Ya queda dicho arriba4 cómo para Dios no hay pretérito ni futuro, porque todo lo tiene presente en su mente divina infinita y lo conoce con un acto simplicísimo; pero, reduciéndolo a nuestros términos y modo limitado de entender, consideramos que Su Majestad miró a los decretos que tenía hechos de criar Madre conveniente y digna para que el Verbo se humanase; porque el cumplimiento de sus decretos es inevitable. Y llegando ya el tiempo oportuno y determinado las tres divinas Personas en sí mismas dijeron: Tiempo es ya que demos principio a la obra de nuestro beneplácito, y criemos aquella pura criatura y alma que ha de hallar gracia en nuestros ojos sobre todas las demás. Dotémosla de ricos dones y depositemos en ella sola los mayores tesoros de nuestra gracia. Y pues todo el resto de las demás que dimos ser nos han salido ingratas y rebeldes a nuestra voluntad, oponiéndose a nuestro intento de que se conservasen en el primero y feliz estado en que criamos a los primeros hombres y ellos le impidieron por su culpa, y no es conveniente que en todo nuestra voluntad quede frustrada, criemos en toda santidad y perfección a esta criatura, en quien no tenga parte el desorden del primer pecado. Criemos un alma de nuestros deseos un fruto de nuestros atributos, un prodigio de nuestro infinito poder, sin que le ofenda ni la toque la mácula del pecado de Adán. Hagamos una obra que sea objeto de nuestra omnipotencia y muestra de la perfección que disponíamos para nuestros hijos y el fin del dictamen que tuvimos en la creación. Y pues han prevarícado todos en la voluntad libre y determinación del primer hombre5 , sea esta sola criatura en quien restauremos y ejecutemos lo que, desviándose de nuestro querer, ellos perdieron. Sea única imagen y similitud de nuestra divinidad y sea en nuestra presencia por todas las eternidades complemento de nuestro beneplácito y ágrado. En ella depositaremos todas las prerrogativas y gracias que en nuestra primer y condicional voluntad destinamos para los ángeles y hombres, si en el primer estado se conservaran. Y si ellos las perdieron, renovémoslas en esta criatura y añadiremos a estos dones otros muchos y no quedará en todo frustrado el decreto que tuvimos, antes mejorado en esta nuestra electa y única6 . Y pues determinamos lo más santo y prevenimos lo mejor para las criaturas, y lo más perfecto y loable y ellas lo perdieron, encaminemos el corriente de nuestra bondad para nuestra amada y saquémosla de la ley ordinaria de la formación de todos los mortales, para que en ella no tenga parte la semilla de la serpiente. Yo quiero descender del cielo a sus entrañas y en ellas vestirme con su misma sustancia de la naturaleza humana.

193. Justo es y debido que la divinidad de bondad infinita se deposite y encubra en materia purísima, limpia y nunca manchada con la culpa. Ni a nuestra equidad y providencia conviene omitir lo más decente, perfecto y santo por lo que es menos, pues a nuestra voluntad no hay resístencía7 . El Verbo, que se ha de humanar, siendo redentor y maestro de los hombres, ha de fundar la ley perfectísima de la gracia y enseñar en ella a obedecer y honrar al padre y a la madre8 como causas segundas de su ser natural. Esta ley se ha de ejecutar primero honrando el Verbo divino a la que ha elegido para Madre suya, honrándola y dignificándola con brazo poderoso y previniéndola con lo más admirable, más santo, más excelente de todas las gracias y dones. Y entre ellos será la honra y beneficio más singular no sujetarla a nuestros enemigos ni a su malicia; y así ha de ser libre de la muerte de la culpa.

194. En la tierra ha de tener el Verbo madre sin padre, como en el cielo padre sin madre. Y para que haya debida proporción y consonancia llamando a Dios padre y a esta mujer madre, queremos que sea tal que se guarde la correspondencia e igualdad posible entre Dios y la criatura, para que en ningún tiempo el dragón pueda gloriarse fue superior a la mujer a quien obedeció Dios como a verdadera madre. Esta dignidad de ser libre de culpa es debida y correspondiente a la que ha de ser Madre del Verbo y para ella por sí misma más estimable y provechosa, pues mayor bien es ser santa que ser madre sola; pero al ser Madre de Dios le conviene toda la santidad y perfección. Y la carne. humana, de quien ha de tomar forma, ha de estar segregada del pecado; y habiendo de redimir en ella a los pecadores, no ha de redimir a su misma carne como a los demás, pues unida ella con la divinidad ha de ser redentora y por esto de antemano ha de ser preservada, pues ya tenemos previstos y aceptados los infinitos merecimientos del Verbo en esa misma carne y naturaleza. Y queremos que por todas las eternidades sea glorificado el Verbo encarnado por su tabernáculo y gloriosa habitación de la humanidad que recibió.

195. Hija ha de ser del primer hombre, pero, en cuanto a la gracia, singular, libre y exenta de su culpa y, en cuanto a lo natural, ha de ser perfectísima y formada con especial providencia. Y porque el Verbo humanado ha de ser maestro de la humildad y santidad y para este fin son medio conveniente los trabajos que ha de padecer, confundiendo la vanidad y falacia engañosa de los mortales, y para sí ha elegido esta herencia por el tesoro más estimable en nuestros ojos queremos que también le toque esta parte a la que ha de ser Madre suya y que sea única y singular en la paciencia, admirable en el sufrir, y que con su Unigénito ofrezca sacrificio de dolor aceptable a nuestra voluntad y de mayor gloria para ella.

196. Este fue el decreto que las tres divinas Personas manifestaron a los santos ángeles, exaltando la gloria y veneración de sus santísimos, altísimos, investigables juicios. Y como su divinidad es espejo voluntario que en la misma visión beatífica manifiesta, cuando es servido, nuevos misterios a los bienaventurados, hizo esta demostración nueva de su grandeza, en que viesen el orden admirable y armonía tan consonante de sus obras. Y todo fue consiguiente a lo que dijimos en los capítulos antecedentes9 que hizo el Altísimo en la creación de los ángeles, cuando les propuso habían de reverenciar y conocer por superior al Verbo humanado y a su Madre santísima; porque llegado ya el tiempo destinado para la formación de esta Reina, convenía no lo ocultase el Señor que todo lo dispone en medida y peso10 . Fuerza es que, con términos humanos y tan limitados como los que yo alcanzo, se oscurezca la inteligencia que me ha dado el Altísimo de tan ocultos misterios, pero con limitación diré lo que pudiere de lo que manifestó el Señor a los ángeles en esta ocasión.

197. Ya es llegado el tiempo –añadió Su Majestad– determinado por nuestra providencia para sacar a luz la criatura más grata y acepta a nuestros ojos la restauradora de la primera culpa del linaje humano, la que al dragón ha de quebrantar la cabeza11, la que señaló aquella singular mujer que por señal grande apareció12 en nuestra presencia y la que vestirá de carne humana al Verbo eterno. Ya se acercó la hora tan dichosa para los mortales, para franquearles los tesoros de nuestra divinidad y hacerles con esto patentes las puertas del cielo. Deténgase ya el rigor de nuestra justicia en los castigos que hasta ahora ha ejecutado con los hombres y conózcase el de nuestra misericordia, enriqueciendo a las criaturas, mereciéndoles el Verbo humanado las riquezas de la gracia y gloria eterna.

198. Tenga ya el linaje humano reparador, maestro, medianero, hermano y amigo, que sea vida para los muertos, salud para los enfermos, consuelo para los tristes, refrigerio para los afligidos, descanso y compañero para los atribulados. Cúmplanse ya las profecías de nuestros siervos y las promesas que les hicimos de enviarles salvador que les redimiese. Y para que todo se ejecute a nuestro beneplácito y demos principio al sacramento escondido desde la constitución del mundo, elegimos para la formación de María nuestra querida el vientre de nuestra sierva Ana, para que en él sea concebida y sea criada su alma dichosísima. Y aunque su generación y formación han de ser por el común orden de la natural propagación, pero con diferente orden de gracia, según la disposición de nuestro inmenso poder.

199. Ya sabéis cómo la antigua serpiente, después de la señal que vio de esta maravillosa mujer, las anda rodeando a todas; y desde la primera que criamos, persigue con astucia y asechanzas a las que conoce más perfectas en su vida y obras, pretendiendo topar entre todas a la que ha de hollar y quebrantar su cabeza. Y cuando atento a esta purísima e inculpable criatura la reconociere tan santa, pondrá todo su esfuerzo en perseguirla según el concepto que de ella hiciere. La soberbia de este dragón será mayor que su fortaleza13 , pero nuestra voluntad es que de esta nuestra ciudad santa y tabernáculo del Verbo humanado tengáis especial cuidado y protección, para guardarla, asistirla y defenderla de nuestros enemigos y para iluminarla, confortarla y consolarla con digno cuidado y reverencia mientras fuere viadora entre los mortales.

200. A esta proposición que hizo el Altísimo a los santos ángeles, todos con humildad profunda, como postrados ante el real trono de la santísima Trinidad, se mostraron rendidos y prontos a su divino mandato. Y cada cual con santa emulación deseaba ser enviado y se ofrecía a tan feliz ministerio y todos hicieron al Altísimo himnos de alabanza y cantar nuevo, porque llegaba ya la hora en que veían el cumplimiento de lo que con ardentísimos deseos habían por muchos siglos suplicado. Conocí en esta ocasión que, desde aquella batalla grande que san Miguel tuvo en el cielo con el dragón y sus aliados y fueron arrojados a las tinieblas sempiternas, quedando los ejércitos de san Miguel victoriosos y confirmados en gracia y gloria, comenzaron luego estos santos espíritus a pedir la ejecución de los misterios de la encarnación del Verbo que allí conocieron; y en estas peticiones repetidas perseveraron hasta la hora que les manifestó Dios el cumplimiento de sus deseos y peticiones.

201. Por esta razón los espíritus celestiales con esta nueva revelación recibieron nuevo júbilo y gloria accidental y dijeron al Señor: Altísimo e incomprensible Señor y Dios nuestro, digno eres de toda reverencia, alabanza y gloria eterna; y nosotros somos tus criaturas criadas por tu divina voluntad. Envíanos, Señor poderosísimo, a la ejecución de tus maravillosas obras y misterios, para que en todos y en todo se cumpla tu justísimo beneplácito. Con estos efectos se reconocían los celestiales príncipes por inferiores y, si posible fuera, deseaban ser más puros y perfectos para ser dignos de guardarla y servirla.

202. Determinó luego el Altísimo y señaló quiénes habían de ocuparse en tan alto ministerio y de los nueve coros eligió de cada uno ciento, que son novecientos. Y luego señaló otros doce para que más de ordinario la asistiesen en forma corporal y visible; y tenían señales o divisas de la redención; y éstos son los doce que refiere el capítulo 21 del Apocalipsis14 que guardaban las puertas de la ciudad, y de ellos hablaré en la declaración de aquel capítulo que pondré adelante15. Fuera de éstos señaló el Señor otros diez y ocho ángeles de los más superiores, para que subiesen y descendiesen por esta escala mística de Jacob con embajadas de la Reina a Su Alteza y del mismo Señor a ella; porque muchas veces los enviaba al eterno Padre para ser gobernada en todas sus acciones por el Espíritu Santo, pues ninguna hizo sin su divino beneplácito y aun en las cosas pequeñas le procuraba saber. Y cuando con especial ilustración no era enseñada, enviaba con estos santos ángeles a representar al Señor su duda y deseo de hacer lo más agradable a su voluntad santísima y saber qué la mandaba, como en el discurso de esta Historia diremos.

203. Sobre todos estos santos ángeles señaló y nombró el Altísimo otros setenta serafines de los más supremos y allegados al trono de la Divinidad, para que confiriesen con la Princesa del cielo y la comunicasen, por el mismo modo que ellos mismos entre sí comunican y hablan y los superiores iluminan a los inferiores. Y este beneficio le fue concedido a la Madre de Dios, aunque era superior en la dignidad y gracia a todos los serafines, porque era viadora y en naturaleza inferior. Y cuando alguna vez se le ausentaba y escondía el Señor, como adelante veremos16 , estos setenta serafines la ilustraban y consolaban y con ellos confería los afectos de su ardentísimo amor y sus ansias por el tesoro escondido. El número de setenta en este beneficio tuvo correspondencia a los años de su vida santísima, que fueron no sesenta, sino setenta, como diré en su lugar17. En este número se encierran aquellos sesenta fuertes que, en el capítulo 3 de los Cantares18, se dice guardaban el tálamo o lecho de Salomón, escogidos de los más valientes de Israel, ejercitados en la guerra, con espadas ceñidas por los temores de la noche.


204. Estos príncipes y capitanes esforzados fueron señalados para guarda de la Reina del cielo entre los más supremos de los órdenes jerárquicos; porque, en aquella antigua batalla que hubo en el cielo entre los espíritus humildes contra el soberbio dragón, fueron como señalados y armados caballeros por el supremo Rey de todo lo criado, para que con la espada de su virtud y palabra divina peleasen y venciesen a Lucifer con todos los apóstatas que le siguieron. Y porque en esta gran pelea y victoria se aventajaron estos supremos serafines en el celo de la honra del Altísimo, como capitanes esforzados y diestros en el amor divino, y estas armas de la gracia les fueron dadas por virtud del Verbo humanado, cuya honra, como de su cabeza y señor, defendieron, y con ella juntamente la de su .Madre santísima, por esto dice que guardaban el tálamo de Salomón y le hacían escolta y que tenían ceñidas sus espadas en aquella parte que significa la humana generación19, y en ella la humanidad de Cristo Señor nuestro concebida en el tálamo virginal de María de su purísima sangre y sustancia.

205. Los otros diez serafines que restan para cumplir el número de setenta, fueron también de los superiores de aquel primer orden que contra la antigua serpiente manifestaron más reverencia de la divinidad y humanidad del Verbo y de su Madre santísima; que para todo esto hubo lugar en aquel breve conflicto de los santos ángeles. Y a los principales caudillos que allí hubo se les dio como por especial honra que lo fuesen también de los que guardaban a su Reina y Señora. Y todos ellos juntos hacen número de mil ángeles, entre serafines y los demás de los órdenes inferiores; con que esta ciudad de Dios quedaba superabundantemente guarnecida contra los ejércitos infernales.

206. Y para disponer mejor este invencible escuadrón fue señalado por su cabeza el príncipe de la milicia celestial san Miguel, que si bien no asistía siempre con la Reina, pero muchas veces la acompañaba y se le manifestaba. Y el Altísimo le destinó para que en algunos misterios, como especial embajador de Cristo Señor nuestro, atendiese a la guarda de su Madre santísima. Fue asimismo señalado el santo príncipe Gabriel, para que del eterno Padre descendiese a las legacías y ministerios que tocasen a la Princesa del cielo. Y esto fue lo que ordenó la santísima Trinidad para su ordinaria defensa y custodia.

207. Todo este nombramiento fue gracia del Altísimo; pero tuve inteligencia que guardó en él algún orden de justicia distributiva, porque su equidad y providencia tuvo atención a las obras y voluntad con que los santos ángeles admitieron los misterios que en el principio les fueron revelados de la encarnación del Verbo y de su Madre santísima; porque en obsequio de la divina voluntad unos se movieron con diferentes afectos e inclinaciones que otros a los sacramentos que se les propusieron. Y no en todos fue una misma la gracia, ni la voluntad y sus afectos; antes unos se inclinaron con especial devoción, conociendo la unión de las dos naturalezas divina y hu mana en la persona del Verbo, encubierta en los términos de un cuerpo humano y levantada a ser cabeza de todo lo criado; otros con este afecto se movían de admiración de que el Unigénito del Padre se hiciese pasible y tuviese tanto amor a los hombres que se ofreciese a morir por ellos; otros se señalaban en la alabanza de que hubiese de criar un alma y cuerpo de tan suprema excelencia, que fuese sobre todos los espíritus celestiales, y de ella tomase carne humana el Criador de todos. Según estos movimientos y en su corres pondencia, y como en premio accidental, fueron señalados los santos ángeles para los misterios de Cristo y de su purísima Madre, como serán premiados los que en esta vida se señalan con alguna virtud, como los doctores y vírgenes, etc., con sus laureolas.

208. Por esta correspondencia, cuando a la Madre de Dios se le manifestaban corporalmente estos santos príncipes, como diré adelante, descubrían unas divisas y veneras que representaban unos de la encarnación, otros de la pasión de Cristo Señor nuestro, otros de la misma Reina y de su grandeza y dignidad; aunque no luego la conoció cuando comenzaron a manifestársele, porque el Altísimo mandó a todos estos santos ángeles que no la declarasen había de ser Madre de su Unigénito hasta el tiempo destinado por su divina sabiduría, pero que siempre tratasen con ella de estos sacramentos y misterios de la encarnación y redención humana, para fervorizarla y moverla a sus peticiones. Tardas son las lenguas humanas y cortos20 mis términos y palabras para manifestar tan alta luz e inteligencias.