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Gotti Tedeschi y el mensaje de Fátima

Gotti Tedeschi y el mensaje de Fátima

Por Marco Tosatti | 25 marzo, 2020

Queridísimos Stilumcuriales, el Prof. Ettore Gotti Tedeschi nos hace partícipes de otra reflexión, que nos resulta particularmente preciosa para meditar completamente, en éstos tiempos extraños y tempestuosos que estamos viviendo. Una reflexión centrada acerca el mensaje dado a la humanidad, a los cristianos, y a los católicos en particular. Una reflexión que llega en el momento en que los obispos de España y de Portugal han decidido consagrar a sus países a la Virgen. ¿Por qué no imitar su ejemplo? ¿por qué los obispos italianos no pudieran hacer lo mismo?

Buena lectura.

Con la premisa que me parecería surreal que un católico no creyese a la Madre Inmaculada y Corredentora. En consecuencia me sorprendería que un católico pusiera en duda un mensaje profético, reconocido desde siempre por la Iglesia, como el de Fátima.

Todos los papas desde 1917 han creído y tres han ido a Fátima (Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI), y las profecías se han cumplido. Sin embargo el mensaje de Fátima de 1917, más que ignorado u olvidado, me parece más bien negado. Cuando debería ser repensado hoy, si creemos oportuno aprovechar este momento para confortar y convertir.

En las Sagradas Escrituras se nos dan advertencias claras, si un pueblo no pretende aceptar las profecías, no se arrepiente y no se convierte, no obtiene Misericordia de Dios.

Hay muchos episodios al respecto en el Antiguo Testamento, pero también encontramos el ejemplo de Nínive, donde toda la población (rey incluído) aunque siendo malvada cuanto Sodoma, creyó al profeta Jonás, se arrepintió, hizo penitencia y se salvó.

En el Nuevo Testamento es Jesucristo mismo que llana al arrepentimiento y el perdón como el de Nínive, para dar ejemplo a los fariseos que no le creían.

En el siglo XX, hemos tenido más que un profeta Jonás para advertirnos. En Fátima en 1917 es la mismísima Santa Madre de Dios que nos advirtió que si la humanidad no habría cambiado de vida y no se convertía, la crisis se agravaría. En la segunda parte del secreto revelado por la vidente Lucía, la Virgen Inmaculada anunció castigos que habrían arrasado las realidades temporales, pero que serían evitadas por los hombres si se hubiesen convertido, si se hubiese vencido el ateísmo y consagrado el mundo a Su Corazón Inmaculado. En la práctica María Santísima advirtió que la crisis moral habría producido crisis materiales.

Esta advertencia no fue recibida ni ejecutada como la había pedido la Madre de Dios (hasta Benedicto XVI lo hizo notar). Al contrario, el mensaje desde el vértice de la Iglesia lo ha contradicho en nuestros últimos años, queriendo convencer que es la miseria material y no más el pecado, la que provoca la miseria moral.

El intelectual católico Paul Claudel, (en los años ’50) se declaró turbado porque a pesar de Fátima, los sacerdotes ya no predicaban más sobre el infierno. El «Temor de Dios», principio de la verdadera sabiduría, ya se había perdido desde entonces; hoy incluso parece burlado y considerado «blasfemia».

Es bueno recordar, antes de referir sobre nuestros últimos tiempos, cuál era el contexto moral que precedió al de 1917.

Bien tres papas, conscientes de lo que estaba sucediendo, proveyeron contra atacando. Pío IX con el Sillabo, León XIII con l’Humanum Genus, y Pío X con la Pascendi. Se estaba gestando el nacimiento del llamado “modernismo”, que debutó a finales del siglo XIX y principios del XX.

El «modernismo» fue un movimiento filosófico que creó la crisis de las certezas iluminísticas y generó la «muerte de Dios» (según Nietzsche). De esto resultó infaltablemente el modernismo teológico (influenciado además por el agnosticismo, inmanentismo, evolucionismo) que aunque condenado como herético por parte de San Pío X, logró poner a prueba toda la doctrina católica en discusión, desde la Revelación hasta los Dogmas, los Sacramentos, etc. Resbalando cada vez más hacía una teología protestante, secularizada, contribuyendo a suscitar los dramas de un mundo si Dios y sin paz (se estaba en plena Primera Guerra Mundial). Por lo que las apariciones y mensajes de Fátima.

Extraordinariamente interesante pudiera ser recorrer los tiempos sucesivos, desde 1917 hasta hoy, también porque la humanidad no solo ha vivido la revolución rusa profetizada en Fátima, sino también la gripe «española» de 1918, la II Guerra Mundial, los 40 años de la guerra fría, el Concilio Vaticano II, el nacimiento del Nuevo Orden Mundial y con éste el inicio de un proceso de globalización que prescindía de toda ley natural y que ha generado los descalabros y la crisis en curso: social, económica, política y sobre todo moral.

Sin ser escuchados una vez más, fueron los papas desde Pablo VI , Juan Pablo II y Benedicto XVI, que habiendo comprendido Fátima, buscaron concienciar a la humanidad, que enajenó la libertad sin la responsabilidad, que se complacía en ilusiones y utopías económico-científicas, sociales, políticas y sobre todo morales.

No quiero comentar, con éstas consideraciones, el momento de aflicción actual; propongo solamente releer, considerar y realizar, aún hoy, los mensajes de Fátima, si queremos (evangélicamente ) cumplir el mismo camino y por tanto lograr el mismo resultado, que los habitantes de Nínive: convertidos, perdonados y salvados.

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