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A mis hermanas y hermanos negros

Headlines by Charles White, 1944 [Collection of William M. and Elisabeth M. Landes. © The Charles White Archives/ Photo: Gregory R. Staley]

Por The Catholic Thing | 12 julio, 2020

Por Richard Cipolla

Cuidado con los que derriban estatuas de todo tipo y condiciones de hombres. En primer lugar, tengan cuidado porque en muchos casos estas estatuas son la principal prueba del trato atroz que reciben los negros en este país, desde que existió el comercio de esclavos hasta el día de hoy. Pero borrar estos recordatorios del doloroso pasado permite reescribir la historia a favor de aquellos con una agenda que no necesariamente se preocupa por el futuro de los hombres y mujeres negros en nuestra sociedad.

Tengan cuidado con la destrucción de las estatuas no sólo de los líderes confederados sino también de aquellos como Colón. A pesar de las verdaderas fallas personales de Colón, él trajo la fe cristiana al Nuevo Mundo, sin la cual la plaga de la esclavitud para los negros en este país nunca hubiera sido abolida. Nunca olviden que fueron muchos de los primeros misioneros y más tarde los Metodistas Británicos quienes desarrollaron el convincente caso moral contra la esclavitud.

Fue en efecto Abraham Lincoln quien emitió la Proclamación de Emancipación en el contexto de la peor guerra que nuestro país ha conocido, la guerra conocida como la Guerra Civil, cuyo legado está de una manera real todavía con nosotros. Pero esta declaración «oficial» que puso fin a la esclavitud en este país fue el fruto de aquellos muchos cristianos que entendieron tan claramente que la esclavitud era incompatible con el Evangelio de Jesucristo.

Fueron el núcleo del Movimiento Abolicionista que desempeñó un papel tan importante no sólo en llevar a la conciencia americana la pecaminosidad de la esclavitud sino que también hizo mucho para ayudar a los esclavos que buscaban la libertad, tanto antes como después de la Guerra Civil.

Igual de importante: la experiencia del esclavo negro produjo una singular y profunda comprensión de la fe cristiana que sigue siendo un modelo de lo que realmente significa ser cristiano. Porque los esclavos negros de este país se identificaron con la esclavitud de los israelitas en Egipto, y sus cantos, como los cantos de los esclavos en Egipto, salieron de las mismas entrañas de sus vidas como esclavos. Y como personas que esperaban esa libertad que iba más allá de la libertad de la esclavitud, esa libertad de la que San Pablo habla como la libertad en Cristo.

En lo que se conoce como «Spirituals«, esa singular expresión musical de la iglesia negra – desde «Swing Low, Sweet Chariot«, «There is a balm in Gilead» y «Were You There (When They Crucified My Lord)» hasta las alegres cadencias de «O, Happy Day» – en esta música comprendieron la realidad de la libertad en Jesucristo. Y muy pocos entienden lo que esto significa hoy en día.

Es de hecho uno de los eventos más significativos en la historia cristiana, al menos en este país, que tantos esclavos aceptaron el Evangelio de Jesucristo. Los esclavos no sólo aceptaron la fe de sus opresores, sino que le dieron a esa fe una profundidad y un significado que iba mucho más allá del cristianismo rutinario que marcó a tantos de los que los «poseían».

Para los que estaban en la esclavitud, la libertad no era sólo un concepto a ser consagrado en un documento. Era algo intensamente personal, y aún así sabían que la única esperanza de lograr esta verdadera libertad estaba en la persona de Jesucristo y en Él crucificado.

El poder de la iglesia negra se basa en la relación bíblica de fe y libertad. Esa fe siempre ha sido un antídoto contra la versión white-bread de la fe cristiana que confunde la libertad en Cristo con una comprensión individualista de la libertad que niega las obligaciones de amar a Dios con todo tu ser y al prójimo como a uno mismo.

Esta relación entre la fe y la libertad y su corolario de amar sin límites es lo que el reverendo Martin Luther King Jr. entendía. Su cruzada por la justicia para los negros no vino principalmente de una agenda política o sociológica. Vino de su profunda comprensión del vínculo entre la justicia y la libertad en el contexto del amor de Dios y la verdad de Dios.

A mis hermanas y hermanos negros: cuídense de los elitistas blancos que renombran las universidades en nombre de la justicia y la sensibilidad. No son sus amigos.

Cuídense de los que derriban estatuas y desfiguran edificios en nombre de Black Lives Matter. Cuando las estatuas desaparezcan y las élites hayan reescrito la historia, cuando aquellos con una agenda contraria a la fe de los negros la impongan a todos, entonces el futuro de los negros en este país será devorado por aquellos que borran la historia para lograr objetivos que son antitéticos a la fe cristiana, fe que ha sido central en la experiencia y la vida de los negros.

Las protestas pacíficas del mes pasado en respuesta a la brutalidad policial, a pesar de la violencia y el saqueo que las acompañaron, han sido necesarias para llamar la atención una vez más sobre las injusticias que sufre constantemente la comunidad negra en este país. Pero esos negros y sus partidarios que todavía tienen fe en el Dios de amor y compasión, no deben ser cooptados en esta justa lucha por aquellos cuya agenda es incompatible con la fe cristiana.

Acerca del autor:

El padre Richard Cipolla es un sacerdote católico, pastor retirado de la iglesia de Santa María, en Norwalk, CT. Tiene un doctorado en Filosofía de la Universidad de Oxford y fue durante muchos años Presidente del Departamento de Clásicos de la Escuela de Brunswick.