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La comunión espiritual

La Comunión espiritual consiste, según Santo Tomás de Aquino, en un deseo ardiente de recibir a Nuestro Señor Jesucristo sacramentalmente y en amoroso abrazo, como si se lo hubiera ya recibido.

San Maximiliano Kolbe, además de recibir la Eucaristía, hacía visitas frecuentes al Santísimo Sacramento hasta diez veces al día. Como no era suficiente para el y siguiendo a San Francisco de Sales, decidió hacer Comuniones Espirituales cada 15 minutos.

A veces, dice San Maximiliano, la Comunión espiritual puede traer las mismas gracias que la sacramental.

San Juan María Vianney, el Cura de Ars, decía:

“Una Comunión espiritual actúa en el alma como un soplo de viento en una brasa que está a punto de extinguirse. Cada vez que sientas que tu amor por Dios se está enfriando, rápidamente haz una Comunión espiritual”.

Santa Catalina de Siena se había comenzado a cuestionar si sus Comuniones espirituales tendrían un verdadero valor, comparándolas con la Comunión sacramental. El Señor se lo aclaró en una visión. De repente vio a Cristo sosteniendo dos cálices. Y le dijo:

“En este cáliz dorado coloco tus Comuniones sacramentales. En este cáliz plateado coloco tus Comuniones espirituales. Ambos cálices me son muy agradables”.

Acto para la comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estáis en el Santísimo Sacramento; os amo sobre todas las cosas y deseo recibiros en mi alma. Ya que ahora no puedo hacerlo sacramentalmente, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno todo a Vos. No permitáis, Señor, que vuelva jamás a abandonaros

Fórmula breve
Creo, Jesús mío, que estáis en el Santísimo Sacramento: Os amo y deseo. Venid a mi corazón. Os abrazo; no os apartéis nunca de mí

Fórmula de San Alfonso María de Ligorio
Creo, Jesús mío, que estáis realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre todas las cosas y deseo recibiros en mi alma. Pero como ahora no puedo recibiros sacramentado, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón.

Fórmula en el libro Camino Recto y Seguro para Llegar al Cielo, de S. Antonio María. Claret.

¡Oh Jesus y Señor mío!... creo firmísimamente que Vos estas realmente en el Augusto Sacramento del Altar. ¡Ay Dios mío! ¡qué feliz sería mi suerte, si pudiera recibiros en mi corazón!... Espero, Señor, que Vos vendréis a él, y le llenaréis de vuestra gracia.Os amo, mi dulcísimo Jesús... ¡Que no os haya amado siempre! ¡ojalá que nunca os hubiera ofendido ni agraviado, dulcísimo Jesús de mi corazón!... yo deseo recibiros en mi pobre corazón.

Decía S. Antonio María Claret: “Tendré una capilla fabricada en medio de mi corazón y en ella, día y noche, adoraré a Dios con un culto espiritual”.

Sta. Teresa de Jesús recomendaba: “Cuando no podáis comulgar ni oír misa, podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho”