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¿No prefieren el calor al frío?

¿No prefieren el calor al frío?

Fernando del Pino Calvo-Sotelo. fpcs.es

EXPANSIÓN, 15 de enero de 2021


Los apologistas de la nueva religión global del cambio climático andan con el semblante desencajado por este frío helador aquí y en Pekín, donde se han alcanzado temperaturas históricamente bajas [1]. Hace un año achacaron un mes de enero particularmente templado al calentamiento global, como siempre hacen. Sin embargo, cuando sufrimos una ola de frío y unas nevadas con escasos precedentes en el último siglo, repiten hasta la extenuación que el culpable es la pobre Filomena, que pasaba por ahí. Es decir, que cuando hace calor es cambio climático, pero cuando hace frío es simple meteorología. No cabe duda de que como propagandistas son insuperables.

Resulta fundamental comprender el origen y trasfondo político de la teoría del calentamiento global antrópico que, bajo su coartada apocalíptica y “pseudocientífica” (en palabras de un Premio Nobel de Física), trata en realidad de imponer una ideología empobrecedora y un poder global concentrado en muy pocas manos. Alexander King, cofundador del Club de Roma y uno de sus principales profetas, lo describió con candidez: “La democracia ya no es adecuada para las tareas que deben realizarse en el futuro (…). El problema estriba en inventar instrumentos de gobernación capaces de dominar el cambio sin violencia (…)”. King trata seguidamente de evitar suspicacias al asegurar que “una gobernación mundial no implica un gobierno mundial, sino instituciones de cooperación, coordinación y acción común entre Estados soberanos”. Como es bien sabido, coordinación es un eufemismo de dominio, como Tolkien explicó con maestría: los Estados soberanos recibirían los nueve anillos de poder de los hombres mortales, pero el Señor Oscuro (“el coordinador”) recibiría el Anillo Único, “un Anillo para gobernarlos a todos, un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas”.

Y aquí viene lo relevante: King es consciente de necesitar algo que una a todos, y lo encuentra. Lean atentamente: “En la búsqueda de un nuevo enemigo que nos una, encontramos que la idea de la amenaza de calentamiento de la Tierra (…) cumpliría adecuadamente el papel”[2]. Recordemos que cuando King publicó esto en 1991, la influencia humana en el clima se veía con cierto escepticismo (y se debatía con libertad, no como ahora). Incluso el IPCC defendía entonces que la magnitud del calentamiento observado en el siglo XX “concuerda con el margen de variabilidad natural del clima, por lo que el aumento observado podría obedecer en gran medida a esta variabilidad natural”[3]. Por tanto, es la política la que ha estimulado, financiado y precedido al supuesto “consenso” científico. Así, el impulso de la teoría del calentamiento global antrópico no ha provenido de las universidades y laboratorios sino del centro de poder político mundial (la ONU), y tiene rasgos que apuntan al totalitarismo más que a la ciencia: el abuso de la propaganda, el aplastamiento de la libertad de opinión y la intimidación y persecución del disidente. La mentira, recuerden, sólo puede imponerse mediante la violencia.

El clima de nuestro planeta lleva variando de forma natural desde el albor de los tiempos con glaciaciones y calentamientos sucesivos, y es un sistema complejo, no lineal y caótico cuyo carácter multifactorial (incluyendo el factor humano) excede con mucho el nivel de conocimiento actual de la ciencia. Prueba de ello es que desde hace 30 años la realidad refuta tercamente las predicciones catastrofistas provenientes de modelos matemáticos: el Ártico sigue teniendo hielo, los mares no han engullido a nadie y la población de osos polares aumenta alegremente.

Tenemos mediciones por satélite fiables desde hace sólo cuarenta años que indican que el ritmo de calentamiento terrestre desde entonces, tras tres décadas de ligero enfriamiento (a pesar del aumento de la industrialización y del CO2), es de 0,14°C por década[4], o sea, poco más de una centésima de grado por año. Comprenderán ustedes que es absolutamente imposible notar un calentamiento de esta magnitud ni honesto, por tanto, achacar la evolución de temperaturas locales al clima del planeta. El motivo de estas temperaturas bajas, que comenzaron antes de la llegada de la tormenta Filomena (causante de la nevada), es meteorológico y quizá esté relacionado con el fenómeno de La Niña (tras el caluroso Niño del año pasado, de signo contrario). Como ocurre con otros fenómenos naturales como las erupciones volcánicas, esta sucesión cíclica (que no periódica) de calentamiento y enfriamiento del Pacífico ecuatorial llamada ENSO, documentada al menos desde 1888, influye temporalmente sobre las temperaturas del planeta de forma mucho más acentuada que la suave tendencia de las últimas décadas.

La única certeza que tenemos sobre la teoría del calentamiento global antrópico es que entusiasma a los yonquis del poder, atrae como la miel a las moscas a los anticapitalistas huérfanos de referencias y da de comer a mucho charlatán. En efecto, autodenominados “expertos” han encontrado un filón y encuentran mucho más lucrativo defender la consigna de moda premiada por políticos, revistas y organizaciones supranacionales, ser invitados a dar conferencias y escribir artículos, que dar aburridas clases en la facultad o encerrarse en un oscuro laboratorio.

Algunos exhiben una titulación universitaria de alguna carrera de ciencias ajena por completo a la Física o a cuestiones climáticas (los biólogos, caladero tradicional del ecologismo radical y del izquierdismo más recalcitrante, son particularmente conocidos por este intrusismo activista). Los identificarán por el estilo de sus conferencias, de escaso rigor científico, donde es frecuente la utilización estaliniana de la palabra “negacionista” (para marcar al disidente) y “consenso” (para intimidar al incauto), y en las que abundan eslóganes panfletarios y montajes fotográficos de desastres naturales que ligan engañosamente al calentamiento global a pesar de que los fenómenos meteorológicos extremos no hayan aumentado en absoluto en las últimas décadas, como reconoce el propio IPCC de la ONU: “Los datos indican que no hay una tendencia significativa de la frecuencia de huracanes en el último siglo (…); sigue sin haber evidencia respecto al signo o frecuencia de la tendencia de inundaciones a escala global” o respecto a las sequías (“algunas regiones han experimentado sequías más intensas o duraderas, pero en otras las sequías han sido menos intensas o han durado menos”)[5]. Lo que sí existe es un huracán de falsedades, una inundación de intereses espurios y caraduras y una sequía de pensamiento crítico.

Como hemos podido comprobar estos días heladores, sería mucho más temible un enfriamiento global, una nueva Pequeña Edad de Hielo que arruinara cosechas y causase muertes por hambrunas y enfermedades (el frío mata 17 veces más personas que el calor) que un ligero aumento de temperaturas cuya causa real (y duración futura) ignoramos. Yo prefiero el calor. ¿Y usted?

Notas:

[1] Coldest December in Beijing casts shadow over epidemic control – Global Times

[2] Alexander King, La Primera Revolución Mundial p. 118-121 (Plaza & Janés 1991)

[3] ipcc_90_92_assessments_far_full_report_sp.pdf p.6

[4] Latest Global Temps «Roy Spencer, PhD (drroyspencer.com)

[5] ipcc.ch/…s/2018/02/WG1AR5_all_final.pdf Cap. 2,6 p. 214-220