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Perspectivas sobre las elecciones italianas

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Por The Catholic Thing | 01 octubre, 2022

Por Roberto de Mattei

Los resultados de las recientes elecciones confirman que Italia es un país básicamente conservador, con sus raíces en la derecha, a pesar de los repetidos intentos de la izquierda por hacerse con el control del gobierno sobrepasando los resultados en las urnas. La única ganadora fue la líder de la coalición de centro-derecha, Giorgia Meloni, y el principal perdedor fue el líder del bloque de izquierdas, Enrico Letta.

La victoria de la centro-derecha fue de proporciones históricas, con 235 diputados de 400 y al menos 112 senadores de 200 que ganaron sus carreras. Pero faltó el ambiente de triunfalismo que había caracterizado las anteriores victorias de la derecha en 1994, 2001 y 2008. ¿Fue una estrategia política de Giorgia Meloni, que quería presentarse de forma sobria para tranquilizar a los mercados internacionales?

Puede que fuera eso también, pero fue sobre todo la conciencia, tanto en la cúpula como en la base de la centro-derecha, de una situación preocupante para nuestro país, que se enfrenta a una grave crisis económica en los próximos meses, con el telón de fondo de un contexto internacional tormentoso.

Desde su victoria, Giorgia Meloni ha mantenido contactos informales con el presidente Sergio Mattarella y con el primer ministro Mario Draghi, que le entregará las riendas políticas y económicas del anterior gobierno. Draghi ha sido presentado a menudo como la encarnación de los intereses financieros internacionales, y ciertamente lo es. Pero más que como la ideología de las grandes potencias, el «draghismo» es en realidad una forma de neopragmatismo.

Giorgia Meloni sabe perfectamente la influencia que tuvo la presión internacional en el fin del gobierno de Berlusconi en 2011 y en el del gobierno de la Lega-Cinque Stelle en 2018. Y también entiende que, si la Unión Europea es una entidad más bien débil, aunque molesta, Estados Unidos sigue siendo, con China, la primera potencia mundial. En este sentido, los observadores que la ven como una «atlantista» más que como una europeísta están en lo cierto; y le resultaría difícil romper con esta postura.

La primera ministra francesa, Elisabeth Borne, tras la victoria de Giorgia Meloni, declaró que Francia estará «atenta» al «respeto» del derecho al aborto en Italia, reavivando una polémica totalmente interesada sobre las posiciones antiabortistas de la líder de los Hermanos de Italia. El aborto no es un derecho humano fundamental, sino un crimen contra el que se están volviendo millones de hombres y mujeres en todo el mundo, como han demostrado los hechos en las elecciones.

El símbolo más notable de ese cambio en las recientes elecciones tuvo lugar en el amplio distrito senatorial de Roma 1, un bastión de la izquierda, donde -después de 46 años en el parlamento- la ícono proabortista Emma Bonino fue derrotada por una candidata de los Hermanos de Italia, Lavinia Mennuni, que definió como prioridad de su plataforma «la protección del no nacido desde el momento de la concepción». La derrota de Emma Bonino -que fue escandalosamente elogiada por el Papa Francisco en 2016 como una de las «grandes olvidadas» de Italia- demuestra que la cultura de la muerte puede ser derrotada.

El aborto, y el asesinato sistemático de Occidente, siempre han formado parte de la plataforma de la izquierda, desde el que puede considerarse como su primer manifiesto político, Franceses: un esfuerzo más, del «ciudadano» Donatien-Alphonse-François de Sade (1740-1814), secretario de la infame jacobina Section des Piques durante la Revolución Francesa. Pero si a principios del siglo XX un líder político de izquierdas hubiera incluido el aborto entre sus promesas de campaña, su carrera habría terminado inmediatamente.

Esto demuestra hasta qué punto ha avanzado el proceso de secularización de la sociedad y cómo el camino a seguir hoy en día no es el de establecer un partido político antiabortista, sino el de actuar sobre la opinión pública, como se ha hecho en Estados Unidos, cuyo resultado ha sido la anulación del caso Roe vs Wade.

Los resultados de las elecciones italianas también confirmaron que es inútil albergar la ilusión de crear un partido «antisistema» dentro del sistema. Algunos activistas esperaban un aumento de los partidos «antivacunas» y «pro-Putin», pero ninguno de ellos logró alcanzar el umbral del 3% necesario para entrar en el Parlamento. Se ha argumentado que los resultados habrían sido diferentes si estos partidos hubieran unido sus fuerzas, superando sus diferencias personales. Pero una galaxia de partidos, cada uno nacido en oposición a algo, sin ninguna cohesión intelectual que los respalde, está inevitablemente destinada a la fragmentación.

Sin embargo, las diatribas internas del mundo «antisistema» tienen poca importancia. La batalla de los próximos meses se desarrollará sobre todo en el ámbito internacional, donde se ciernen en el horizonte nubes cada vez más oscuras.

Las elecciones italianas coincidieron con los referendos ilegales celebrados en los territorios de Ucrania ocupados por los rusos, mientras que el 27 de septiembre llegaron noticias de explosiones y fugas de gas del Nord Stream en el Mar Báltico, casi con toda seguridad tras actos de sabotaje.

En estas circunstancias, Giorgia Meloni está llamada a ser una de las voces del Occidente que no se rinde: no el Occidente de los pseudo derechos civiles, sino el que defiende las raíces cristianas de una civilización amenazada.

En el partido internacional que se disputa entre Washington, por un lado, y Moscú y Pekín, por otro, los acontecimientos suelen escapar al control de quienes los inician, como ocurrió en la Revolución Francesa y en las dos guerras mundiales. Pero pase lo que pase, sabemos que nada escapa a Aquel que ordena y regula todos los acontecimientos, desde la eternidad: La Divina Providencia, que es el único director y poder mayor de la historia.

Acerca del autor:

Roberto de Mattei, un distinguido historiador italiano, es el autor de Saint Pius V: The Legendary Pope Who Excommunicated Queen Elizabeth, Standardized the Mass, and Defeated the Ottoman Empire (Sophia Institute, 2021).

*The Holy Trinity by Masaccio (Tommaso di Ser Giovanni di Simone), c. 1426-28 [Santa Maria Novella, Florence, Italy]