ABORTO e HIPOCRESÍA: Derecho a matar, pero no a ser agredido
Por José Arturo Quarracino, 28 de enero de 2021
En anteriores artículos hemos mostrado el carácter esquizofrénico del pensamiento pro-aborto, en tanto y en cuanto reivindica como derecho el asesinato del propio hijo antes de que nazca, pero al mismo tiempo reconociendo que el aborto es un crimen.
Prueba evidente de ello es la reciente legalización del aborto en Argentina, que afirma explícitamente los dos rasgos de la eliminación prenatal, por un lado, como derecho (artículo 4, Ley 27.610/20) y, por otro lado, como delito punible (artículos 14, 16, 17 y 18).
Pero en la práctica, al reivindicar el ejercicio del “derecho a matar al hijo prenatal”, se revela el carácter hipócrita del mismo pensamiento a favor del aborto procurado, en cuanto al uso de la violencia. Porque en esencia la actitud pro-aborto justifica total y absolutamente el asesinato intrauterino, pero al mismo tiempo condena que se ejerza violencia de menor intensidad, sin llegar a matar, contra la que considera que matar al propio hijo es un derecho. “Matar es mi derecho, pero que me agredan es un crimen”. Suena bastante hipócrita.
Un ejemplo paradigmático de esta conducta hipócrita se dio en la ciudad de Mar del Plata (Argentina), según una crónica presentada el 26 de enero por la periodista Luciana Acosta en el sitio web 0223.com.ar, en una nota titulada “Llevaba un tapabocas en apoyo al aborto legal: le pegaron piñas, patadas y quisieron tirarla del colectivo”.
En sí la crónica parece describir más bien un montaje que un hecho real: docente partidaria del aborto sola en un colectivo, agresión por parte de una mujer adulta y de varios jóvenes y niños provida, golpes con patadas y puñetazos, intento de arrojarla del transporte público que la trasladaba, total pasividad de los pasajeros presentes, una intervención policial prácticamente nula, docente agredida que debe recibir atención en una clínica privada, etc.
De ninguna manera se justifica la agresión, si hubiera existido, porque las ideas se combaten con ideas superiores, no con violencia física. Pero resulta sorprendente, por lo hipócrita de la denuncia, en la que la autora de la nota y la supuesta docente agredida se sirven del contexto para hablar de los provida como “antiderechos” que pronuncian un “discurso de odio”, y que como tales representan “el odio, la división, la intolerancia”. Y además como portadores de una “cultura basada en el abuso de poder, el pensamiento totalitario y la discriminación. Cultura que reproduce el patriarcado”.
No falta nada en la representación, una auténtica puesta en escena que si fuera cierta fue realizada a “pedir de boca”, ya que no falta ningún ingrediente. La que reivindica el derecho a matar a un inocente e indefenso se considera víctima inocente atacada por un grupo de iracundos odiadores, abusadores de poder y discriminadores, en los que se refleja el patriarcado.
La docente pro-aborto justifica el asesinato de un inocente e indefenso y lo reivindica como derecho que “empodera” a la mujer, pero critica y denuncia la violencia de menor intensidad ejercida contra ella: ella tiene derecho a matar, pero nadie tiene derecho a agredirla.
Además de ser en esencia un acto criminal, en la práctica el ejercicio el aborto está profundamente impregnado de esquizofrenia e hipocresía.