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El marqués del Grillo, película de Mario Monicelli 1981, con el genial Alberto Sordi

sábado, 20 de febrero de 2021

En Roma, detrás del Foro de Trajano y apenas pasando la sede italiana de la Orden de Malta, se forma una extraña esquina de dos calles que asciende abruptamente: la via degli Ibernesi, que recorre apenas unos metros para desembocar en via Baccina, y la Salita del Grillo, es decir, la “subida del Grillo”. Su nombre no homenajea a ningún insecto sino a los marqueses del Grillo que tenían su palacio ubicado en ese lugar. Y el más famoso de ellos, Onofrio, fue retratado en una película de Mario Monicelli estrenada en 1981 y protagonizada por el genial Alberto Sordi.

El casi desconocido filme, es una magistral comedia que pinta de un modo ácido y descarnado la sociedad romana durante el pontificado de Pío VII, mientras la Urbe estaba ocupada por las tropas napoleónicas. Es una perfecta farsa que relata de modo satírico y burlesco los aspectos más groseros de las conductas de los eclesiásticos y seglares de ese ambiente, en que el hay mucho de exageración pero también mucho de verdad.

Onofrio del Grillo es un pícaro e indecente miembro de la nobleza negra y como tal de la Guardia Noble pontificia, integrada por viejos decrépitos, infradotados mentales y afeminados. Es perezoso y lujurioso. Traba estrecha amistad con los invasores franceses; durante su turno de guardia en el palacio pontificio se dedica a realizar carreras de ranas y no le importa abandonar su puesto para pescar in fraganti a una de sus amantes en un momento de infidelidad. Su madre, la anciana marquesa, profundamente católica y fiel al Pontífice, no repara en mandar a la guillotina a un pobre carbonero para salvar a su hijo de una de sus trastadas. En fin, Monicelli se encarga de mostrar a través de una comedia que la Iglesia católica, su doctrina, su moral y su jerarquía son solamente una farsa, un modo de pasar la vida con cierta comodidad de acuerdo a los vericuetos psicológicos de cada uno. Los dogmas y principios se adaptan según lo requieran las circunstancias o lo paguen los dineros y, en última instancia, la fe conservada y transmitida por la Iglesia no es más que una ficción creada para el consumo de una multitud a fin de que goce una minoría, a tal punto que en la película tiene más mérito y cosecha más simpatías un cura apóstata y asesino, convertido en salteador de caminos, que el mismo Pío VII.

Volví a ver la película hace unos pocos días y no pude dejar de pensar en el Papa Francisco quien pareciera que no es más que el reflejo del marqués del Grillo, sin la maestría ni la gracia de Sordi. Pícaro como Onofrio, su trabajo durante estos casi ocho años de pontificado ha sido convertir a la Iglesia en una farsa a los ojos del mundo, y de los mismos fieles. En un cruel canibalismo institucional, se ha gozado en exponer los defectos de la Iglesia de Cristo y criticarlos con sorna e imágenes peyorativas; se ha aliado con sus enemigos y hecho causa común con ellos; se ha burlado incluso de las prácticas de piedad más tradicionales (basta recordar que llamó semipelagianos a un grupo de fieles que le habían ofrecido miles de rosarios por sus intenciones); se resiste a usar las vestimentas propias de su figura, a las que considera propias de un carnaval y provoca el espanto y burla de propios y ajenos en su diarias intervenciones públicas, en las que deja ver su indigencia teológica.

En los últimos días, sin embargo, su similitud con el marqués del Grillo alcanzó un nuevo pico. En un mensaje al director de la FAO sobre las importancia de las legumbres, afirmó que: “Las legumbres son un alimento noble con enorme potencial para reforzar la seguridad alimentaria a nivel mundial. Carecen de soberbia y no reflejan lujo, al tiempo que constituyen un componente esencial de las dietas saludables. Se trata de alimentos simples y nutritivos que superan barreras geográficas, pertenencias sociales y culturas. Lentejas, porotos, arvejas o garbanzos se pueden encontrar en las mesas de muchas familias, ya que logran satisfacer variadas necesidades proteicas en nuestras dietas diarias. […] seamos vigorosos y resilientes como las legumbres y nos unamos para acabar, de una vez por todas, con el hambre”.
¿Alguien puede negar la desvergüenza de este hombre? ¿A quién se le ocurre atribuir virtudes morales como la humildad, la fortaleza y la “resiliencia” a los porotos”? Como bien acotaba Specola, agradezcamos que al Romano Pontífice no se le ocurrió hacer referencia a los efectos secundarios de frijoles y garbanzos tales como trastornos digestivos, excesos de gases, flatulencias humillantes , dolores y retortijones.
El proclamadamente ateo Mario Monicelli utilizó al marqués del Grillo como vehículo para satirizar a la Iglesia a través de una película que pasó sin pena ni gloria. No sabemos quién esta utilizando a Bergoglio como vehículo para satirizar nuevamente a Iglesia, esta vez en su realidad más cruda.
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