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LITURGIA SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

LITURGIA
SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B.

1.- Aquí estoy, vengo porque me has llamado. Habla, Señor, que tu siervo escucha.
2.- No quieres sacrificios ni ofrendas. Aquí estoy, como está escrito en mi libro, para hacer tu voluntad.
3.- ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él. Huid de la fornicación. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? ¡Glorificad a Dios en vuestro cuerpo!
4.- Presentación y epifanía, manifestación: “Este es el Cordero de Dios”. “Venid y veréis”. Hemos encontrado al Mesías.
5.- Después de una lectura atenta, fiel y obediente, escuchando en el interior de la comunidad y con verdadera comunión del Espíritu, recibimos todos los frutos que trae consigo la Palabra, la Presencia del Cordero que quita el pecado del mundo, y se presenta delante de nosotros por boca de Juan el Bautista. Oír y seguirle, buscando y escuchando, viendo dónde vive y quedándose con él aquel día, sobre las cuatro de la tarde.
El gozo de anunciar: “Hemos encontrado al Mesías”. Decir a la Comunidad, al “grupo de creyentes”: hemos encontrado al Mesías, y nos quedamos a vivir con él. Estáis todos “invitados a este convivencia”.
¿Cómo dicen otros que no existe, que es opio, que no es verdad? ¿Cómo dicen otros que es uno mismo la realidad, el bien, la felicidad, la plenitud del ser y del deseo, el colmo de toda esperanza? ¿Quién se llena a sí mismo de todo amor y esperanza? ¿Quién cierra todas las heridas del amor y del deseo, quién es dios de sí mismo y por sí mismo y para sí mismo? ¡Oh trascendencia necesaria!
Si en frases y versos, en momentos de gran inspiración y locura han negado a Dios, han blasfemado contra su existencia y la aborrecieron, si el ser humano se ha llenado de vacío completo por sí mismo, por la nada, por la perversión de la mente, por el odio, por el atisbo de poder, y ha llegado a negar toda existencia de Dios Verdad, Cristo Hombre, Espíritu Santo verdad y vida, y se ha afirmado a sí mismo como roca y piedra angular, debe despertar de su mente abarrotada de humo, y dejarse quemar por la verdad y vida que abunda dentro de sí mismo, que ha sido puesta en llama y llamada por el mismo Dios Amor.
Dios no está contra el hombre o la mujer, contra nadie. Dios está a favor de todos. Es el ser humano quien se ha puesto a luchar y despreciar a Dios Fiel y Misericordioso. Es Goliat quien llama a David “perro” en todo despreciativo.
Si tú no has encontrado nada, a nadie, y niegas; si tú no has percibido nada ni a nadie, y niegas…Yo puedo, en la unidad de la Historia de la Iglesia, de los Mártires, de Cristo y santa María, afirmar: “Hemos encontrado al Mesías”.
¿No es el escrito de san Juan de la Cruz una afirmación del encuentro con Dios? ¿No es la vida de san Francisco de Asís una sencilla palabra y respuesta del encuentro con el Leproso, con el Crucificado, con el Niño Jesús, con El Amor que no es amado?
Si tú afirmas que no hay Dios, que no hay nada fuera de ti mismo, de tu vida y mundo aparente, fuera de tu experiencia de vacío pleno y satisfacción física y mental… Yo, con la misma potencia y fuerza, puedo asegurar que si no hubiese Dios en nuestra existencia, la nada recubriría todo aspecto humano y cultural, el sinsentido más agravante, la frustración más vital y plena. Estaríamos a las puertas del infierno, de la condenación, del desprecio vil de todos y de todo, la náusea, el vómito.
Vuelvo a los profetas, a los Apóstoles, a los escritos de los Padres de la iglesia, de los místicos, de los buscadores en sinceridad de vida y plegaria, y siento el aliento caliente, el vaho fuerte de la respiración por una esperanza, caridad y justicia. En el fondo, hay una afirmación: Hemos encontrado al Mesías, al Cristo.
No es confirmación de sospechas, sino razón y viviente experiencia de una vida que se ha mezclado con nuestra vida, una Persona que se ha unido, ¡oh bondad y misterio! con nuestra persona humana.
No es desaparición, apropiación, sino Amor Total que deja toda la riqueza de todos en la Unidad del Espíritu, y ahí viene el Amor hacia todos, la esperanza infinita y la salvación futura que Ya Ha Comenzado, en su misma presencia y visita.
Nos quedamos contigo, después de haber visto en unos pozos y otros, en todos los lugares. Hemos llegado y visto. No hay Dios fuera de ti, no hay Pozo más hondo y lleno que Tú, Señor Jesús, aunque tus aguas no se vean sobre la superficie y sean cubiertas de hierbas de colores o muy secas.
6.- ¿Cómo no querer a los buscadores, a quienes preguntan y en su persona dialogan abiertamente con la Verdad?
7.- Oímos tu Palabra y te seguimos. Nos quedaremos por siempre a vivir contigo, en tu Casa y Voluntad, a la Escucha y Obediencia.

Fr. Victorino, franciscano