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Lex orandi y proselitismo

Lex orandi y proselitismo

Bruno, el 3.12.19 a las 8:31 PM

Ya hemos hablado algunas veces del famoso proselitismo, que parece ser la suma de todo mal sin mezcla de bien alguno. Como nadie termina de explicarlo con claridad, quizá sea bueno que nos acojamos para evitarlo a una guía segura de la fe católica: la lex orandi, la liturgia que plasma y transmite la Tradición de la Iglesia. Hoy, de hecho, celebramos la memoria de San Francisco Javier, patrono de las misiones, así que podríamos rezar su oración colecta, para entender mejor lo que la Iglesia entiende por evangelización:

Señor, Dios nuestro, que quisiste que numerosos pueblos llegaran a conocerte por medio de la predicación de san Francisco Javier, concede a todos los bautizados un gran celo por la propagación de la fe, para que así tu Iglesia pueda alegrarse de ver aumentados sus hijos en todo el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

No hace falta comentar mucho, solo enumerar: 1) predicación a los que no conocen a Cristo, 2) celo por la propagación de la fe, 3) alegría por ver aumentados los hijos de la Iglesia. Nada de eso debe considerarse “proselitismo” en el mal sentido de la palabra y sí proselitismo bueno o evangelización.

Que San Francisco Javier interceda por nosotros, para que cunda en la Iglesia su amor a Cristo y su espíritu misionero, sustituidos hoy en tantos lugares por el diálogo políticamente correcto, el relativismo o el sincretismo. Dios nos conceda hablar de su Hijo Jesucristo a tiempo y a destiempo, sin avergonzarnos de su Evangelio.

Como decía el personaje de San Francisco Javier en El Divino Impaciente, el bello poema de Pemán:

No os contentéis con sermones
de iglesia a puerta cerrada.

Andad en conversaciones
en mercados y mesones
sin miedo a nadie ni a nada.

Cristo vivió en un establo:
y yo por Él bebo y hablo
y hasta juego al ajedrez…
¡que, jugando, alguna vez
le gané un alma al diablo!
Todo es, por Cristo, oportuno:
y si yo creyera un día
que, bailando yo podía
salvar el alma de alguno…
¡yo os juro que bailaría!
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