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Conservadurismo neomodernista

Conservadurismo neomodernista

Alonso Gracián, el 25.01.20 a las 4:21 PM

60.- La revolución en conserva.— El pensamiento neomodernista pretende el orden, pero también el desorden. Por eso es moderadamente conservador y moderadamente revolucionario.

Pretende guardar el espíritu burgués revolucionario pero desechando su progresismo radical. Reaccionando contra sus excesos pero asintiendo a su numen, como si el mal del nuevo orden fuera accidente y no sustancia. Por eso quiere conservarlo sin desmadrarlo, como si fuera posible el bien y el mal al mismo tiempo.

Condena los modos pero no el carácter de la revolución, a la cual idealiza. Condena sus conclusiones pero no sus premisas.

61.- La autoridad neomodernista.— No es que ejerza la autoridad en clave absolutamente liberal; es que la detenta cual vía media: absolutizando la obediencia y relativizando la autoridad. En la mentalidad neomodernista, la autoridad debe ser obedecida por el sólo hecho de ser legal.

Quien manda, en cambio, no quiere mandar sino apelando al pueblo, de cuyo sentir se considera vocero. Pero sólo moderadamente, para evitar el descontrol. Aquí entran en juego los especialistas, los verdaderos educadores y adoctrinadores del pueblo, que permiten al que manda mandar sin mandar, sin que parezca absolutista o totalitario, pero siéndolo. La teología es sustituida por la sociología transcendental, siendo sus neoteólogos los verdaderos gobernantes en la sombra.

62.- La Soberanía compartida.— La mentalidad neomodernista, de esta forma, entiende la soberanía como una entidad bifronte, a dos manos, a la limón entre la autoridad y el pueblo. No cabe, por tanto, distinción real entre gobernante y gobernado, entre la Iglesia docente y la Iglesia discente, todos enseñan, todos aprenden, todos tienen autoridad, todos han de obedecerse unos a otros, y a eso se le llama comunión.

63.- La auténtica soberanía católica y tradicional.— Frente a este concepto viciado de soberanía, propia del conservadurismo liberal, la doctrina tradicional católica enseña que el Padre delega en Cristo la soberanía mediata de toda nación. Toda soberanía inmediata es delegada de la única soberanía de Cristo, medio por el cual todo gobernante es soberano inmediato por delegación. Toda humana potestad debe ser delegación de la única potestad de Cristo, fuera del cual no hay bien alguno. El único Soberano es Dios. Toda soberanía humana es por delegación suya. No se puede respetar el orden sin honrar la única soberanía de Nuestro Señor. No se puede alcanzar el bien social y político rechando la mediación del único Soberano que es bueno, Nuestro Señor Jesucristo.

64.- La doctrina de la libertad religiosa, en realidad, supone la desvinculación de la soberanía humana de la única Soberanía, y por tanto la autarquía. La difusión de tal doctrina ha producido en el alma de millones de católicos la desaparición de la tradición de la res publica christiana, descristianizando de facto su concepción de la Iglesia, de la sociedad y de la política. Muchos católicos postulan, no sin buena intención, la concepción liberal de la neutralidad de la política, creyendo que es católico separar a Dios de lo público y confinarlo a lo privado.

65.- La tesis neomodernista de la supuesta bondad de la neutralidad religiosa y moral del Estado liberal, para el catolicismo actual en general, es tesis católica. Pero no lo es. Ni el Estado moderno puede ser ni será nunca religiosa y moralmente neutral, antes bien será siempre contrario a la religión rectamente entendida. Ni esta falsa ilusión puede formar parte de la mente cristiana sin grave daño. No se puede conservar la autarquía y la soberanía de Cristo al mismo tiempo. El neomodernista defiende la neutralidad del Estado para conservar la Revolución. Pero para evitar el desorden revolucionario propuga una religión y una moral privadas, que sirvan para sustentar cierto orden público.

La ilusión de un Estado política y moralmente neutral es una ilusión conservadora. Es la tesis del liberalismo conservador del nuevo orden, que pretende el punto medio entre el desorden y la libertad, que propugna una tercera vía para la Revolución, a medio camino entre el caos y el orden, siempre en una encrucijada suspendida entre Cristo y el Leviatán.

La gran ilusión conservadora es que el gran monstruo del Maelstrom pueda domesticarse. La gran ingenuidad conservadora, prodigio de pelagianismo y de irresponsabilidad, es que el Leviatán liberal, a cambio de ocupar el ámbito jurídico y civil, sea respetuoso con las leyes morales y divinas.

Para ello, el neomodernista entregará las leyes, la comunidad política y la vida pública al Leviatán, y a cambio reclamará respeto para su religión privada. Pero olvida, en su temeridad, que el monstruo moderno quiere devorarlo todo, y no se conformará con menos que el alma.

David Glez. Alonso Gracián

La Iglesia en el Maelstrom, I: Contracorriente , II: Sol faciado, III: Apego insensato, IV: Cruz en el Maelstrom, V: Contra las aguas corruptas, VI: Desde lo alto siemprewww.infocatolica.com/blog/mirada.php/1909280657-384a, VIII: Injerto y mutación, IX: Traición y afán de novedades, X: Misteriosismo y verdad sin doctrina

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