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Hablemos de sexo y lo que sentimos (y ocultamos) las mujeres

Hace unos días una buena amiga me hizo llegar este artículo (recomiendo leerlo más de una vez), que por muchas razones se quedó dando vueltas en mi mente y en mi corazón. Hoy por fin he podido ordenar un poco mis pensamientos y reflexiones sobre este tema del que creo que aún poco se habla.

El artículo está en inglés, lleva como título Let´s talk about sex and what we keep hush hush (Hablemos de sexo y lo que mantenemos oculto). Es un artículo escrito anónimamente (me puedo imaginar el por qué) que habla un poco sobre la doble vida (sé que suena duro) que llevan algunas (muchas) chicas católicas por miedo al qué dirán y por miedo a sus propias sensaciones y deseos.

Al ver el anterior párrafo de alguna manera suena inquisitorio: chicas, doble vida, deseos. Creo que es importante mantener estos términos no con la intención de juzgar sino con la de exponer lo que pasa cuando la religión se vuelve una postura y no una relación vivida con Dios.

El artículo habla sobre chicas católicas, solteras (no es que las casadas nos libremos de esto) que ocultan para sí mismas y se llenan de culpa y vergüenza por las tentaciones de la carne a las que muchas veces ceden: masturbación, pornografía, relaciones sexuales antes del matrimonio.

Es tal el grado de desagrado que sienten con ellas mismas y el peso de sentirse juzgadas, que si es que se lo confiesan a alguien sería a un sacerdote, cosa que lamentablemente es poco frecuente.

Llevan una carga tan fuerte sobre los hombros, que las termina por conducir a una doble vida porque pareciera que no queda otra salida. Es decir, a los ojos de la comunidad católica a la que pertenecen aparentan pureza, incluso son partícipes de iniciativas sobre el tema, pero tras bambalinas la historia es distinta.

1. Una carga demasiado pesada

Llevar esto a cuestas resulta siendo una carga muy pesada a todo nivel, espiritual, psicológico y social. Creo que sucede esto en primer lugar por el tabú que nosotros mismos como cristianos aún tenemos sobre el sexo. No terminamos de entender cómo algo tan hermoso y placentero puede resultar una bendición en un momento y en otro algo tan nocivo y esclavizante que nos puede llegar incluso a impedir vivir la vida en toda su plenitud.

No vamos a entrar a tratar de desenredar ese misterio en este post, lo que vamos a tratar de hacer es proporcionar algunas reflexiones que nos puedan ayudar a ser más auténticas en nuestra vida. Aceptar con mayor naturalidad las reacciones de nuestros cuerpos y ser humildes en reconocer esas fragilidades que no tienen algunas, sino todas, porque todas compartimos la misma naturaleza.

2. Tan solo somos humanas

Somos mujeres, a las que el creador les ha dado la encomienda y el gran regalo de llevar en el vientre otra vida. No somos seres espirituales asexuados. Vivimos un ciclo reproductivo que necesitamos conocer y reconocer para entender mejor quiénes somos, cómo varían nuestras emociones y también nuestros deseos.

Necesitamos entender que las relaciones sexuales producen placer, un placer hermoso y que no hay nada de malo con saber y reconocer esto. Como todo lo que produce placer, es atractivo, se puede desordenar y eso no te hace ni más ni menos que nadie. Saber que puedes confiarle esto a un sacerdote en confesión y que de ninguna manera tienes que entrar en detalles al confesarlo porque Dios ya los conoce.

Que la única manera de combatir el desorden es de la mano de Dios, porque nuestras propias fuerzas son escasas. No se trata de nunca tener pensamientos impuros, sino aceptarnos con naturalidad entendiendo por qué se presentan y lo que ocasionan a nuestro organismo. Entender que si se está profundamente enamorado, la naturaleza y el mismo amor generan una atracción hermosamente irresistible.

3. El sexo es hermoso, pero no es lo más hermoso

Tener relaciones sexuales con quien amas es hermoso, pero también puede ser desastroso.
Así como tener relaciones sexuales pasajeras puede ser altamente placentero, pero luego las consecuencias de esos actos pueden ser altamente perjudiciales.

Puede que un par de jóvenes que se aman profundamente y que seguramente se casarán cedan a la tentación y se amen más puramente que un matrimonio en el que ambos se buscan solo por necesidad o incluso por utilizarse mutuamente. Esas intenciones radican en el corazón del hombre. Y se necesita no solo sabiduría para reconocerlas sino fortaleza y ayuda para volverse a levantar.

La sexualidad es hermosa, pero también compleja. Necesitamos entender eso, necesitamos entender nuestra propia fragilidad para con humildad aproximarnos al Señor y pedirle, mediante la intercesión de Nuestra Madre, no solamente que nos ayude a conquistar la pureza sino a tener compasión con nosotros mismos (lo que de ninguna manera significa condescendencia) y llevar esta batalla de su mano.

4. Aprende a conocerte

Para entender un poco mejor nuestras sensaciones es importante conocer nuestro cuerpo. Conocer sobre los métodos naturales de planificación familiar (te recomiendo esta conferencia sobre el tema) no solo tiene sentido para ser responsable con nuestra fecundidad y poder decidir sobre cuántos hijos podemos y queremos tener.

Es en primer lugar una herramienta para poder conocer lo que pasa en tu cuerpo. Saber que las hormonas que inundan tu torrente sanguíneo van a tener algún efecto en lo que sientes y este efecto responde a un ciclo para el que puedes prepararte. Entendiendo esto es mucho más sencillo hacerse cargo. Entender tu naturaleza de mujer y no enfrentarte a ella sin sentido es mucho más beneficioso de lo que crees a todo nivel.

5. La misericordia de Dios es real

Dios te creo mujer, te creo por sobreabundancia de amor. Entiende nuestra naturaleza frágil y su misericordia es real. Él aborrece el pecado, pero ama al pecador. Te va a amar siempre, ten la seguridad de eso. Más allá de cumplir «las reglas» empieza a construir una relación con Él.

Anda, visítalo, habla sinceramente con el Señor, aliméntate de Su cuerpo, frecuenta el sacramento de la reconciliación, mantente a su lado. En cada caída busca volver a Él, una y otra vez, confiadamente, con paciencia y humildad. No estás en esta lucha sola.

Verás, que como lo dice el artículo, la fragilidad y la tentación de la carne son frecuentes. Muchas de tus amigas seguramente pasan por esto, porque todas lo pasamos. Comparte tus experiencias y encuentra valor en las amistades verdaderas, esas que te llevan a Dios para calmar tu espíritu, y encontrar el valor para volver al camino, una y otra vez.

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