"No han entendido mucho" / CONFIDENCIAS DE JESÚS A UN SACERDOTE. Monseñor Ottavio Michelini

NO HAN ENTENDIDO MUCHO

Muchos sacerdotes y hasta algunos sucesores de mis Apóstoles no han entendido mucho de la historia de la humanidad.
Los cristianos poco o nada entienden, pero son menos responsables porque nadie ha provisto a iluminarlos.
¡Pocas son las almas de mis consagrados que poseen la visión exacta de la historia del mundo!
Toda esta historia se basa en la lucha entre Satanás y Dios. Dios es combatido por Satanás y sus legiones en sus criaturas.
Satanás sabe bien que no puede enfrentarse a Dios directamente, entonces, lo combate indirectamente en el género humano.
¿ Qué es, hijo mío, la historia del Misterio de la salvación, sobre la que los teólogos se exprimen el cerebro para encontrar, incluso en este campo, alguna novedad, y se afanan de todas las formas en complicar las verdades reveladas por Mí?
¿Qué han entendido de la simplicidad y profundidad de mi doctrina, es decir, de las Sagradas Escrituras, de mi Evangelio?
¿La historia de la Iglesia qué otra cosa es sino el áspero antagonismo entre el bien y el mal?
Te he dicho hijo, que la historia de la humanidad tiene dos puntos focales:
La creación del hombre con todos sus dones naturales, preternaturales y sobrenaturales. Es importante tener presente esto para entender la gravedad de la caída de los primeros padres. He aquí que Satanás finalmente ha encontrado el objeto sobre el cual desfogar su odio, su veneno, sus desenfrenadas y desesperadas pasiones:
— el hombre rico hecho pobre
— el hombre sabio hecho ignorante
— el hombre fuerte vuelto débil
— el hombre feliz vuelto infeliz
el hombre inmortal vuelto mortal
No pudiendo Satanás enfrentarse con Dios, ahora puede ensañarse desesperadamente sobre el hombre, sobre todo el género humano.
Cuando después vino a conocer la Encarnación de Mí, Verbo Eterno de Dios, concibió su loco plan de aniquilarme a Mí y a mi Iglesia, y de hacer nulos los frutos de la Redención.
Necio y perverso plan de guerra. Guerra tejida de innumerables batallas, sirviéndose de todo y de todos los que se prestan a su acción devastadora, a servir a su desenfrenado orgullo.
El segundo punto focal de la historia humana es la Encarnación, Pasión y Muerte de Mí, Hijo de Dios hecho hombre. Es también la pasión, muerte y resurrección de Mi Cuerpo Místico, es decir, de mi Iglesia salida de mi Corazón Misericordioso.

Historia auténtica

Esta es la auténtica historia del género humano, que se desenvuelve progresivamente, y cuya última página será escrita al fin de los tiempos.
Por lo tanto, es historia en acción, que revela de manera clara la lucha sin tregua entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, entre el amor y el odio, entre la fe y el ateísmo, entre el gozo y el dolor, entre la luz y las tinieblas.
Detrás del bien, de la luz, de la verdad, del amor está Dios; al contrario, detrás del mal está Satanás.
Ahora, hijo, con infinita amargura se ve cómo por parte de mi Iglesia, por culpa de muchos de mis pastores y sacerdotes, no se ha planeado como se debiera la defensa contra las incansables e insidiosas fuerzas del Infierno, la defensa de los valores de la Redención, y cómo no han sido preparados los medios de defensa contra los asaltos del Enemigo.
Esta es responsabilidad de los pastores y de los sacerdotes que hoy se debaten como si hubieran caído en arenas movedizas. Y aún, mientras la casa arde y el derrumbe está ocurriendo, se pierden en mil actividades improductivas, porque no encuadran la visión real de la situación.
Te confirmo que la guerra en curso desembocará en la más pavorosa batalla jamás combatida hasta ahora sobre la tierra, y que no tiene comparación sino en la batalla celeste de los Ángeles rebeldes contra los Ángeles de la luz.
Quiero que absolutamente todos sepan lo que no Yo, sino los hombres, aliados con Satanás están locamente realizando.
¡No Yo! No a Mí por tanto debe imputarse esta próxima lucha
. Yo, Justicia y Misericordia, de la maldad de otros sabré sacar una Iglesia nueva y un mundo renovado.
Sabré dar a esta Iglesia y a este mundo un largo período de paz y de justicia.
Sabré salvar de las penas del Infierno a todos aquellos que con humildad y arrepentimiento acojan a tiempo estos mensajes, testimonio de mí amor.
Te bendigo hijo mío, y contigo bendigo a todos aquellos que creerán.

23 de noviembre de l975

LAS GRANDES VERDADES


De los labios de la Sabiduría ha salido el dicho: "Meditare novissima tua et in aetenum non peccabis".
El Espíritu Santo ha querido poner ante vuestras almas cuatro grandes realidades:
Muerte – Juicio – Infierno – Paraíso.
Por tanto se muere.
La muerte es una realidad concreta, una realidad de la que, indirectamente, hacéis experiencia todos los días: un día haréis también la experiencia personal.
Sin embargo hijo, podrá parecer no cierto pero en realidad nadie se ocupa de ella; se vive más o menos alegremente, como si no se debiera morir.
¿Quién es el que conduce a los hombres, a los cristianos, a los sacerdotes, a olvidar lo dicho por el Espíritu Santo, aquello de reflexionar sobre la muerte, la mordaza de la que ninguno podrá escapar?
¡Es Satanás! Siempre él, que cerca al alma humana con sus astucias y seducciones, con sus mentiras: Sicut leo rugiens quarens quem devoret.[24]
Se os ha puesto en guardia.
Se os ha dicho que ruge, pero no os puede morder si no en el caso de que vosotros os expongáis voluntariamente a sus pasadas.
Sobre este tema disponéis de mucha luz. Las Sagradas Escrituras, las vidas de los Santos y de los Mártires, y toda una historia de luchas tremendas entre el hombre y el Príncipe de las tinieblas. Recordad al Angel de Tobías que libera a Sara, y otros miles de episodios.

El Ángel custodio

En esta lucha, al lado del hombre, al que Yo no he querido solo, porque de otro modo la lucha habría sido desigual, he puesto un Ángel mío, un Ángel siempre preparado para intervenir en cualquier momento que es requerido.
Por desgracia la incredulidad hace, sí, que pocos recurran a él.
¡Cuántas veces mis Ángeles, vuestros custodios están obligados a la pasividad casi absoluta por la incredulidad de los hombres! ¡Cuántas veces se ven obligados a retirarse para no asistir a la destrucción que el hombre hace de si mismo!
¡Pobre hombre que vas andando a tientas en las tinieblas, cuando Yo te he trazado un camino de luz!...
¿Medios de defensa? ¡Pero si son tantos!
Están los Sacramentos, los Sacramentales, la oración. Pero ningún medio es útil cuando el alma está en la oscuridad, y hoy muchísimas almas están en la más profunda oscuridad. La falta de fe lleva tinieblas a las almas.

Si no hacéis penitencia

La crisis de fe más grande, desde la creación del hombre hasta hoy, es la actual.
Una formalista costumbre de vida cristiana hace ilusionar a muchos de estar en el camino justo. Algunos sacerdotes creen estar en el camino justo como lo creían los sacerdotes, los escribas y los fariseos en los tiempos en los que Yo estuve en la tierra en mi visible Humanidad.
En todos los tiempos y en todos los lugares la lucha entre el bien y el mal lleva el mismo sello inmutable.
Si la humanidad atea de hoy no se pone en pie y no procura sacudirse el polvo y el humo que le nubla el alma perecerá en gran parte.
No serán los sarcasmos ni las ironías de los pseudo-teólogos y de los sacerdotes insensatos y soberbios, no serán las artes de los manipuladores de corrupción en todos los sectores de la vida privada y pública, lo que evite la ruina que el hombre neciamente esta provocando.
Di fuerte que el tiempo está contado, grítalo fuerte como Jonás: "Si no hacéis penitencia pereceréis".
Dilo fuerte que de Dios no se puede reír impunemente.
Grítalo fuerte que la hora de las tinieblas no es querida por Dios sino por los hombres mismos.
Grítalo fuerte que mi Madre ha hecho mucho para alejar del mundo la catástrofe.
Recuérdales a todos: Lourdes, Fátima y miles de intervenciones muchas veces sofocadas precisamente por obra de aquellos cuya tarea era la de juzgar con mayor objetividad y menor respeto humano. Han tenido miedo del juicio del mundo...
Aquí está su culpa: no la verdad, sino a sí mismos han puesto delante. Y ahora hablan sólo de la Misericordia de Dios y no de sus responsabilidades.
¿También al pronunciarse sobre estos mensajes otra vez más será rechazada la luz?...
Yo los quiero a todos salvos, pero ellos oponen resistencia. Aman la oscuridad. En las tinieblas perecerán.
Tú no temas; continúa siéndome fiel. Estás en Mi Corazón y aquí nadie te podrá tocar, ni siquiera rozar.
Te bendigo, hijo mío; ámame y camina derecho ante Mí. Soy el Camino que muchos se niegan a transitar.

24 de noviembre de 1975

LA VOLUNTAD DE DIOS


Hijo, escribe cómo quiero Yo a mis obispos, a mis sacerdotes y a mis fieles.
Si los de esta generación no aceptan la transformación de su vida que desde hace tiempo y con tanta insistencia he pedido, entonces me proveeré Yo a la necesaria reforma de vida.

A Mí los medios no me faltan; si no se proveen ellos a conformarse a la voluntad divina, proveeré Yo a fin de que el divino querer sea cumplido.
Os maravilláis, al leer en la Biblia de la dureza de corazón de los sacerdotes y de los doctos del pueblo de Israel; pero vosotros no lo sois menos que ellos. ¿Tardos y duros de corazón qué esperáis todavía? ¿No os han bastado los signos que os fueron dados?
Yo quiero a mi Iglesia hecha nueva, purificada de la suciedad de la que está actualmente invadida.
No os engañéis. Os repito que soy el Dios de la Misericordia, pero, de mi Misericordia ¿qué habéis hecho? ¿Por qué no queréis entender que en Mí, Misericordia y Justicia son la misma cosa?
No tenéis el poder de destruir mi Justicia, como tampoco el poder de destruir el Infierno del que ya no queréis oír hablar.
¿Acaso dejo Yo de ser la Misericordia cuando, por Justicia soy obligado a excluir de la Casa de mi Padre a los réprobos, a los impenitentes? ¿Y qué Juez sería Yo si diera el mismo veredicto a los buenos y a los malos?
Entonces, anulada la justicia, según vuestro pecaminoso modo de razonar, se debería anular también el Juicio, tanto particular como universal, y se debería también admitir que la vida terrena no es tierra de exilio, ni tiempo de prueba y las cosas deberían continuar así como están, No habría tampoco la separación del trigo bueno de la cizaña, ni de los réprobos de los justos. Mis enseñanzas estarían infectadas de errores...

La voluntad de Dios

No, hijo mío, Yo no puedo errar. Os habéis dado tal modelo de vida que contrasta con mi doctrina y con mis ejemplos.
Yo soy el Camino. El que quiera venir detrás de Mi, obispos, sacerdotes, fieles, deben seguirme.
En un anterior mensaje "El camino” se dice claramente: "Yo he iniciado con la humildad, con la pobreza, con la obediencia a mi Padre, usque ad mortem”[25]
"Yo me he adaptado a la divina voluntad del Padre, pero ¿quién trata hoy de cumplir la voluntad de Dios?
Ni siquiera se trata de conocerla.
¿Cómo pues deben ser mis pastores, mis sacerdotes y mis fieles? ¿Pero hay algo más limpio y más claro en mi Evangelio? Sin embargo no ven, oscurecidos por la soberbia o por una y la otra de las dos concupiscencias.
Vengo a la luz de esta vida terrena; mis Ángeles no van a comunicarlo a los poderosos y a los ricos de la tierra, sino a los pastores, gente humilde y casta, gente justa y honesta.
Los pastores vienen a ofrecerme su saludo, a darme su amor.
Nacido en acto de infinita humildad, alrededor mío he querido a los simples, a los humildes y a los puros de corazón. Así quiero a mis obispos, a mis sacerdotes, a mis fieles, y así serán en la Iglesia purificada.
Mi Padre me ha dado a José como Padre legal, el hombre justo.
¿Qué quiere decir hombre justo? Hombre santo que practica la justicia, hombre humilde, hombre puro.
Pero si los obispos y mis sacerdotes quisieran reflexionar un poco, deberían entender claramente lo que Dios quiere de ellos.

Simplicidad y pureza

No hablo de mi Madre, Reina de todas las virtudes, de mi Madre que única entre todas las mujeres, y bendita entre todas, fue hecha partícipe (en el modo precisado en mensajes anteriores) de mi Sacerdocio. Ella es por tanto modelo de todas las virtudes para obispos y sacerdotes.
¡Como fue mi Madre, así deberían serían ser todos mis obispos y mis sacerdotes!
Bastaría meditar para aprender.
Entre mis Apóstoles hubo uno particularmente predilecto, Juan. Tuvo las confidencias de mi Corazón misericordioso. La humildad, la simplicidad y la pureza de Juan raptaron mi Corazón.
Entre mis apóstoles otro de corazón soberbio y de espíritu impuro, a pesar de mi Misericordia acabó desesperado en el Infierno. No quiso acoger los impulsos de mi amor y de mi misericordia sino que escuchó la voz insidiosa de las más torpes pasiones.
Y luego, ¿quiénes fueron los santos? Fueron mis verdaderos amigos.
Podría continuar citando mis enseñanzas con relación a esto, para traer a tu memoria hechos y ejemplos pero considero esto suficiente.
Te bendigo, hijo mío. Ofréceme tus sufrimientos para unirlos a los míos para que se haga luz en el espíritu de quien vive en las tinieblas.

Mensajes a Mons. Ottavio Michelini