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El nuevo rector del Angelicum: converso de adulto, teólogo combativo y fundador de una exitosa banda

El dominico Thomas Joseph White tiene tras de sí una curiosa y llamativa historia

El nuevo rector del Angelicum: converso de adulto, teólogo combativo y fundador de una exitosa banda

Thomas Joseph White ha sido el elegido para ser rector de la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma, conocida como el Angelicum

Javier Lozano / ReL

16 junio 2021
TAGS:
Música cristiana
Conversión al catolicismo
Sacerdocio católico

El dominico estadounidense Thomas Joseph White ha sido recientemente elegido como nuevo rector del Angelicum, la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, el gran centro de estudios de la Orden Predicadores en Roma. Sin embargo, tras este nombramiento aparentemente sin mayor trascendencia más allá del ámbito docente se esconde un personaje con una historia muy llamativa tras él.

El padre White proviene de las provincias dominicas de EEUU donde afloran las vocaciones religiosas, donde la evangelización y la doctrina son elementos centrales, y cuyo particular estilo quiere llevar a partir de ahora en su etapa romana.

Este dominico no es católico de cuna sino converso en su etapa universitaria. De hecho, su padre es judío y su madre presbiteriana. Pero además, tras su conversión, propiciada en su caso desde el ámbito intelectual, fue uno de los fundadores de los Hillbilly Thomists, un grupo de música bluegrass formado por frailes de su orden y que está dando mucho que hablar tras haber publicado varios discos.

Representa a una zona dominica repleta de vocaciones

Es por tanto no sólo un destacado teólogo, sino además combativo, pues fue uno de los ocho firmantes que desmontó los argumentos del cardenal Kasper sobre la comunión a los divorciados que no viven castamente.

El padre White proviene de una provincia dominica, la de San José en EEUU, repleta de jóvenes vocaciones, a diferencia de lo que ocurre en otras zonas. Tal y como explica al National Catholic Register, el secreto a este despertar vocacional allí se debe a "haber encontrado un equilibrio en los últimos años entre una vida común de oración, el compromiso con la belleza litúrgica, la práctica sacramental fiel, la educación teológica sustancial y el apostolado confiado y extrovertido".

Además, recuerda que muchos de los jóvenes que han ingresado a la Orden de Predicadores en EEUU en últimas décadas provienen provienen de entornos universitarios que han abandonado "para predicar el Evangelio a sus compañeros".

Esto provoca –añade- que “a menudo conocen bien las tendencias culturales que los rodean, pero en lugar de adoptar una postura defensiva, han encontrado formas de comunicar la verdad católica con caridad, celo pastoral y claridad”.

Converso y bautizado en la universidad

En el libro Heart, and Soul: Intellectuals and the Path to Rome, este dominico era uno de los 12 testimonios de conversión que aparecen en él. Y ahí cuenta su viaje hacia la Iglesia Católica ya en la universidad, tal y como recoge Catholic Herald.

“Crecí como hijo único de padre judío y madre presbiteriana. Mis padres eran nominal y moderadamente religiosos. Mi padre podría caracterizarse como un judío un tanto secularizado y mi madre era una presbiteriana no demasiado practicante, por lo que tuve cierta exposición a ambas tradiciones, pero no fui ni bautizado ni recibí el Bar Mitzváhed”, explicaba el ahora fraile dominico.

De este modo, señalaba que “no me consideraba ateo de ninguna manera, pero la existencia de Dios no era una preocupación para mí”. Con apenas 11 años en un viaje familiar a Asia se despertó en él un interés por la diversidad religiosa, pero no por la práctica religiosa.

Una conversión intelectual

Ya en la universidad empezó a tener interés por el misticismo oriental y por ello vio necesario estudiar también el misticismo occidental, por lo que acabó leyendo a Thomas Merton. Y poco después le llegó a sus manos un libro de cartas de Flannery O´Connor, donde encontré “a una intelectual católica”. En sus misivas citaba a algunos teólogos por lo que Thomas decidió acudir a la biblioteca y buscar algunos libros que citaba, como por ejemplo los del teólogo protestante Karl Barth.

Sentado en la biblioteca leyó durante toda la tarde y toda la noche. “Cuando cerré el libro supe que Jesucristo existía. Fue entonces cuando recibí el don de la fe de Dios y comencé a tomar conciencia de la realidad de Cristo. Regresé a mi dormitorio y recé, y al día siguiente fui al capellán de la universidad, que era protestante, y le pedí que me bautizara”, recuerda.

Thomas White se bautizó protestante en la Pascua de su primer año de universidad, pero sólo era el inicio de su camino pues veía que el cristianismo era un mundo muy amplio y con versiones muy diferentes.

Durante un semestre en la universidad empezó a estudiar el cristianismo primitivo y conoció a autores como Ignacio de Antioquia, Ireneo, Agustín, Atanasio o Juan Crisóstomo.

El descubrimiento del catolicismo

“Mientras los leía tuve un instinto creciente de que, fuera lo que fuera lo que estos autores estaban articulando, era algo muy parecido a la ortodoxia oriental o al catolicismo romano, como lo que Newman quiere decir cuando afirma que profundizar en la historia es dejar de ser protestante. Cuando leí a los Padres de la Iglesia quedó claro que tenían una combinación única de profundidad filosófica, profundidad teológica y misticismo espiritual que era hermosa, extraña por antigua, pero también poderosa y convincente”, agrega.

Desde ese instante ya percibió la Iglesia Católica de manera diferente e hizo que –agrega- "las cosas católicas que antes parecían muy extrañas parecieran ahora más atractivas, como por ejemplo los sacramentos, la iconografía, la Virgen María, el papel de los obispos y el papado, y especialmente la Eucaristía”.

Por ello, el futuro dominico comenzó a asistir a iglesias católicas donde se sentaba siempre en el último banco.

Pero todavía quedaba mucho camino y en él se topó con otro libro que le cambiaría la vida: Introducción al cristianismo, de Joseph Ratzinger, que le abrió el camino de Balthasar, Rahner y especialmente San Juan Pablo II. “Al leerlos sentí una profunda continuidad entre los primeros padres y el cristianismo moderno con el que me relacionaba intelectualmente”.

En su último año de universidad comenzó a leer a San John Henry Newman y acudió a un retiro en un monasterio benedictino. Allí encontró numerosas respuestas y personas que tenían las mismas inquietudes que él, a lo que sumó el descubrimiento para él del canto gregoriano y la liturgia solemne.

Fue la primera de bastantes visitas a un monasterio benedictino que sería curiosamente el que le acabaría llevando a una vocación religiosa, pero como dominico.

La música, su gran afición

“Durante mis visitas allí comencé a experimentar la Adoración Eucarística, en la que tuve un sentido abrumador de la presencia de Cristo que nunca antes había tenido, acompañado de una aguda conciencia de mi propia pecaminosidad, pero también un sentido radiante de presencia y bondad de Dios. Eso fue abrumador y poderoso, así que cuando regresé a una de mis visitas al monasterio pedí ingresar en el RICA (iniciación cristiana de adultos) y finalmente fui recibido el día de Pascua de 1993 en el monasterio de Santa María”, concluye.

Ya como dominico, el padre Tomas Joseph White pudo desarrollar otra de sus curiosas aficiones, la música. Y así fue como creó junto a otro dominico, al cual se han unido otros frailes más el grupo Hillbilly Thomists.

Sobre esta banda explica que toca música bluegrass y está “compuesta únicamente por frailes dominicos que tomaron su nombre de un dicho de la autora católica Flannery O'Connor. Se formó inicialmente en 2005 por dos de nosotros, y creció progresivamente a medida que varios jóvenes músicos profesionales ingresaban en la Casa de Estudios Dominicana en Washington DC. Hoy la banda tiene dos álbumes conocidos, incluido uno recientemente lanzado en enero llamado Living for the Other Side que está disponible on line en muchos lugares. También estamos grabando un nuevo álbum para el próximo agosto. Nuestra música no tiene fines litúrgicos. Es para la vida ordinaria. La música Bluegrass tiene una energía única y ayuda a celebrar la vida. Es música alegre para tiempos ordinarios, y los cristianos también la necesitan”.