¿QUÉ ES UN SACERDOTE? Vayamos también por partes: 1) Desde un punto de vista teológico, el sacerdote es el hombre de Dios, ministro de Cristo y dispensador de sus misterios entre los hombres. El hombre …More
¿QUÉ ES UN SACERDOTE? Vayamos también por partes:
1) Desde un punto de vista teológico, el sacerdote es el hombre de Dios, ministro de Cristo y dispensador de sus misterios entre los hombres.
El hombre de Dios. -El hombre que sólo debe vivir en Dios y para Dios, con quien comparte las más sublimes operaciones: engendrar al Hijo sobre el ara del altar, perdonar los pecados y santificar a las almas. Investido de poderes sobrehumanos, tiene por misión continuar y acabar en la tierra la obra inefable iniciada por Jesús en la cruz.
El hombre de los hombres. - El protector nato de los pobres y afligidos, el consejero, abogado, amigo y maestro de todos. Apartado de la familia, sin familia, él ha de armonizar las diferencias entre padres e hijos, entre maridos y esposas, entre hermanos y extraños. Tiene obligación de saberlo todo, de decirlo todo, y su palabra cae siempre sobre las inteligencias y los corazones con la autoridad de una misión divina.
Estos son los sacerdotes, todo sacerdote. No tratamos con ello de justificar vidas individuales ni de negar hechos innegables, por tristes y dolorosos que nos resulten. Puede haber sacerdotes que no encarnen en la realidad de sus conductas la maravillosa grandeza de su carácter. Una de las más graves calamidades con que Dios amenaza a su pueblo prevaricador es no precisamente el hambre, la guerra o la peste, sino enviarle malos pastores, guías pésimos, que les conducirán a su perdición y ruina. Puede haber sacerdotes indignos que arrastren una vida envuelta en el remolino mundano de negocios y placeres; hasta pueden llegar a abandonar los altares y sus vestiduras sagradas y, en un empeño fustrado de borrar su misma fisonomía sacerdotal, derramarse en amores sacrilegos. Pero en nada se opone todo ello - tan sangrante y doloroso para la Iglesia de Dios- a la tesis sentada. Sólo clavando los ojos en Cristo, cuyas prolongaciones visibles son los sacerdotes, lograremos entender y armonizar lo que a primera vista parece incompaginable.
Todo sacerdote posee, como Cristo, una doble realidad: la de sus vidas humanas y la de su carácter y poderes divinos. Realidades no yuxtapuestas o unidas accidentalmente, sino fusionadas e identificadas en unidad perfecta; inseparables, como inseparables son las dos naturalezas en la persona divina de Cristo, Dios verdadero y hombre verdadero.
En virtud del carácter y de la consagración, iodo sacerdote queda, y para siempre, santificado, transformado en otro Cristo, y ello íntimamente, esencialmente. Esto no obstante, sigue siendo humano, lisiado y quebradizo, como los demás hombres. Sus mismas miserias, lejos de escandalizarnos, deben más bien enardecernos y confirmarnos en su excelencia y grandeza, que, a pesar de algunos de ellos, los menos, sigue tan invariable en sus rasgos fundacionales.
2) Desde un punto de vista psicológico, el sacerdote es - y esto hay que repetirlo muy alto, porque son pocos los que quieren entenderlo - un misterio de amor, un hombre enamorado. Quizá ahí, sólo ahí, den con el secreto de sus vidas quienes tan afanosamente se esfuerzan por buscarlo.
Enamorado de Dios. -Del Dios Padre, que tenemos en los cielos. Y del Dios Hijo, que se hizo hombre para endiosar a los hombres. De ese Padre que quiere la salvación de todos sus hijos, que sueña con formar en su casa del cielo una sola familia, un universal rebaño. De ese Cristo que dio su vida para librarnos a todos de la muerte y murió consumido por la sed de este deseo. De ese Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que nos ha amado y nos ama hasta el extremo, hasta la locura, y no tolera la falta de amor.
Y enamorado de los hombres, sus hermanos. - De tantos ignorantes, de tantos ciegos y cojos, de tantos equivocados, sumidos en el embrutecido silencio de las cosas materiales...
Sólo este amor de pasión a Dios - el Dios que un día le susurró al oído con acento de queja: "Ven, sigúeme y ayúdame a implantar en el mundo el remado de mi amor... "-y a los hombres, sus hermanos, olvidados de Dios y de su amor, consiguió el milagro de convertir sus vidas (vidas que sienten tirones de carne, como las de los demás) en futuro sin hogar, sin familia, sin porvenir...
Sólo por este doble amor apasionado que un día les quemó en el pecho y no descansó hasta convertirse en grito de sus gargantas y en entrega de sus vidas, mintió el sacerdote a la posteridad y a la descendencia; y convirtió la suya en juventud sin tardes alegres de paseos, sin domingos de cine ni diálogos secretos de amor; y se arrancó de acariciar cabellos de niños, vida que sintiese el tropel de su sangre moza; y se abrazó con un mañana sin historia, un futuro que pudo ser realidad, y al que renunció gozosamente.
Éste es el secreto de todo sacerdote: sintieron en sus vidas el soplo caliente de Dios; no aguantaron el espectáculo de un Amor, hecho cruz, incomprendido; quisieron clavar en las carnes de sus hermanos el grito de salvación y llevar a sus vidas entretenidas un mensaje alegre de caridad, un anuncio seguro de cielo.
Por esto, sólo por esto, se renunciaron y renunciaron a la vida. ¡No se les debe explicar de otra manera!

EL "CATECISMO R0MANO" DEL CONCILIO DE TRENTO traducción y notas de P. Pedro Martín Hernández. Bblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid 1951.
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