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Argentina: Terrorismo sanitario al servicio del Imperialismo Internacional del Dinero. Para José Arturo Quarracino

Después de un año y medio de pandemia/plandemia, en Argentina empieza a verse claramente -al igual que en el resto del mundo- que en realidad la pretendida cura proporcionada por “vacunas que no inmunizan” ha sido la excusa perfecta permite implementar un sistema de distanciamiento social y de control poblacional, en el contexto de la destrucción de la economía productiva y del fortalecimiento de la especulación financiera, la gran ganadora de esta época y de este proceso. Distanciamiento y control fundamentales para impulsar el Gran Reinicio económico y social planificado por la plutocracia financiera globalista para asegurar para sí el saqueo de los bienes y riquezas que pertenecen a los pueblos del mundo.

En un artículo anterior, datado en agosto del año pasado, dimos a conocer que las grandes empresas y laboratorios farmacéuticos -AstraZeneca, Moderna, Pfizer- que se presentaron inicialmente como los “salvadores de la humanidad” frente a la pandemia del coronavirus, mediante la fabricación de “vacunas” que no inmunizan, en realidad eran todos ellos propiedad de los famosos fondos de inversión angloamericanos o son controlados por éstos últimos -BlackRock, Vanguard Group, Capital Research and Management, Wellington Management, Norges Bank Investment Management, Fidelity Management and Research, etc.

Es decir, aunque parecían ser tres empresas diferentes compitiendo para ver quién llegaba primero con la “vacuna” salvadora, en realidad se trataba de un único grupo de dueños: el minúsculo, pero ultra poderoso, grupo de financistas internacionales especulativos y depredadores.

El mismo esquema de dominio está presente en las compañías farmacéuticas que aparecieron posteriormente en el mercado, tanto Johnson and Johnson (estadounidense, con la vacuna Janssen -Vanguard Group, BlackRock, State Street Corporation, Wellington Management Group, et alii) como en CanSino Biologics Inc. (empresa china fabricante de vacunas -Capital Research and Management, Vanguard Group, BlackRock Fund Advisors, Bank of America Corp, Norges Bank Investment Management, et alii)[1].

Y como ya el tema de las compras se había vuelto inmanejable para las autoridades sanitarias argentinas, porque los contratos al principio pactados no fueron cumplidos por los proveedores, se agregó al circuito argentino la empresa Sinopharm Group Co., la cual si bien es presentada oficialmente como “empresa china” tiene como accionistas principales a Fidelity Management and Research, Vanguard Group, Lazard Asset Management, Norges Bank Investment Management, BlackRock Fund Advisores, etc.[2].

Inicialmente, el “gobierno” argentino simuló que las marchas y contramarchas respecto a la compra de las “vacunas” salvadoras tenían que ver con cuestiones geopolíticas, ya que en un primer momento decidió comprar las primeras partidas de los sueros a Rusia y a China[3], como si se tratara de privilegiar empresas no estadounidenses, en realidad toda esa simulación fue un simulacro o una puesta en escena, porque en definitiva los dueños de las empresas proveedoras eran los mismos.

Actualmente, al día de hoy, 16 de octubre, la información oficial respecto a las “vacunas” en Argentina es que han ingresado al país 81.639985 “vacunas”, de las cuales se han aplicado 55.788.355 (31.186.200 personas con una dosis y 24.602.155 personas con dos dosis). A pesar de esas cifras, y que todavía quedan por aplicar más de 25 millones de dosis, las autoridades siguen comprando sin ninguna planificación y acumulando stock, vaya a saber para qué. Como si en realidad lo más importante fuera la compra, que beneficia pura y exclusivamente a los fondos de inversión internacionales, los verdaderos dueños del negocio vacunal.

A esto se agrega que hace pocas semanas, el 1 de octubre, Argentina se endeudó con el Banco Mundial en 500 millones de dólares, para comprar 40 millones de dosis a las empresas Moderna y Pfizer: más deuda externa estatal para favorecer el negocio de dos multinacionales estadounidenses privadas[4]. Como si el país no tuviera recursos para pagar esa compra sin endeudamiento externo. Con el agravante que esa deuda contraída es para invertirla en un procedimiento sanitario que no engendra dólares que permitieran ir cubriendo ese préstamo.

En este caso, el “progresista” gobierno argentino pone el Estado y su garantía de pago al servicio del poder financiero internacional privado.

Con el agravante que toda esta operatoria es para inyectar a adolescentes y niños con dispositivos génicos experimentales que todavía no han sido aprobados en ningún país del mundo, justamente porque son terapias experimentales. Y en el caso de las vacunas de Sinopharm, para ser aplicadas con el mentiroso argumento que su “uso está autorizado para menores de edad”, cuando en ningún país del mundo ni en la Organización Mundial de la Salud se la ha autorizado para su aplicación en la mencionada franja etaria infantil.

Evidentemente, tanto el actual gobierno argentino -que se define como popular, nacional y progresista- como el “opositor” gobierno de la Ciudad de Buenos Aires prefieren privilegiar los negocios de la plutocracia financiera globalista poniendo en riesgo la salud de la población argentina, sometida como rata de laboratorio a la experimentación de “vacunas” fabricadas en pocos meses y no aprobadas en ningún país del mundo, solamente “autorizadas para uso de emergencia”.

En Argentina, “poderoso caballero es Don Dinero”, para el conjunto de las fuerzas políticas que acompañan y apoyan esta locura experimental y este despilfarro de compras y endeudamiento financiero impagable para el país.

José Arturo Quarracino
17 de octubre de 2021