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Dónde están los anticonciliares

Dónde están los anticonciliares

Jorge, el 17.06.22 a las 9:57 AM

Ese por lo visto es el problema. Lo que pasa en esta Iglesia nuestra es que parece ser que algunos sectores siguen sin admitir el concilio Vaticano II. Eso ha afirmado hace unos días el papa Francisco: “El problema es precisamente éste: que en algunos contextos el Concilio aún no ha sido aceptado“.

Es verdad, aunque me temo que se están disparando los tiros conscientemente en la dirección equivocada.

Estoy explicando liturgia on line cada jueves a las 20:30 h.
a través de mi cuenta personal de Facebook. Los videos ahí quedan en la web de san José de la Sierra. He querido ser honrado y hacerlo directamente con los documentos de la Iglesia. Comenzamos por leer y explicar despacito “Sacrosanctum comcilium", seguimos por la “Instrucción general del misal romano” y ahora estamos con “Redemptionis sacramentum".

Mis oyentes y escuchantes se hacen cruces, porque leyendo los documentos enteros, en vez de apelar al espíritu del concilio, se han dado cuenta de que lo conciliar no es lo que nos han vendido, sino todo lo contrario.

Ayer por ejemplo estuvimos estudiando los números 80 a 107 de Redemptionis sacramentum dedicados a la sagrada comunión. Pues leímos cosas como estas:

- quien sea consciente de estar en pecado grave no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental,

- los ministros católicos administran lícitamente los sacramentos, sólo a los fieles católicos, los cuales, igualmente, los reciben lícitamente sólo de ministros católicos.

- los fieles comulgan de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia de Obispos

Explicas esto y la gente pregunta. Por ejemplo, que cómo es posible que en Alemania se de la comunión a protestantes.

O te dicen que si el concilio en Sacrosantum concilium afirma que nadie puede cambiar cosa alguna en la liturgia, cómo es posible encontrarte lo que uno se encuentra.

Lo que dice mi gente, los que me escuchan y leen, es que lo más anticonciliar es celebrar como te da la gana, predicar lo que te parezca. Porque han aprendido que plenamente conciliar es rezar en latín, usar los ornamentos prescritos, vivir la liturgia respetando las normas de la Iglesia y predicar y escribir bajo la vigilancia del magisterio.

Claro que hay gente que no admite el concilio Vaticano II. Hay que buscarlos entre los creadores de liturgia alternativa, los que bendicen públicamente parejas gay que mantienen relaciones físicas, los abolicionistas del sexto mandamiento, los justificadores del aborto, los que imparten absoluciones colectivas o directamente niegan la necesidad del sacramento de la reconciliación, los que exigen el sacerdocio de la mujer o colocan signos políticos en sus templos parroquiales.

Pero, claro, estos son los tocados por el espíritu del concilio.

Y me van a permitir la última, porque el papa ha retirado a los obispos la autoridad final sobre la aprobación de nuevas asociaciones públicas de fieles. Y el concilio, en Lumen gentium 27 afirma: «los Obispos rigen, como vicarios y legados de Cristo, las Iglesias particulares que les han sido encomendadas» y «a ellos se les confía plenamente el oficio pastoral, o sea el cuidado habitual y cotidiano de sus ovejas, y no deben considerarse como vicarios de los Romanos Pontífices, ya que ejercen potestad propia y son, en verdad, los jefes de los pueblos que gobiernan». A mí me parece, a mí, muy poco conciliar y nada sinodal la prohibición del santo padre.

Bastante se lleva manipulando el concilio Vaticano II. Solo me faltaba que obedecer los decretos conciliares e instrucciones posteriores me convierta en anticonciliar y tapón para el desarrollo de la Iglesia, mientras que pasártelos por el arco de tus caprichos te haga sinodal, aperturista, defensor de los pobres y profeta de hoy.

Es lo que se pretende. Pero no cuela. Y ya está bien.

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