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Era ateo, se burlaba de la fe; su novia dijo «nada de sexo hasta el matrimonio»... y eso le cautivó

Alejandro Vélez quiso explorar la experiencia cristiana, incluyendo misa y confesión

Era ateo, se burlaba de la fe; su novia dijo «nada de sexo hasta el matrimonio»... y eso le cautivó

Alejandro Vélez cuenta cómo conoció a Johana y le cautivó su alegría y firmeza

ail

ReL

28 enero 2022
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Visión cristiana del sexo
De ateo a cristiano

Alejandro Vélez, colombiano, ingeniero en Administración de la Universidad Nacional de Bogotá, ha contado en un vídeo su historia de conversión, que se produjo a través del ejemplo firme y alegre de su novia, que se negaba a tener relaciones antes del matrimonio, del poder de la confesión y de la formación razonada y acompañada en un grupo de fe de Civitas Orationis.

"Yo era ateo, totalmente alejado de Dios. Me burlaba y atacaba todo lo relacionado con la Iglesia y con Dios", explica Alejandro,

Su familia era católica y de niño le llevaban a misa. Hizo la Primera Comunión y la Confirmación. Pero muy pronto empezó a tener relaciones sexuales con una chica y eso empezó a alejarle de Dios.

En su caso, explica, "el ateísmo no fue una moda sino un estado en el que fui cayendo por etapas". Sus padres no sabían casi de doctrina: le transmitieron valores, pero no le explicaron con argumentos los mandamientos. Lecturas, amigos, profesores contrarios a la fe, le empujaron contra la fe en la adolescencia. El miedo a las burlas de otros acabó de hundir sus últimas ideas católicas.

Profesores anticristianos en la Universidad

En la Universidad Nacional de Bogotá, se dejó arrastrar por los comentarios de profesores. "Ellos no perdían oportunidad para meter su comentario socialista, comunista, de izquierdas; y sobre todo anti-cristiano, anti-católico, anti-iglesia. Me enredaron totalmente. Me dejé llevar por eso", recuerda.

"Yo me burlaba de la Iglesia. Decía que la Iglesia es un negocio. Hacía chistes pesados, feos, hasta morbosos sobre la Iglesia, los sacerdotes, sobre Dios y la Virgen", detalla.

Y "ya de adulto universitario, era pura soberbia: gano mi dinero, soy ingeniero, tengo novias, no necesito a nadie". "Cuando uno está tan lleno de uno mismo, Dios no cabe", señala.

Alejandro Vélez insiste en cómo las relaciones fuera del matrimonio son una fuente de ceguera, que "borran la fe, cortan la comunicación con Dios". Pero, por el contrario, un testimonio de castidad puede llevar a abrir la mente y el alma.

"Noté en esa chica algo distinto"

"Yo estaba muy cegado por esa falta de pureza. En 2010 yo venía de un noviazgo mundano de seis años y medio, que terminó muy mal. Entonces conocí a Johana, la que hoy es muy esposa. Éramos compañeros de trabajo, y noté en ella algo distinto: tenía mucha alegría, era juiciosa, buena trabajadora, no se metía en chismorreos ni corrillos, era muy buena gente. Me llamó la atención".

Ana participaba en los grupos católicos de formación Civitas Orationis.

"Ella no me invitó a ir, yo me autoinvité. 'Quiero ir a esos grupos que vas', dije, y ella quedó muy sorprendida", recuerda Alejandro.

La primera sesión a la que acudió se habló de la virtud de la sabiduría. No entendió casi nada, pero la gente allí era agradable y acogedora. Decidió volver. A la siguiente sesión, le asombró que todos recordaban su nombre.

"Yo ya había probado de todo, estaba decepcionado de muchas cosas, y me dije que no pasaba nada por ir a eso", recuerda.

Fue a una misa... y Dios empezó a actuar

Tras una tercera sesión, se despertó en él el deseo de ir a una misa. En esa misa, empezó a despertar su conciencia adormecida.

Recordó a un amigo que se había suicidado un año antes. "No me sorprendió su suicidio, yo sabía que él no estaba bien. Y en misa pensé: 'pude haber hecho algo por él'. Creo que fue la primera vez que oí la voz de Dios animándome a actuar bien: 'puedes rezar por él', 'no dejes pasar las cosas', 'no aplaces nada'..."

La firmeza y la valentía atraen

Alejandro y Ana empezaron a salir. En cierto momento, paseando en un centro comercial, Ana le dijo:

- Si quieres que seamos novios, que sepas ya que yo espero hasta el matrimonio. Cero relaciones hasta el matrimonio.

- Ah, ¿sí? Vaya, jaja... ¿como si tuvieras un cinturón de castidad?

- Pues si lo quieres ver así, sí. ¡Cinturón de castidad!

Él se había reído y burlado. Pero al seguir paseando, pensándolo y comentándolo, él admitió:

- Pues, la verdad... admiro tu convicción...

"Es que me cautivó ella, que se hacía respetar. Pero también me cautivó esa fuente de firmeza y convicción, que no era ella sola, que era Dios. Esto es importante en nuestra historia", señala hoy.

Acompañamiento y confesión

Alejandro seguía explorando la fe en Civitas. Allí contaba con el apoyo continuado de un acompañante, con el que podía hablar sobre su vida, sobre oración, compartir libros y conversaciones.

Un día repasó una lista de preguntas de un examen de conciencia. "Uau, qué cantidad de cosas que ofenden a Dios... y que yo no sabía. Cosas tan comunes como la altanería, la grosería con los mayores, la impuntualidad, confundir sexo con amor, la piratería, evadir impuestos..."

Aún no estaba totalmente convencido de que Dios existiera, pero como parte de su proceso de investigar y probar cosas nuevas, después de dos meses en Civitas, decidió confesarse.

"Y ahí sí se me abrieron las entendederas. Era una nueva fuerza, una oportunidad... yo sentía que Dios me perdonaba. Salí flotando de ese confesionario". Ese fue el gran momento de cambio.

Civitas Orationis, con su sistema de clases y formación intelectual, encajó muy bien con él, que se hacía muchas preguntas y quería un enfoque sistemático. Así, lo espiritual, lo intelectual y lo afectivo se sumaron en su camino hacia la fe.

Desde ese momento han pasado 11 años. Alejandro y Johana se casaron, formaron una familia, van juntos a misa y los sacramentos, rezan y juntos se forman en la enseñanza católica.


Y en este otro vídeo, de 2021, Alejandro y Johana hablan del amor y la educación en la vida familiar