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43 años de Sacerdote

43 años de Sacerdote.

José Luis Aberasturi, el 12.08.22 a las 10:09 AM

El próximo lunes, 15 de agosto, Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora, cumpliré 43 años de Sacerdote. Que se dice pronto. Y el motivo de este post es decíroslo; para pediros, como un pobre mendigo, necesitado, la limosna de vuestra oración. Siempre será mas valiosa que la mía propia: seguro.

Fuimos una Promoción numerosa, como mínimo: nos ordenamos 51, de una sola tacada. Todos numerarios del Opus Dei. De muy distintos países, profesiones y demás circunstancias personales. En el Santuario de Torreciudad, al que, desde entonces, me he sentido más unido de lo que ya lo estaba.

Al recibir el Orden Sagrado, fuimos Configurados con Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Además de Único: Él sí es Sacerdote en/con la plenitud del Sacerdocio: todos los demás, los que hemos venido después, PARTICIPAMOS de su misma Vocación y Misión, porque no existe otra.

Y el que la pretenda, se está engañando, o se está dejando engañar: él sabrá. Y, desde ahí, no hará más que el mal. Porque un “sacerdote", que se busca a sí mismo, solo conseguirá echarse a perder, a la vez que perderá a las almas de su entorno; porque, como enseña la sabiduría de la Iglesia, que viene de Dios mismo, “ningún Sacerdote se salva solo, ni ninguno se condena solo”.

El Sacerdote, cada uno de los que participamos del mismo Sacerdocio de Cristo -lo pongo a propósito con mayúscula-, hemos de buscar la mayor Intimidad con el Señor de que seamos capaces. Porque nos Ordenamos -somos Ordenados en la Iglesia- para la Santa Misa. O sea, para Jesucristo, Sacrificio y Sacramento.

Nos Ordenamos, por tanto, PARA la MISA: para Cristo-Eucaristía. La Santa Misa justifica, con creces y sobreabundantemente, “el por qué y el para qué” de la vida del Sacerdote. Ahí tiene su IDENTIDAD. Ahí está la FINALIDAD de toda su vida: primero, sacerdotal, y personal después.

Es una tragedia ver las iglesias cerradas; y, si abiertas, vacías. ¿A qué nos dedicamos, hermanos míos Sacerdotes? ¿En qué invertimos nuestro tiempo y nuestros mejores esfuerzos, mientras vemos la soledad en la que está -y tenemos- al Señor Eucarístico?

Por tanto, solo de esta manera, solo desde una gran Vida de Piedad, fundamento de la Vida Interior; solo desde la personal Imitación y Seguimiento de Jesús, “pisando donde Cristo ha pisado”, como nos enseñó san Josemaría y todos los Sacerdotes Santos, seremos verdaderamente Sacerdotes -“Sacerdotes cien por cien”-, para la Iglesia y para las almas todas. Y solo desde ahí. Y solo con Él.

Si tuviera que resumir lo que el Fundador del Opus Dei nos enseñó, de vida y de palabra, respecto a lo que debe intentar ser, por su parte, el Sacerdote, lo resumiría en estas dos anécdotas, que, a mi entender, son de lo mejor de lo mucho que, al respecto, podríamos acudir. A mi me gustan sobremanera estas, a las que hago referencia.

La primera. Contestando a una pregunta en una tertulia de varios cientos de personas, con gente muy variada, dijo: “¿A ti han llamado loco alguna vez? ¿No? A mí sí. Y tenían razón, porque lo estoy: loco de amor a Dios”.

La conclusión es obvia: los Sacerdotes hemos de estar ENAMORADOS de Cristo, con todas las veras de nuestra alma. Como primera provisión: mucho antes que intentar dirigirnos a las gentes, hemos de dirigirnos al Señor.

La segunda. Escribía a su Director Espiritual -en los años anteriores a la Guerra Civil-, estimulándole a que le aprobase un plan muy exigente de oración y de mortificación personales: “No dude en aprobar, pues he de ser santo, y padre y maestro de santos”.

La conclusión también cae por su propio peso: el camino del Sacerdote, precisamente para ser Sacerdote con la plenitud del Sacerdocio de Jesucristo, es camino de Oración y de Mortificación, con las que hemos de avalorar toda nuestra Acción sacerdotal.

Sin esa oración y esa mortificación, nuestra tarea pastoral quedará en nada. Como se está viendo en tantos y tantos sitios. Ya nos lo advertía san Pablo: Bene curris, sed extra viam! Iremos, alocados y sin llegar, para no recoger nada, pues nada habremos podido sembrar.

No tengo inconveniente en deciros que, con grandísimo agradecimiento, si cien vidas tuviera, cien veces sería Sacerdote si cien veces así me lo pidiera Jesús…, a través de la Intercesión de su Santa Madre.

Este lunes pasado, comiendo en casa de unos amigos, me preguntaron en la sobremesa cuál había sido “lo más” en mi vida. Y sin duda alguna les contesté: “ser Sacerdote. Y las expliqué: entre antes de serlo y después de serlo hay una diferencia que no es posible definir muy bien: simplemente es que uno es “otra cosa", sí o sí. Sin posible comparación” (8-VIII-2022).

Si tuviera que añadir algo más, añadiría simplemente que “esto", solo podemos conseguirlo si lo buscamos de la mano de su Madre, Santa María, Madre muy Especial de todos sus hijos Sacerdotes.

Ella “educó” a su Hijo para ser Sacerdote: es decir, para ser Oblación de Sí mismo en la Cruz. Y para que no se le “olvidase” lo que le había enseñado, allí estuvo Ella al pie de la Cruz, sin dejarLe solo, Corredimiendo con su Hijo, siendo Ella misma Oblación por todos nosotros, los hijos de Dios en su Iglesia, en medio del mundo. Muy en especial de sus hijos Sacerdotes: no me importa repetirlo.

La Santísima Virgen, que es quien nos presenta ante Jesús para que seamos sus Sacerdotes, siempre estará junto a nosotros, de continuo: exactamente para “educarnos” y para que “no se nos olvide” lo que, por Gracia Especialísima del Señor, somos. Y para ayudarnos a cumplirlo. Lo mismo que hizo con Cristo. Y por las mismas razones.

Rezad por mí el próximo día 15 de agosto, Solemnidad de la Asunción de Santa María a los Cielos. Lo necesito muy de veras.

Y os lo agradeceré a través de las Misas de estos días: es lo que tengo de valor, porque no es mío: es de Cristo.

Y que Dios y la Santísima Virgen os lo paguen.

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