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María como buena madre no quiso abandonar a los suyos

Hagamos conocer y amar a María

No debe existir situación más dura para una madre que asistir a la muerte de su hijo. Son momentos desgarradores. Ahí vemos a María, al pie de la cruz, como toda madre, firme, fiel hasta el último momento, acompañando a su Hijo hasta el extremo de la muerte y muerte de cruz. Y allí también podía haberse preguntado, ¿dónde está lo que me dijo el Ángel? Y luego la vemos conteniendo y sosteniendo a los discípulos.

Contemplamos su vida y nos sentimos comprendidos, acogidos.

Podemos sentarnos a rezar y usar un lenguaje común frente a un sinfín de situaciones que vivimos a diario. Nos podemos identificar con muchas situaciones de su vida, contarle nuestra situación porque Ella la comprende.

Ella es mujer de fe, es la Madre de la Iglesia, Ella creyó. Su vida es testimonio de que Dios no defrauda, de que Dios no abandona a su Pueblo, aunque existan momentos o situaciones en los que parezca que Él no está. Ella fue la primera discípula que acompañó a su Hijo y sostuvo la esperanza de los apóstoles en los momentos difíciles. (…) Ella fue la mujer que supo ir y estar con su prima “unos tres meses” (Lc 1,56) para que no estuviera sola en el parto.

Todo esto lo sabemos por el Evangelio, pero también sabemos que, en esta tierra, es la Madre que ha estado a nuestro lado en tantas situaciones difíciles. Ha estado y está en nuestros hospitales, en nuestras escuelas, en nuestras casas. Ha estado y está en nuestros trabajos y en nuestros caminos. Ha estado y está en las mesas de cada hogar. Ha estado y está en la formación de la Patria, haciéndonos Nación. Siempre con una presencia discreta y silenciosa, en la mirada de una imagen, estampita o medalla.

Bajo el signo de un rosario, sabemos que no vamos solos, que ella nos acompaña. ¿Por qué? Porque María quiso estar en medio de su Pueblo, con sus hijos, con su familia. Ella no quiso, como buena madre, abandonar a los suyos, sino por el contrario siempre está donde un hijo pueda necesitarla. Tan solo porque es Madre.

Papa Francisco, homilía dada en Paraguay el 11 de julio de 2015 (ZENIT.org)